El misterio sin resolver de la muerte de Marilyn Monroe a 64 años del adiós

La última sesión fotográfica de Marilyn Monroe la capturó descalza sobre la arena de Santa Mónica, California. El viento marino despeinaba su cabello mientras el fotógrafo George Barris inmortalizaba una sonrisa que jamás volvió a repetirse. En la imagen final de aquella jornada, la actriz juntó las palmas y envió un beso hacia el lente. Apenas tres semanas después, su vida se apagó para siempre.

Corría julio de 1962. Monroe tenía 36 años y enfrentaba uno de los momentos más críticos de su carrera. 20th Century Fox la había despedido del rodaje de Something’s Got to Give debido a sus constantes ausencias y, además, le había entablado una demanda por daños. Su tercer matrimonio, con el dramaturgo Arthur Miller, ya pertenecía al pasado. Su figura, que durante años fue objeto de escrutinio público, había cambiado notablemente tras una operación de vesícula que la dejó mucho más delgada.

Marilyn Monroe fotografiada por Lawrence Schiller. La autopsia determinó que la muerte fue un suicidio probable por barbitúricos, pero dejó dudas por la falta de rastros de cápsulas en el estómago

Norma Jeane Mortenson nació el 1 de junio de 1926 en Los Ángeles. Su madre, Gladys, sufrió una crisis nerviosa cuando ella era pequeña, lo que la obligó a crecer entre hogares de acogida y orfanatos. La curadora Rosie Broadley, del National Portrait Gallery de Londres —institución que prepara una exposición en 2026 por el centenario del nacimiento de Monroe—, destacó una fotografía de la infancia de la actriz, descalza en una playa junto a su madre, como un eco involuntario de las imágenes que Barris tomaría décadas después.

“Las fotos de playa enmarcan su vida de una manera que resulta muy conmovedora”, expresó Broadley.

La carrera que Monroe forjó después de esa infancia complicada generó, durante la década de 1950, el equivalente actual a unos 2.000 millones de dólares en recaudación de taquilla. No obstante, el miedo escénico la persiguió hasta el final. Una investigación clínica publicada en ScienceDaily señala que ese temor fue el detonante para que recurriera a los barbitúricos. Monroe comenzó a consumirlos para poder conciliar el sueño y así rendir en sus compromisos laborales, en una época donde estas sustancias eran de fácil acceso.

Lo que inició como un recurso puntual degeneró en una dependencia que los propios médicos alimentaron mediante recetas. El amigo cercano James Bacon dejó un testimonio escalofriante:

“Le dije: ‘Marilyn, la combinación de pastillas y alcohol te va a matar’. Y ella me respondió: ‘Todavía no me mató’. Después tomó otro trago y se tomó otra pastilla”.

La dependencia de Marilyn Monroe a los barbitúricos comenzó por el miedo escénico y se profundizó con recetas médicas durante años. La actriz retratada por Lawrence Schiller (Holden Luntz Gallery)

La investigación clínica reconstruyó el tratamiento que recibió durante sus últimos meses y concluyó que la combinación de psicoanálisis freudiano con una medicación masiva —que incluía recetas de al menos una docena de drogas psicoactivas, entre barbitúricos, hipnóticos y anfetaminas— no mejoró su estado, sino que empeoró su condición de manera sostenida.

El estudio también reveló que el médico de Monroe negó haber recetado clorhidrato de cloral, el sedante que apareció en concentraciones letales en su sangre tras la muerte. Los registros de farmacia demostraron que esa afirmación era falsa.

Su psiquiatra principal era Ralph Greenson, mientras que el médico de cabecera, Hyman Engelberg, firmaba las recetas indicadas por Greenson. Juntos construyeron un esquema terapéutico que la investigación calificó como un fracaso con consecuencias fatales. Los diagnósticos ignoraban por completo el problema de fondo: la tolerancia, la dependencia y el riesgo de sobredosis accidental con barbitúricos eran fenómenos ampliamente documentados en la medicina de esa época.

En medio de ese caos, Monroe intentaba rehabilitar su imagen pública. Concedió entrevistas a Vogue y a Life, con sesiones fotográficas de Bert Stern y Allan Grant, respectivamente. El reportaje de Life, titulado Last Talk With a Lonely Girl, se publicó apenas días después de su fallecimiento.

La sesión con Barris en Santa Mónica también formaba parte de esa estrategia de recuperación. Las imágenes estaban destinadas a la revista Cosmopolitan, aunque nunca llegaron a publicarse allí.

La curadora Georgia Atienza, co-responsable de la exposición del National Portrait Gallery, ofreció una perspectiva reveladora:

“Estaba intentando levantar su perfil y rehabilitar su imagen. Para ella, las sesiones fotográficas eran muchas veces una manera de lidiar con la ansiedad”.

La muerte de Marilyn Monroe alimentó una teoría de asesinato ligada a Robert Kennedy, aunque la reapertura del caso en 1982 no halló pruebas de ninguna conducta criminal

En esas fotografías, Monroe corría por la orilla del mar y casi bailaba con las olas. Caroline Barris, hija del fotógrafo y guardiana de su archivo, envió a los curadores decenas de tomas descartadas de esa jornada. “Fue muy conmovedor saber que esas eran las últimas imágenes que ella hizo”, comentó.

Monroe también seleccionaba personalmente las fotos, tal como solía hacer a lo largo de su carrera: tachaba con un alfiler las que no le agradaban y escribía “buena” sobre las que aprobaba. Era una de las pocas formas de control que tenía sobre su propia imagen.

El último día de su vida comenzó con la visita de Greenson a su casa en el barrio de Brentwood, Los Ángeles, en la dirección 12305 de Fifth Helena Drive. Esa tarde conversó por teléfono con varias personas, entre ellas Joe DiMaggio Jr., hijo de su exmarido. El forense Cyril Wecht, quien analizó el caso en detalle para People en 2012, señaló que hacia las 20:00 del 4 de agosto, el actor Peter Lawford —cuñado del presidente John F. Kennedy— logró comunicarse con ella. Monroe sonaba confusa. Fue la última conversación que alguien sostuvo con ella.

Le dijo a Lawford: “Decile adiós a Pat. Decile adiós al presidente. Y decite adiós a vos mismo, porque sos un buen tipo”.

Marilyn Monroe canta entre Tony Curtis y Jack Lemmon, ambos disfrazados, en una escena de la película

La empleada doméstica Eunice Murray se despertó cerca de las 3:00 del 5 de agosto y vio luz bajo la puerta del dormitorio de Monroe. Llamó, y al no obtener respuesta, contactó a Greenson. El psiquiatra llegó, rompió la ventana del cuarto y encontró a Monroe desnuda en la cama, con el teléfono aún en la mano. Giró hacia la puerta y le dijo a Engelberg, que esperaba afuera: “Parece que está muerta”.

Engelberg certificó el deceso alrededor de las 4:30. Solo entonces llamaron a la policía. Cuando los agentes llegaron, Murray estaba lavando las sábanas de la cama de Monroe en ese mismo instante. Nunca explicó ese proceder. Había muerto el 4 de agosto de hace 64 años.

La muerte de Monroe fue clasificada oficialmente como “suicidio probable” por intoxicación aguda con barbitúricos. La autopsia la realizó Thomas Noguchi, médico forense adjunto de Los Ángeles. No obstante, los pormenores del examen, analizados por Wecht, plantean interrogantes que permanecen abiertos.

A mediados de 1962, Marilyn Monroe tenía 36 años y atravesaba una crisis profesional tras su despido de la filmación de Something’s Got to Give por parte del estudio 20th Century Fox

El nivel de clorhidrato de cloral en sangre era de 8 miligramos, una concentración que Wecht calificó de “muy, muy alta”. La receta de ese sedante había sido despachada el 31 de julio: 50 cápsulas. Cuando se revisó el frasco, solo quedaban 10. Cuarenta cápsulas habían sido consumidas en cinco días, en un período donde Monroe ya las ingería de forma habitual, posiblemente hasta 10 por día.

Noguchi, por su parte, no halló residuos visibles de cápsulas en el estómago ni la coloración amarilla que el Nembutal deja cuando se toma por vía oral. Tampoco encontró marcas de aguja. Esa ausencia de rastros tampoco fue explicada.

El toxicólogo Raymond Abernathy descartó muestras del estómago e intestino de Monroe después de analizarlas. Esa decisión generó una polémica que nunca se resolvió.

“Esto no es ‘Susana García’”, dijo Wecht a People. “¿Por qué descartarías muestras que debían ser analizadas?”

Abernathy sostuvo que era un procedimiento de rutina.

La habitación de Marilyn Monroe. Un policía en la puerta luego del hallazgo del cadáver de la célebre estrella de Hollywood (Grosby)

La autopsia también registró doble lividez: Monroe fue encontrada boca abajo, pero cuando llegó a la morgue estaba boca arriba. Eso confirmó que el cuerpo había sido movido después de la muerte. Wecht subrayó la demora entre el hallazgo del cuerpo y el aviso a las autoridades, lo que impidió determinar la hora exacta del fallecimiento. Su conclusión fue contundente:

“Yo habría firmado la causa de muerte como indeterminada”, no como suicidio probable.

Mientras la versión oficial hablaba de sobredosis, en 2014 los periodistas estadounidenses Richard Buskin y Jay Margolis plasmaron en el libro Marilyn Monroe: A Case for Murder otra teoría que circulaba desde el principio: Monroe no se suicidó ni murió por accidente, sino que fue asesinada por orden de Robert Kennedy, entonces fiscal general de Estados Unidos y hermano del presidente JFK.

La tapa de la edición de octubre de 1973 de The Sunday Times Magazine. Una edición sobre los últimos días de la vida de Marilyn Monroe

Según Buskin y Margolis, Monroe tuvo romances con ambos hermanos Kennedy. La relación con John F. Kennedy fue primero; la de Robert vino después, cuando él intervino para que ella dejara de acosar telefónicamente a su hermano y terminó enredándose él mismo. El vínculo con “Bobby” se inició tras dos días de encuentros en la casa de un empresario con presuntos vínculos con la mafia. La obsesión de Monroe, que antes apuntaba al presidente, se trasladó al fiscal general.

La ruptura llegó con una discusión violenta en la casa de Monroe en Los Ángeles. Según el libro, ella intentó atacar a Robert Kennedy con un cuchillo. Quienes acompañaban al funcionario controlaron la situación. Monroe amenazó entonces con convocar una conferencia de prensa para revelar públicamente sus relaciones con los dos hermanos.

Robert Kennedy -siempre según el libro- tomó una decisión. Con la colaboración de Lawford, le encargó a Greenson que le administrara una inyección letal y preparara la escena para que pareciera una sobredosis. La ejecución, según el libro, fue un desastre.

“Tanteó entre las costillas como un aficionado. Empujó la jeringuilla en el pecho de ella, pero no lo hizo bien. Quedó clavada en el hueso. Empujó muy fuerte hasta que la aguja traspasó la costilla con un chasquido”, escribieron Buskin y Margolis.

Los servicios de urgencias de Los Ángeles que llegaron esa noche encontraron a Monroe con una costilla rota.

Una de las fotos de la última sesión en la que Marilyn Monroe posó. Fue ante el fotógrafo George Barris en Santa Mónica en julio de 1962, tres semanas antes de la muerte de la actriz

El libro también recuperó un testimonio de 1985 de Eunice Murray para la BBC, grabado sin que ella lo supiera, en el que la empleada admitía que cuando llegaron los servicios de emergencia, Monroe todavía estaba con vida.

La investigación oficial se reabrió en 1982 bajo presión pública. Su conclusión fue que las pruebas disponibles “no respaldan ninguna teoría de conducta criminal”, aunque el propio informe reconoció “discrepancias factuales y preguntas sin respuesta”. El caso quedó clasificado como “suicidio probable”.

El médico que firmó el certificado de defunción declaró haberlo hecho “bajo presión”. El toxicólogo que descartó los órganos nunca fue procesado. Greenson murió en 1979. Robert Kennedy fue asesinado en 1968. Noguchi, que realizó la autopsia, rompió su silencio décadas después para afirmar que nunca estuvo de acuerdo con la conclusión de suicidio y que le impidieron investigar cómo un cuerpo rodeado de frascos de sedantes no tenía rastros de pastillas en el estómago.

La tumba de la diva. La infancia de Norma Jeane Mortenson entre hogares de acogida y orfanatos marcó la vida de Marilyn Monroe (AP)

Las fotos de Barris, con ese tono anaranjado que les da el papel envejecido, terminaron en una exposición del National Portrait Gallery de Londres en 2026. En la última imagen de la serie, Monroe mira a cámara con las manos juntas y los labios entreabiertos. Barris contó que en ese momento ella dijo: “Esta es para vos, George”.

Fuente: Infobae

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