Un equipo de científicos de la Universidad de Tel Aviv consiguió registrar por primera vez los ultrasonidos que producen las plantas cuando sufren estrés por falta de agua o por daño físico. El estudio, publicado en la revista Cell, revela que el reino vegetal tiene una actividad acústica insospechada.
Para llevar a cabo la investigación, los especialistas utilizaron tomateras y plantas de tabaco dentro de una cámara insonorizada. Los sonidos detectados se encuentran en el rango de 40 a 80 kilohercios, inaudibles para el oído humano, pero que sí pueden percibir mamíferos e insectos en un radio de hasta cinco metros.
Los ejemplares bajo estrés generaron entre 30 y 50 estallidos por hora, muy por encima de los que no estaban estresados. Estos ruidos recuerdan al crujido de las palomitas de maíz al reventar o al sonido de papel burbuja al comprimirse.

Las plantas con sed emiten hasta 50 ‘llantos’ por hora
El experimento consistió en dejar sin agua a las plantas durante casi dos semanas, mientras dos micrófonos registraban de forma simultánea cada ejemplar. Al principio, los aparatos no captaron ningún sonido. Con el transcurrir de los días, los ultrasonidos empezaron a aparecer, primero de manera espaciada y luego cada vez más frecuentes, a medida que las hojas se deshidrataban y pasaban de un tono verde a amarillo, según reportó la Gaceta UNAM.

La actividad alcanzó su punto máximo alrededor del quinto día sin agua y disminuyó conforme la planta se secó por completo. Los investigadores también practicaron cortes en algunos tallos: la respuesta fue similar. Las plantas con daño físico también comenzaron a emitir ultrasonidos.
“Incluso en un campo tranquilo hay sonidos que no escuchamos, y esos sonidos contienen información”, afirmó Lilach Hadany, bióloga evolutiva y autora principal del estudio, al Natural History Museum de Londres.

Cavitación: la explicación física
Detrás de este fenómeno hay una explicación física. Las plantas transportan agua desde la raíz hasta las hojas a través de estructuras celulares semejantes a un popote. Cuando se presenta escasez de agua, ese flujo provoca burbujas de aire que se rompen de manera súbita en el tejido vascular. Este proceso, conocido como cavitación, es el origen del sonido, explicó Ulises Rosas, del Instituto de Biología de la UNAM, a la Gaceta UNAM.
Rosas fue claro: las plantas no sienten dolor porque no tienen sistema nervioso, y tampoco gritan porque carecen de cuerdas vocales. Los ruidos son fruto de un proceso físico y no de una intención.
Cada planta tiene una firma sonora única
Un hallazgo que sorprendió al equipo fue que cada especie emite un sonido particular. Gracias a algoritmos de aprendizaje automático e inteligencia artificial, los científicos lograron distinguir si el sonido provenía de una tomatera o de una planta de tabaco, y también si el estrés era por falta de agua, por enfermedad o por daño en el tallo.

La investigación no se limitó al tomate y al tabaco. Maíz, trigo, uva y cactus también emitieron sonidos bajo estrés, tal como informó el Natural History Museum en su portal oficial.
Detección de plagas antes de que sean visibles
Itzhak Khait, otro de los especialistas que participó en el experimento, indicó que estos descubrimientos abren la puerta a la denominada agricultura de precisión.
Al identificar qué emisión acústica produce un cultivo cuando necesita riego o cuando es atacado por una plaga, se podría intervenir antes de que aparezcan señales visibles de daño, de acuerdo con la UNAM.

Rosas, del Instituto de Biología de la UNAM, no descarta que las plantas también puedan “escuchar” los sonidos de otras. Ya hay evidencia de flores que captan las vibraciones del zumbido de una abeja y, en respuesta, producen más néctar y más dulce. “Si las plantas están generando sonidos es porque alguien más está escuchando”, manifestó a la Gaceta UNAM.
Fuente: Infobae