Gerónimo Benavides, más conocido como Momo, es abogado por la Universidad Nacional de La Plata, youtuber, streamer y uno de los pilares de la Coscu Army. Su vida es un contraste entre el éxito digital y una batalla interna constante. Viaja por el mundo filmando documentales en lugares históricos como Auschwitz y Chernóbil, pero confiesa que su peor enemigo está dentro de su cabeza.
Un perfil multifacético
Antes de ser creador de contenido, Momo trabajó en oficinas, boliches y como asesor jurídico. Su pasión por la historia lo llevó a escribir una tesis para dar clases en la universidad, centrada en el corte carismático de los líderes políticos del siglo XX: Gandhi, Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini y el mariscal Tito.
“Ser abogado lo tomo como un logro personal, ni siquiera lo tomo como un trabajo o un futuro trabajo”, afirma. Cuando se le pregunta si es el streamer más formado, responde: “¿Sí? No lo sé, eso lo tiene que decir la gente”.
La lucha contra los demonios
Momo es sincero sobre su salud mental. “Yo la paso muy mal. Por suerte la gente me quiere, me tiene un afecto… Lo peor es mi propia cabeza cuando estoy solo con mis pensamientos, ahí es donde soy muy crítico de mi persona. Yo soy el primero en pegarme con un látigo”, revela.
Ha atravesado dos depresiones profundas. La primera hace 24 o 25 años, y la otra recientemente. En la más actual, llegó a considerar el suicidio. “Cuando barajás la posibilidad, porque el dolor es tan grande que querés que se termine… Ahí se prende el freno de mano y decís, vamos al psicólogo, un profesional, un psiquiatra”. Estuvo medicado con antidepresivos y ansiolíticos, pero dejó los antidepresivos porque sentía que perdía su esencia: “Con el antidepresivo era una persona distinta, había perdido la chispa, la impronta, la velocidad”.
Para mantener a raya los malos pensamientos, se mantiene ocupado. “Lo que a mí me apasiona me mantiene ocupado y mantiene mis demonios alejados, los malos pensamientos”. Se refugia en trabajos manuales como carpintería y herrería, que exigen toda su atención. “Son trabajos con máquinas que te pueden cortar una mano… Como tu atención está tan enfocada no te podés desviar en pensamientos”.
El refugio familiar
Su principal apoyo es su familia. “Mi casa es como un búnker de autosubsistencia”. Construyó su hogar en La Plata, pensado para no tener que salir durante un mes. Su madre es “la calefacción” y su hermano “el frío”: hablar con él lo calma de la ansiedad.
Momo creció en el barrio 19 de Febrero de Villa Elvira, en un hogar humilde. Recuerda que su madre nunca negaba comida a quienes tocaban la puerta. “Mi casa era refugio de animales. Si vos te crías con eso empezás a entender que el dolor del otro te duele”.
El sueño de ser padre y las relaciones
A sus 37 años, su mayor anhelo es tener un hijo. “El sueño mayor es tener un hijo, ese es el sueño real. Debe ser el regalo más lindo que te puede dar la vida”, dice, aunque reconoce que es difícil encontrar pareja. “Relacionarse está muy difícil, está todo muy superficial”. Él se describe como “un tipo raro” y ha resignado su vida social: no sale de noche, no bebe alcohol, no toma drogas.
En el amor, busca a alguien “que sea buena mujer, que sea inteligente, que tenga un objetivo en su vida, que le apasionen cosas. No me conformo con lo que hay, quiero tener todo”. Acepta que es complicado, pero no se desespera: “Sueño con mi historia de amor, sueño con casarme, tener hijos, la fotito con la camioneta y mis hijos y mi mujer”.
Argentinidad y fama
Momo siente un fuerte orgullo por su país, pero critica a quienes lo dejan mal parado en el exterior. “La argentinidad hay que llevarla a todo el mundo orgullosamente”. Ha recorrido países como Alemania, Luxemburgo y Estados Unidos, donde nota frialdad social. “Acá en Argentina pasan cosas todo el tiempo, a veces son muy malas, a veces son muy buenas”.
Sobre la fama, dice que no le interesa el dinero ni los lujos. “A mí ya me quisieron bajar el billete varios gobiernos, no solo este”, afirma, defendiendo su independencia. Aunque disfruta el éxito, sabe que no lo es todo: “Al final la guita no es la felicidad, yo antes tenía menos y era más feliz”.
“Estamos en una era donde ser hijo de puta está de moda y a mí me criaron con una empatía máxima”

Momo también reflexiona sobre el dolor ajeno. “He tenido seguidores que se han quitado la vida… para mí es lo peor que hay el suicidio”. Esa experiencia lo marcó y lo lleva a ser empático con los problemas sociales.

Su vida está llena de proyectos. Viajó a Qatar a trabajar con la Selección Argentina y la FIFA, y sigue generando contenido histórico. A pesar de todo, admite que el paso del tiempo le genera miedo: “Quiero que mis hijos me vean trabajar como trabajo ahora, que me vean agarrar un hacha, una sierra, una soldadora… Tengo un tiempo, no sé cuánto, pero todavía tengo tiempo”.

Momo descansa poco, apenas cuatro o cinco horas. “Trato de cansarme. Entreno fuerte, ahora nado, y dejo un poco la porquería esta (el celular)”. Sabe que las pantallas son una herramienta de trabajo, pero también una trampa.

En cuanto a las relaciones, confiesa que antes conocía mujeres a través de redes, pero ahora el mapa se ha reducido. “Tengo un perfil con 1.7 millones de seguidores, pero eso no significa que tenga mil minas detrás”. Busca una conexión real, no superficial.

Fuente: Infobae