Costarricense de 119 años desafía la lógica con un desayuno tradicional

A sus 119 años, José Flores Flores mantiene una rutina alimenticia que ha llamado la atención de expertos en longevidad. Su desayuno, compuesto por arroz, queso fresco y plátano frito, contrasta con las dietas modernas y se repite como parte de una costumbre establecida. Esta combinación, típica de la cocina centroamericana, vuelve a poner el foco sobre el vínculo entre alimentación tradicional, trabajo físico y una vida prolongada.

Según el Gerontology Research Group, el hombre vivo más longevo reconocido oficialmente es João Marinho Neto, con 113 años. Flores busca ocupar ese lugar en el podio, y sus vecinos ya han iniciado gestiones para notificarlo. La persona viva más longeva es la inglesa Ethel Caterham, quien cumplirá 117 años el próximo 21 de agosto, de acuerdo con datos de la misma organización.

José Flores Flores nació el 11 de julio de 1907 y reside en Obandito de Sardinal, en la provincia de Guanacaste, cerca de la Península de Nicoya, una región conocida por la alta concentración de personas centenarias. Su caso atrajo atención por la búsqueda de validación internacional de su edad, aunque para muchos especialistas el interés también radica en otra pregunta: qué lugar ocupan la comida cotidiana y los hábitos de toda una vida en una longevidad de este tipo.

La alimentación de José Flores se basa en arroz, frijoles, lácteos frescos y plátano, un patrón habitual de la cocina popular centroamericana.

José tiene dificultades para oír y sufre desgaste en una rodilla. Afirma sentirse “amolado y sin filo”, comparándose con un machete desgastado. Sale a caminar con una andadera para oír a los pericos en los árboles o saludar a los vecinos. Lo acompaña su nieta Hellen Flores, quien divide su tiempo entre el cuidado de su abuelo y la asistencia a cursos para apoyar a personas mayores.

José señala que la clave está en “trabajar mucho, encomendarse a Dios y comer sano”. Su esposa, Ofelia, falleció a los 71 años. Jorge Vindas, fundador de la Asociación Península de Nicoya Zona Azul, afirmó que José representa el estilo de vida funcional de la región: redes familiares y comunitarias, alimentación orgánica, actividad física constante y la calma de una vida sencilla, con rutinas determinadas por la luz solar y una espiritualidad ligada a la religión. Añade que se trata de una combinación de diversos factores.

Qué desayuna José Flores a los 119 años

La alimentación atribuida a José Flores se apoya en ingredientes reconocibles dentro de la cocina popular centroamericana. El gallo pinto, preparado con arroz y frijoles, suma una base energética habitual en muchas mesas de la región. A eso se agregan queso fresco y plátano frito, dos alimentos que completan un desayuno de perfil tradicional.

Dan Buettner con una centenaria en su documental de Netflix 'Vivir 100 años: Los secretos de las zonas azules'

La relevancia de ese menú no está en una rareza, sino en lo contrario. La dieta de José Flores aparece ligada a comidas simples, productos poco procesados y preparaciones caseras. Esa idea resulta central para entender por qué su historia despertó interés más allá del dato de su edad.

En lugar de suplementos, planes estrictos o recetas de laboratorio, lo que surge es una alimentación asociada a lo cotidiano. En esa regularidad, y no en una excepción, aparece uno de los ejes de la historia.

La alimentación tradicional de Guanacaste y su relación con la longevidad

El caso de José Flores no suele leerse de forma aislada. Su historia se inscribe en una zona que durante años llamó la atención de investigadores por la cantidad de personas que alcanzaron edades avanzadas. En ese marco, la alimentación tradicional de Guanacaste aparece como una de las variables observadas junto con el movimiento diario, la vida comunitaria y la estructura familiar.

La idea no consiste en presentar un alimento milagroso ni una receta única. Lo que aparece con más fuerza es un modelo de vida. Comida poco procesada, esfuerzo físico sostenido, horarios estables y vínculos cercanos forman parte de ese esquema. En el caso de Flores, el interés de su dieta está en que resume de manera concreta ese patrón.

La historia de José Flores refleja un modelo de vida rural con comida poco procesada, rutinas estables y menor exposición a productos ultraprocesados.

También importa el contexto histórico. Las generaciones rurales más antiguas de la región crecieron con una lógica de economía de subsistencia, con acceso limitado a alimentos industrializados y una fuerte presencia de productos básicos en la mesa diaria.

Los secretos de las zonas azules y la longevidad

Dos investigadores de referencia en el campo de la longevidad, el cardiólogo Eric Topol y el investigador Dan Buettner, plantearon que vivir más años depende menos de los genes que del entorno: calles transitables, alimentos saludables al alcance y redes sociales que refuercen hábitos saludables. La tesis se apoya en casi 20 años de trabajo en torno a las llamadas Zonas Azules, cinco regiones del mundo con concentraciones excepcionales de centenarios: Ikaria (Grecia), Cerdeña (Italia), Nicoya (Costa Rica), Loma Linda (California) y Okinawa (Japón).

Un estudio danés con gemelos, citado por Buettner, estimó que solo entre el 20% y el 25% de la variabilidad en la longevidad tiene base genética; el 75% restante responde a factores del entorno y el estilo de vida. Bajo esa premisa, Buettner fundó Blue Zones LLC, empresa que intervino en 70 comunidades de Estados Unidos y alcanzó a más de cuatro millones de personas, con reducciones de obesidad y mejoras en indicadores de salud poblacional.

El avance del turismo y del negocio inmobiliario en Guanacaste modificó hábitos cotidianos y volvió menos frecuente la alimentación tradicional que representa José Flores.

La lógica de las intervenciones, según el propio investigador, no pasa por convencer a la gente de que cambie sus hábitos, sino por modificar el entorno: “Si cambias su entorno, puedes manipular sus decisiones inconscientemente”. En urbanismo, un paquete completo de políticas de movilidad peatonal puede lograr que un 20% más de personas caminen.

Para sistematizar los rasgos comunes de esas comunidades, Buettner desarrolló el “Power 9”, un esquema de nueve prácticas asociadas con vidas más largas. Los habitantes de las zonas azules incorporan el movimiento a su rutina diaria —equivalente a unos 12.000 pasos— a través de la jardinería, la cocina y las tareas del hogar, no mediante programas de entrenamiento. Su alimentación se basa en cereales integrales y productos básicos como cebada, trigo, maíz y arroz. “Simplemente viven sus vidas. Y la longevidad parece surgir. No es algo que busquen. Es algo que surge del entorno adecuado”, resumió.

Una pareja de adultos mayores en sus setenta sonríe mutuamente mientras disfrutan de una taza de café en la mesa de su cocina, bañados por la luz natural (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una investigación complementaria sobre adultos mayores de Cerdeña, publicada en el International Journal of Applied Positive Psychology y dirigida por la psicóloga Maria Chiara Fastame de la Universidad de Cagliari, añadió una dimensión psicológica al debate. El trabajo analizó a 125 personas de entre 71 y 101 años —55 residentes en la zona azul y 70 fuera de ella— y detectó que los habitantes de la zona azul obtenían puntuaciones más altas en apertura a nuevas experiencias, un rasgo ligado a la curiosidad y la disposición al aprendizaje.

Niveles más altos de neuroticismo, en cambio, se asociaban con peor calidad de vida. “Una combinación de rasgos de personalidad adaptativos y recursos psicológicos facilita un envejecimiento activo, más allá de la simple ausencia de enfermedades”, concluyó Fastame. Los propios autores reconocieron los límites del estudio: fue observacional, de tamaño reducido y no permite establecer causalidad.

Fuente: Infobae

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