Feminismo musical en América Latina: Orígenes, evolución y futuro

La canción Eres Mentirosa, un ícono de la música tropical y la cumbia en América Latina, marcó un hito en su época. Originalmente creada por Los Mirlos, pioneros de la cumbia amazónica peruana, alcanzó fama en Colombia gracias a la versión de Pastor López. Su letra describía a una mujer atractiva pero calculadora, que manipulaba los sentimientos ajenos.

Recientemente, Los Mirlos lanzaron The World Meets Los Mirlos, un LP de colaboraciones con artistas de todo el continente. Li Saumet, de Bomba Estéreo, fue elegida para reinterpretar la pista, ahora titulada Eres Mentiroso. Este cambio trajo consigo una transformación radical en su mensaje, logrado con una simple improvisación vocal de Saumet.

“Me vienes a decir que yo soy una mentirosa. Es que se ve mal ser una mujer poderosa. ¿Quieres que te diga cómo son las cosas? Yo no soy una princesa, llévate tu carroza”, canta la colombiana con su distintivo tono entre rapeo y canto cumbiero.

Este gesto representa un ejemplo claro de cómo la evolución del discurso femenino y feminista en la música latinoamericana ha llegado al punto de resignificar la tradición musical de la región, especialmente en lo que respecta al arraigo machista que persistió en muchas canciones del siglo XX.

Este proceso ha estado acompañado por los cambios socioculturales de los siglos XX y XXI, incluyendo las diferentes olas del feminismo. Al abordar esta historia, no se trata solo de señalar que las mujeres buscaron y lograron una mayor presencia en la industria musical, sino de entender cómo, en momentos clave, el discurso femenino reivindicaba cosas distintas y se empoderaba asumiendo ciertos roles en contextos y situaciones específicas.

Ganándose un lugar en la mesa

Si la primera mitad del siglo XX se caracterizó por el paso de las mujeres como musas de canciones masculinas a aquellas que demostraron su capacidad para cantar —como Chavela Vargas o Matilde Díaz en la orquesta de Lucho Bermúdez— y también para componer —como Violeta Parra, Mercedes Sosa o Totó La Momposina—, en la segunda mitad, la visión del pop latino dio paso a las primeras perspectivas femeninas sobre el amor y el romance, así como a visiones más personales y atrevidas sobre lo que significaba ser mujer.

Andrea Echeverri de Aterciopelados, fue una de las responsables de marcar la transición hacia propuestas musicales femeninas más arriesgadas y confrontativas desde los años 90 - crédito Carlos Ortega/EFE

En ese primer sentido, figuras como Amanda Miguel, Ana Gabriel, Rocío Durcal y Daniela Romo dieron pasos fundamentales desde la balada y los géneros más populares durante los años 80. En el segundo, el pop irreverente de Gloria Trevi, Alejandra Guzmán, Paulina Rubio y Shakira, así como el auge del rock en español con Julieta Venegas —desde sus inicios en Tijuana No!—, Andrea Echeverri de Aterciopelados y Ely Guerra, inauguraron en los 90 una forma de abordar la feminidad más compleja, tocando temas como la maternidad, la sexualidad, el aborto y la posibilidad de no seguir las reglas o estándares de comportamiento impuestos por una sociedad machista durante siglos.

“Yo creo que antes era revolucionario y profético. Y ahora vigente”, comentó Andrea Echeverri de Aterciopelados, sobre el acto de escribir canciones bajo esa premisa.

La sexualidad como bandera

Con la llegada del nuevo milenio, el auge del reguetón y los debates sobre su contenido machista y sexualizador, una nueva generación se apropió de ese sonido y esa expresividad para empoderar a las mujeres desde una sexualidad más explícita y desafiante.

Con Ivy Queen marcando la pauta, en los años posteriores surgieron nombres como Karol G, Young Miko, Natti Natasha, Tokischa y Nesi. Incluso las múltiples identidades femeninas representadas por Villano Antillano o Arca comenzaron a jugar un rol importante en los últimos años.

Nesi participó en Yo Perreo Sola de Bad Bunny, uno de los mayores éxitos de 2020, que formó parte del aclamado álbum YHLQMDLG. Antes del estribillo que conquistó las discotecas de todo el continente, la cantante dejó claro que la idea principal era dar un mensaje de empoderamiento y autodeterminación femenina, con la sexualidad como motor principal. “Ante’ tú me pichaba’, ahora yo picheo. Antes tú no quería’, ahora yo no quiero”, canta la puertorriqueña.

Ese quiebre en el discurso femenino tiene detractores incluso dentro del feminismo. Una de las voces más críticas es Andrea Echeverri: “A mí se me acercan muchos pelados en la calle, porque yo creo que encuentran ese mensaje de quererse a uno mismo. Nos están convenciendo de que no nos queramos y que necesitamos comprar esta cantidad de cosas y hacer esta cantidad de cosas para encajar. Y nosotros les estamos diciendo que hay que más bien congraciarse con uno mismo, sacar lo más bonito de uno, pero sobre todo aceptarse y quererse. Las chicas estamos en una carrera superficial muy loca”, señaló.

En un punto intermedio se ubica la mirada de Betzabeth, colombiana radicada en Miami que recientemente fue acto de apertura de Blessd en Estados Unidos. Ella reconoció la importancia de poder expresarse libremente, pero también señaló que eso no liberó a las mujeres del escrutinio. “Las mujeres tenemos mucha más libertad. Podemos contar nuestras propias historias, maquillarnos como queremos, vestirnos como queremos. Pero también es verdad que estamos más expuestas y la gente piensa que puede opinar sobre nosotras, sobre nuestro cuerpo. Lo importante es no perder la esencia en ese camino”, comentó.

El feminismo más visceral

Como contrapartida a las maneras del urbano, una generación de cantautoras se presentó como la continuación del discurso impulsado en los 90, pero de un modo más directo y abordando temas hasta entonces tabú. Figuras como Ana Tijoux, Mon Laferte, Vivir Quintana, Lido Pimienta, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada, Javiera Mena y Francisca Valenzuela se transformaron en abanderadas de esas posibilidades.

“Yo he visto en los repertorios de las mujeres cada vez más libertad para tratar temas que antes no se trataban”, reflexionó la comunicadora y gestora cultural Renata Rincón. “Se hablaba de la belleza de la vida y de la maternidad, pero no se hablaba desde un lugar combativo, no se hablaba de temas del cuerpo, desde las mujeres cantando”.

En esa línea se expresó la cantante colombiana Ysa C, figura en ascenso en la música colombiana gracias a su híbrido entre reguetón, afrobeats y ritmos del Pacífico colombiano. “Antes incluso yo me sentía un poco menos libre de poder tener ciertas conversaciones, pero creo que se ha abierto ese espacio. A saber que nosotras también podemos poner límites, a saber decir que nos gusta de esta manera y no de esta, saber cuál es nuestra identidad”, manifestó la caleña.

Uno de los aspectos más reveladores de ese cambio de paradigma lo señaló Renata Rincón, al notar que en el último tiempo hubo canciones y álbumes que abordaban la maternidad de manera más recurrente. “Una de las rupturas más grandes fue cuando las mismas artistas me decían que si fueran ellas hombres, yo les haría las mismas preguntas sobre la maternidad, que a los hombres no se les preguntaba sobre la paternidad”, explicó.

Un ejemplo notable lo dio Acróstico de Shakira. En un disco dedicado a los sentimientos de la ruptura con Gerard Piqué, esa canción se centró en el amor de madre. “Una sonrisa tuya es mi debilidad. Quererte sirve de anestesia al dolor, hace que me sienta mejor. Para lo que necesites, estoy. Viniste a completar lo que soy”, canta Shakira.

Otra perspectiva de la maternidad —y en particular del postparto— la aportó Francisca Valenzuela con su LP MALDITA, inspirado en sus experiencias con la depresión postparto. “Maldigo el día en que nací, Maldigo el día en que parí, Maldigo mi juventud, Eterna ineptitud”, dice la letra. Valenzuela, que celebrará el Ruidosa Fest en octubre próximo con un cartel femenino, también demostró su capacidad de crear un lenguaje propio alrededor del despecho con su canción Rompecorazones. “Yo fui tu amiga, fui tu confidente. Fui tu porrista, fui tu fan. Y me clavaste tu puñal”, reza parte de su letra.

“Siento que cada mujer está como en su curva de desarrollo, de aprendizaje y su momento de la vida en el que se hace unas preguntas y que ahora puede responder esas preguntas con total libertad en sus letras, cosa que antes no se hacía. Ahora todas cuentan sus procesos a lo largo de la vida de una forma más tranquila y natural”, concluyó Rincón.

Manuela Ocampo, hija del recordado instrumentista Teto Ocampo, colaborador de Carlos Vives en los 90, ha desarrollado una carrera musical. En diálogo, reconoció los avances en las posibilidades de expresarse desde el feminismo, pero dejó claro que aún queda camino por recorrer. “Hay una amplia gama de personalidades y de voces en las mujeres, y sí hay una apertura, pero sí queda bastante camino como para entender qué es lo que nos quieren decir estas voces realmente”, señaló.

¿Y el futuro?

Para las figuras vigentes o en pleno ascenso consultadas, los siguientes pasos en las luchas del feminismo tienen dos frentes claros. Uno se relaciona con la consolidación del peso de la mujer en la industria musical. Un informe de la Iniciativa de Inclusión Annenberg de la Universidad del Sur de California, publicado en 2025, apuntó que el 39,4% de los puestos ejecutivos generales en los grandes sellos discográficos están ocupados por mujeres. Sin embargo, también indicó que “Las mujeres ocupan menos del 20% de los cargos de liderazgo y aún rara vez forman parte de los equipos de liderazgo sénior en las principales compañías”.

Tanto Ysa C como Nesi abordaron esa discusión. Nesi lanzó su pronóstico: “Vas a ver muchas mujeres firmando otros artistas, así como se ve con los hombres. Yo ya creo que vamos por ahí. Yo ya veo a Karol G firmando un nuevo talento, una Ivy Queen”.

En el caso de Manuela Ocampo, su postura puso tierra de por medio con los ritmos de la industria. “Ese ritmo de la industria se ha maximizado y lo que hace que no nos pensemos a nuestros propios ritmos. Sigue siendo bien patriarcal, eso de los ritmos acelerados, y de no comprender cómo hay procesos que toman tiempo”, explicó.

Betzabeth hizo énfasis en cómo los artistas deberían incorporar la salud mental como un tema a seguir. “Hoy en día estamos más expuestas, todo pasa más rápido. Es importante que sepamos quiénes somos y no solamente llegar al éxito, sino no perdernos en ese proceso”, manifestó.

En un lugar intermedio se ubicó la postura de Renata Rincón: “Yo creo que la siguiente gran conversación es cómo hacemos de esta industria un lugar más auténtico y amigable y realista para las mujeres y para todos los artistas. La conversación va hacia el ser mujer en la industria”, señaló.

Fuente: Infobae

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