La forma en que nos desplazamos ha experimentado transformaciones profundas en las últimas décadas. Coches, trenes y aviones evolucionan constantemente para reducir su huella ambiental. En este contexto de transición ecológica, prácticamente todos los medios de transporte están adoptando tecnologías híbridas o eléctricas. El sector de la aviación, que hasta ahora parecía rezagado, comienza a dar pasos firmes en esa dirección, especialmente para trayectos cortos. Y el escenario perfecto para este despegue es el continente europeo.
De acuerdo con el más reciente informe de la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA), uno de cada cuatro vuelos que operan en Europa —es decir, el 25% del total— cubre distancias inferiores a los 500 kilómetros. Justamente, estas rutas son las que generan mayor debate debido a su impacto ambiental. Por ello, se perfilan como el ecosistema ideal para la introducción masiva de aeronaves impulsadas por motores eléctricos o híbridos.
Sin embargo, el panorama de estas conexiones ultracortas no es estático. El informe de la EASA señala que este segmento de vuelos ha mostrado una clara tendencia a la baja desde 2005. Tras una caída pronunciada que se extendió hasta 2013, el número de operaciones se estabilizó hasta la llegada de la pandemia en 2019. Después del Covid-19, la recuperación de estas rutas cortas ha sido más lenta en comparación con los trayectos de medio y largo alcance.
Tren versus avión: ¿rivales o aliados?
Uno de los factores que explica esta desaceleración es la creciente competitividad del tren de alta velocidad. En un entorno donde la conciencia ambiental gana terreno y los hábitos de los consumidores cambian, el ferrocarril se ha consolidado como la opción preferida para muchos viajeros en distancias donde ambos medios compiten. El tren ofrece, además, una eficiencia temporal similar o incluso superior si se considera el tiempo total de viaje puerta a puerta.
No obstante, los expertos advierten que la solución no es tan sencilla como sustituir un modo por otro. El informe de la EASA cita estudios que demuestran que la mejora de los servicios ferroviarios —ya sea mediante trayectos más rápidos o tarifas más económicas— puede generar un fenómeno conocido como “demanda inducida”. Esto significa que el número total de viajeros aumenta de tal manera que los beneficios ambientales esperados podrían verse parcialmente limitados.
Un caso emblemático es el de la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona. Su inauguración y posterior consolidación provocaron un incremento del 28% en el volumen total de personas que viajaban entre ambas ciudades. Ante esta realidad, los especialistas de la EASA abogan por un enfoque de integración multimodal, donde el tren de alta velocidad y el avión no compitan, sino que se complementen. La clave estaría en facilitar la compra de billetes conjuntos, la gestión unificada del equipaje y la resolución eficiente de retrasos en los grandes aeropuertos.
Recuperación pospandemia: más pasajeros en menos vuelos
Más allá del debate sobre las distancias cortas, el informe de la EASA ofrece una radiografía detallada del estado actual de la aviación en Europa. Durante 2023, el tráfico aéreo en los aeropuertos de la Unión Europea y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) alcanzó los 8,35 millones de vuelos, lo que representa el 91% de los niveles registrados antes de la pandemia, en 2019.
Sin embargo, el comportamiento de la demanda de pasajeros ha sido incluso más positivo. El número de viajeros ascendió a 774 millones en 2023, situándose apenas un 4% por debajo de las cifras de 2019. Esta diferencia entre el número de vuelos y el de pasajeros se explica por una optimización de la capacidad. La tasa media de ocupación de los aviones alcanzó un récord histórico del 84,5%, superando la marca anterior del 83,4% establecida en 2019. Además, los aviones están volando más lejos: la distancia media por trayecto se situó en 1.730 kilómetros durante el año pasado.
Este proceso también ha reconfigurado el equilibrio de poder en el mercado. Mientras que en 2019 las aerolíneas tradicionales y las de bajo coste se repartían el mercado a partes iguales —cada una con un tercio del total—, tras la pandemia las low cost se han recuperado a un ritmo mucho más acelerado. En 2023, ya ostentan la mayor cuota de mercado. De hecho, la conectividad dentro de las fronteras europeas ya ha superado los niveles de 2019 gracias al impulso de estas operadoras. No obstante, las conexiones directas con destinos fuera del continente aún no logran alcanzar las cifras de la época pre-Covid.
Vulnerabilidades: geopolítica, combustible y flotas envejecidas
El camino hacia la recuperación no está exento de turbulencias. En la actualidad, el sector aéreo europeo enfrenta fuertes presiones derivadas de la geopolítica internacional. La invasión rusa de Ucrania, iniciada en febrero de 2022, el consecuente cierre del espacio aéreo y las sanciones impuestas por la Unión Europea han alterado por completo los flujos de tráfico aéreo con Asia, congestionando el corredor del sudeste europeo. A esto se suma el impacto en los sobrevuelos ocasionado por el conflicto en Oriente Medio desde octubre de 2023, así como un notable incremento de la actividad militar en los cielos del continente.
A nivel operativo, las aerolíneas también lidian con el desafío del envejecimiento de sus flotas. La necesidad de reincorporar rápidamente los aviones que habían quedado aparcados durante la crisis sanitaria ha provocado que la edad media de la flota europea aumente hasta los 11,8 años en 2023, frente a los 11,6 años registrados en 2021. Por el contrario, la edad de jubilación o desguace de las aeronaves matriculadas en Europa ha descendido significativamente, pasando de una media de 27,7 años en 2012 a 24,5 años en 2022.
En cuanto a las proyecciones a futuro, la EASA prevé en su escenario base que el sector logre recuperar la cota de los 9,2 millones de vuelos —la cifra de 2019— en el año 2026. A partir de ese punto, se espera un crecimiento moderado del 1,1% anual, que llevaría al sector a alcanzar los 11,8 millones de vuelos en el año 2050. Estas previsiones son ligeramente más conservadoras que las estimaciones de informes anteriores, debido principalmente a los pronósticos de aumento del precio del combustible y a una revisión a la baja de la capacidad máxima de gestión de vuelos en los aeropuertos.
Fuente: Infobae