Gemelos digitales: ¿anticipación o adivinación tecnológica?

Argentina presentó una herramienta de inteligencia artificial bautizada como Gemelo Digital Social, diseñada para simular el impacto de políticas sociales antes de su implementación. El objetivo oficial es transformar al Estado de un ente reactivo a uno con capacidad de anticipación, simulación y prevención de problemas.

El diagnóstico inicial es acertado: un Estado que solo repara daños ya ocurridos siempre llega tarde y a un costo elevado. La administración pública opera con ciclos de decisión prolongados mientras los cambios sociales se aceleran, y suele tomar decisiones con información incompleta, sesgada o desactualizada. Que el Estado busque anticiparse es, sin duda, una señal positiva que muchos especialistas han promovido durante años.

Sin embargo, existe una diferencia sutil pero determinante: anticipar no es predecir.

Predecir asume que el futuro es una continuación del pasado. Anticipar, en cambio, reconoce que existen múltiples futuros posibles y que la tarea consiste en prepararse para varios de ellos. La prospectiva no adivina; construye escenarios posibles, probables y deseables, y ayuda a tomar mejores decisiones en el presente. Un modelo alimentado exclusivamente con datos históricos no anticipa, sino que extrapola. Es el equivalente administrativo de manejar mirando el espejo retrovisor, con una precisión cada vez mayor, según advierten los analistas.

El caso de Virtual Singapore suele citarse como referencia. Este sistema integra información geoespacial, de tránsito, demográfica y climática, permitiendo simular el impacto de una obra o planificar respuestas ante emergencias. Funciona, pero requirió una inversión considerable, depende de datos de altísima calidad que no todas las administraciones pueden producir ni proteger adecuadamente, y plantea serios dilemas de privacidad.

Su principal limitación quedó en evidencia durante la pandemia, por una razón estructural más que técnica: un modelo entrenado con datos históricos solo reconoce patrones que ya ocurrieron. Cuando el comportamiento social se desvió de todo registro previo, el sistema no pudo deducir lo que vendría. Falló justo cuando más se necesitaba anticipar, ante lo que no tenía precedente.

Esto demuestra que los gemelos digitales son herramientas poderosas, pero no son oráculos: su valor reside en la calidad de sus supuestos y en la capacidad de quienes los interpretan.

Por eso el orden de los pasos es crucial. El plan anunciado contempla primero definir la arquitectura tecnológica y después abrir una mesa para debatir privacidad, ética algorítmica y marcos legales. Este enfoque está invertido. No se trata de un trámite moral que se cumple al final, sino de condiciones técnicas fundamentales para el funcionamiento del sistema: sin saber qué datos ingresan, con qué calidad, bajo qué marco legal y con qué garantías, no existe modelo confiable. La ética no se agrega después, sino que debe considerarse desde el diseño.

Para anticipar en serio, es necesario integrar tres elementos que suelen tratarse por separado: prospectiva estratégica, gobernanza de datos e inteligencia artificial. Ninguno de ellos es suficiente por sí solo. La prospectiva sin datos es mera especulación. Los datos sin prospectiva optimizan con enorme precisión sistemas que quizá ya son obsoletos. Y la IA sin dirección estratégica es un motor de optimización sin rumbo: produce futuros eficientes que nadie ha elegido.

Si anticipar significa construir el futuro deseable y no adivinar el probable, entonces el camino es construir Estados inteligentes desde los cimientos. El uso de la IA o de un gemelo digital es solo la parte visible de una labor que se construye desde abajo, que no se ve y suele quedar fuera del radar de los discursos públicos: datos ordenados, reglas claras y equipos transdisciplinarios formados. Sin estos elementos, la herramienta más sofisticada del mundo no es más que un modelo tridimensional extremadamente costoso.

Fuente: Infobae

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