La estancia mallorquina de la Familia Real llega a su fin, y qué mejor manera de cerrar esta etapa que compartiendo una velada gastronómica en uno de los restaurantes más queridos del clan. ‘Mía’ fue el escenario elegido por los Reyes para reunirse en torno a la mesa con sus hijas, la reina Sofía y Jean Henri Fruchaud, viudo de Tatiana Radziwill, íntima amiga de doña Sofía que falleció el pasado diciembre.
La primera en hacer acto de presencia fue la reina Letizia, acompañada de la Princesa de Asturias, la infanta Sofía, su suegra y Fruchaud. Una vez más, las nietas mostraron su cercanía con la emérita, caminando del brazo de ella mientras mantenían una conversación amena. Doña Letizia se unió al grupo unos pasos detrás, junto a Fruchaud.
Este verano ha sido particularmente emotivo, ya que es el primero sin Tatiana Radziwill y sin la princesa Irene de Grecia, dos figuras esenciales en la vida de la reina Sofía. La ausencia se notó en el ambiente, aunque la velada transcurrió con normalidad.
La cita tuvo un matiz especial: el rey Felipe llegó al restaurante en solitario, varios minutos después que el resto, debido a sus compromisos oficiales. Don Felipe se incorporó tras la entrega de trofeos de la Copa del Rey Mapfre de Vela, celebrada en el Palacio de la Almudaina. Su entrada no pasó desapercibida, y rápidamente ocupó su lugar junto a su familia para disfrutar de la cena.
La elección de ‘Mía’ no es casual; es un sitio habitual en la agenda veraniega de los monarcas, conocido por su trato cercano y su cocina de mercado. La velada se extendió durante horas, con risas y conversaciones que reflejaron la unión familiar, a pesar de los contratiempos de la agenda real.
Los comensales abandonaron el local pasada la medianoche, con gestos de complicidad y satisfacción. La reina Sofía se despidió cariñosamente de Fruchaud, quien ha encontrado en ella un apoyo incondicional tras la pérdida de su esposa. Sin duda, una noche para recordar en el último capítulo de las vacaciones reales en la isla.
Fuente: Infobae