La vida de Alexia de Grecia cambió de rumbo cuando, después de su paso por Londres, decidió establecerse en Canarias. Allí halló serenidad, anonimato y también el amor: el arquitecto lanzaroteño Carlos Morales, con quien construyó una familia numerosa y una existencia lejos de los reflectores. Desde entonces, su hogar en Lanzarote se ha convertido en uno de los espacios más reservados y resguardados de la realeza europea, un sitio donde la infanta Cristina de Borbón ha encontrado alivio en algunos de los instantes más complicados de su vida.
El vínculo entre ambas primas nació hace más de tres décadas, cuando Alexia viajó a Barcelona durante los Juegos Olímpicos de 1992. Aquella temporada transformó su trayectoria: se enamoró de la ciudad, cursó un máster en intervención temprana y trabajó junto a niños con síndrome de Down. Fue entonces cuando su relación con la infanta Cristina se afianzó hasta volverse una amistad sólida. Alexia la acompañó durante el proceso del caso Nóos, y Cristina ha respondido con visitas frecuentes a Lanzarote, donde disfruta de la tranquilidad y el afecto de la familia griega.
La infanta es madrina de Arrietta, la primera hija del matrimonio, y Alexia lo es de Pablo Nicolás Urdangarin, una muestra más de la unión entre ambas familias. Es habitual verlas juntas en la isla, ya sea en reuniones familiares o en instantes de esparcimiento, como en los carnavales de Las Palmas o durante visitas a restaurantes locales, donde en ocasiones han sido retratadas juntas.

Un espacio diseñado para la intimidad total
La residencia de Alexia y Carlos, ubicada en la exclusiva zona de Puerto Calero, es una de las propiedades más reservadas y seguras de Lanzarote. Morales, arquitecto de profesión, concibió la vivienda pensando en el sosiego de su familia y en la necesidad de protegerse de la presión mediática que padecieron durante su estancia en Barcelona. Elevados muros, jardines tupidos y un sistema de seguridad sofisticado transforman la finca en un verdadero oasis privado.

El terreno abarca más de 5.000 metros cuadrados y contiene un imponente chalé de dos plantas y sótano, con vista al mar y espacios diseñados para el confort: piscina al aire libre y techada, sauna, gimnasio, sala de masajes y una extensa área recreativa con mesas de billar. La propiedad fue adquirida en 2005 y desde entonces ha sido el escenario de una existencia familiar apacible, apartada de los flashes y enfocada en la crianza de sus cuatro hijos.

Con el paso de los años, la finca se vio involucrada en una investigación urbanística que finalmente fue archivada, confirmando que no existía ninguna irregularidad en el terreno. Desde ese momento, la pareja ha continuado su vida discreta, asistiendo solo a contadas apariciones públicas y manteniendo siempre un perfil bajo.
Sus hijos, ya casi todos adultos, viven de forma independiente y sostienen una excelente relación con la familia. Arrietta, la mayor, fue una de las damas de honor en la boda de Teodora de Grecia, demostrando que, a pesar de la distancia, los lazos con la realeza helena permanecen fuertes.

La decisión de instalarse en Lanzarote fue, para Alexia y Carlos, una forma de resguardar su intimidad después de años complicados en Barcelona.
“El acoso fue abrumador”,
confesaron en su momento, recordando cómo algunos periodistas llegaron a rebuscar en los cubos de basura de su casa. Su hogar en la isla es sinónimo de paz, familia y reserva: el refugio ideal para una vida lejos del ruido mediático.
Fuente: Infobae