Pernos expuestos, huecos y tapas rotas ponen en riesgo a peatones en el centro de Guayaquil

Caminar por el centro de Guayaquil, particularmente por la avenida 9 de Octubre y varias de las calles que la cruzan, se ha vuelto una actividad que exige mirar más el suelo que las vitrinas.

Un recorrido por el sector permitió constatar que buena parte del mobiliario urbano (señales de tránsito, vallas publicitarias, tapas de alcantarilla y bases metálicas) presenta fallas que, aunque a simple vista parecen menores, representan un riesgo real de tropiezo o caída para los transeúntes.

Uno de los hallazgos más frecuentes tiene que ver con los postes de señalización vial y publicitaria. Varias de estas estructuras muestran sus bases levantadas respecto del nivel de la vereda, con pernos que sobresalen más de lo habitual.

Por su reducido tamaño y por encontrarse prácticamente a ras de piso, estos tornillos pasan inadvertidos para quien camina distraído, lo que incrementa la probabilidad de un accidente.

Alcantarilla ligeramente levantada causa preocupación entre los transeúntes ante riesgos de accidentes. Foto: Salomón Campoverde | ELUNIVERSO

A ese cuadro se suman las alcantarillas. En distintos puntos del recorrido se observaron tapas ligeramente elevadas respecto del pavimento, otras con roturas y aberturas visibles, e incluso tramos donde faltan adoquines alrededor de los registros, dejando expuestos bordes de concreto irregulares.

En uno de los casos, una tapa metálica aparece rota, con un orificio en su superficie. En la calle Escobedo, están al descubierto los fierros que antes sostenían la base de un basurero público. El contenedor ya no está, pero las varillas metálicas permanecen ancladas al piso a la altura del tobillo.

La situación se repite en Boyacá, a pocos metros del cruce peatonal. Justo en el tramo donde los peatones aceleran el paso al cambiar la luz del semáforo, la tapa de una caja de registro eléctrico está hundida, formando un hueco que puede provocar tropiezos en el momento exacto en que la gente cruza con más prisa.

En ese mismo punto, la ausencia de un adoquín deja al descubierto y sobresaliente el bordillo de una alcantarilla cercana, otro punto de quiebre para el paso peatonal.

Alcantarilla sobresale más de lo habitual por falta de adoquín. Foto: Salomón Campoverde|EL UNIVERSO

Fausto Coronel, quien transitaba por la 9 de Octubre, contó que el problema no es exclusivo del centro, aunque allí lo considera más grave por el nivel de movimiento comercial.

“A veces van a arreglar, pero de vuelta se daña. Y es un peligro, al menos aquí en el centro, que es una zona muy transitada y comercial, la gente siempre va con la cabeza arriba viendo todos los locales y pensando en qué comprar, que no se da cuenta del suelo, lo que puede provocar un accidente. Yo soy de la tercera edad, si llego a tropezarme con uno de esos, sabrá Dios qué es lo que me pasa”, relató, y agregó que el mismo panorama lo vive en su barrio, cerca de la 17 y Maldonado.

Saúl Andrade, quien trabaja en la zona, apuntó a otra causa del deterioro: la presencia de recicladores y consumidores que pernoctan en el centro y que, según su versión, retiran piezas metálicas de la vía pública para comercializarlas después.

“Son un peligro, pero también qué se puede hacer si no se controla a los recicladores. Las autoridades o el Municipio pueden arreglarlas las veces que quieran, pero si ellos siguen haciendo daño y destruyendo, todo se va a seguir viendo igual”, opinó.

Otros comerciantes y transeúntes del sector coinciden en que el deterioro se ha vuelto parte del paisaje cotidiano. María Suárez, quien atiende un local sobre la 9 de Octubre, señaló que los propios clientes le han comentado percances menores por las irregularidades del piso.

“Aquí varios se han doblado el pie con esas tapas que están flojas. Sí da miedo cuando ves a alguien mayor pasar por ahí y no mirar el suelo”, comentó.

Por su parte, Jorge Vélez, otros comerciante, sostuvo que el problema se agrava con la lluvia, cuando las baldosas mojadas ocultan aún más los desniveles.

“Con el piso mojado ni se nota que hay un hueco o que falta un adoquín, y ahí es cuando más gente se resbala. Debería haber al menos una cinta o algo que avise”, planteó.

Rosa Franco, vecina que acude con frecuencia al centro por trámites, lamentó que las reparaciones, cuando llegan, no sean duraderas. “Le ponen un parche y a los meses está roto otra vez”, expresó. (I)

Fuente: El Universo

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