Al ritmo actual y con las políticas implementadas, Argentina está lejos de alcanzar en tres décadas —el plazo que Javier Milei fijó para convertir el país en una Suiza sudamericana— la infraestructura básica necesaria para un desarrollo real. Cada medida adoptada parece alejar el sueño del progreso y acercar la cruda realidad del subdesarrollo.
Tan evidente es la situación que incluso un simpatizante del gobierno, Alejandro Benítez, conductor del canal de streaming Carajo, propuso construir un muro alrededor del conurbano bonaerense, esterilizar a sus habitantes y lanzar Napalm, argumentando que quienes viven allí “no tienen salvación”.
Pobreza y destrucción del tejido productivo
El agravamiento de la pobreza golpea con fuerza, especialmente a las clases media-media y media-baja. Según Daniel Rosato, titular de IPA, han cerrado 29 mil empresas pymes industriales. Los despidos se multiplican y los conurbanos se engrosan sin cesar.
Es indiscutible que la situación ya era crítica antes de Milei, pero también es cierto que su gestión la ha profundizado. Los sectores más vulnerables lograron, a través de los planes sociales, mitigar el hambre, aunque no mejorar su calidad alimentaria.
El Guernica social de la Argentina actual no es culpa de quien lo denuncia, sino de quienes lo generan. El endeudamiento de los argentinos, según el BCRA, alcanza a casi 21 millones de personas. De ellas, casi 6 millones tienen un atraso en sus pagos superior a 90 días, según datos de mayo.
Esta cifra coincide en proporción con la situación de las PyMEs metalúrgicas. El presidente, sin embargo, les respondió: “nadie les ha puesto un revólver para que se endeuden”. Este abandono alimenta la desconfianza en el gobierno, que el último Índice Di Tella sitúa en 6,5%. Además, un sondeo de julio revela que el 65% de los encuestados prefiere un cambio de modelo económico. La gente no atribuye su ahogo al pasado, sino al presente. Un dato elocuente: el peso de los servicios hoy equivale al 15% del salario, cuando antes representaba el 6%.
El drama cotidiano de los argentinos
Frases como “no llego al día 15/20” se repiten en los hogares, junto a “estoy endeudado”, “no puedo pagar el colegio de mi hijo” o “la cuota que tenía ya no la pago”. La capacidad de ahorro y consumo de un amplio sector medio ha desaparecido. En algún momento, las expectativas de mejora incentivaron el endeudamiento, pero al no cumplirse, la angustia se instaló: “no puedo dormir”.
La desesperación lleva a muchos trabajadores formales a buscar retiros voluntarios o acordar despidos para saldar deudas y luego ver qué empleo consiguen. Quienes no están registrados en el BCRA caen en manos de usureros. Un problema mayúsculo.
En Rosario, según el periodista Claudio Berón, especialista en temas policiales y judiciales, se han registrado secuestros y balaceras para intimidar a deudores y sus familias. En ocasiones, el desenlace es fatal.
Traspiés del gobierno y movilización social
Mientras todo esto ocurre, el gobierno acumula errores. Federico Sturzenegger debió dar marcha atrás a la eliminación de los prácticos argentinos en ríos y mares, tras el rechazo de estos trabajadores que paralizó el comercio exterior y generó pérdidas millonarias.
El capítulo 3 de la Ley de Inviolabilidad de las Tierras, que permitía la venta sin límites a extranjeros —aunque luego se intentó reducirlo al 25%—, también naufragó ante el grito de “La tierra no se vende” y “Argentina no se vende”.
Emergió así un movimiento cultural que comenzó con el partido Argentina-Inglaterra, cuando tras el triunfo de la Selección se desplegó una bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”. Luego se sumaron actores, cantantes nacionales e internacionales, futbolistas, todos abrazando la defensa de la soberanía argentina. Los gobernadores y senadores escucharon a los jóvenes que convocaban a marchar en rechazo de la ley.
Con casi tres años de gobierno anticasta —que ya no es tal—, el oficialismo sigue “equivocándose” con proyectos que priorizan los negocios sobre las mayorías. La impunidad —más allá de los casos Libra, Spagnuolo, Espert, Adorni— se exhibe sin pudor. El último ejemplo: el senador Benegas Lynch, quien ofreció desde su inmobiliaria facilitar a extranjeros la compra de tierras argentinas, algo que como senador podría lograr si se aprueba la ley. Vergonzoso.
Este movimiento, coreado por miles de jóvenes en recitales y canchas, parece ocupar el lugar que debería ser de la oposición. ¿Estamos ante un nuevo modelo de organización social con correlato político? Quizás figuras como Natalia de la Sota en Córdoba o Juan Monteverde en Rosario lo intenten. Creen en una nueva política que surge de escuchar a la gente. El desafío es alentador, aunque incierto en tiempos de influencers y redes sociales.
Argentina necesita construir una base opositora amplia que piense en el país entero, que ofrezca futuro a quienes se sienten excluidos, en especial al 50% de los jóvenes menores de 24 años.
Hoy, la ventaja electoral de Milei reside en la falta de una oposición sólida. Paradójicamente, el mayor activo de esa oposición sería el propio Milei, con sus políticas y sus fallas.
La próxima visita del papa León XIV ocurre en un momento en que quizás “las aguas del Mar Rojo” se abran para tender un puente entre quienes creen en la justicia social y los que defienden el individualismo más radical.
Fuente: Infobae