La frase “Siempre nos quedará París” resuena en la memoria colectiva como un eco imborrable del séptimo arte. Quien la ha escuchado, aunque sea sin saberlo, ya ha pisado el universo de Casablanca. Dirigida por Michael Curtiz, esta producción narra el reencuentro de los antiguos amantes Rick e Ilsa en la ciudad marroquí, un refugio para quienes huían del avance nazi durante la Segunda Guerra Mundial. La cinta no solo es un pilar del cine clásico, sino que legó a la posteridad esta y otras memorables sentencias.
Más de ocho décadas después de su estreno original, el filme mantiene un poder de convocatoria inusual. Prueba de ello ha sido su notable permanencia en el catálogo de HBO Max, plataforma de streaming de la cual desaparecerá el próximo 31 de julio. Desde este espacio no podemos dejar de recomendar esta obra maestra, una singular amalgama de drama, romance, sátira y tensión política que, en su momento, transformó los cimientos de la industria cinematográfica.
Lo que inicialmente se concibió como “un trabajo más” para los estudios de Hollywood terminó superando sus propias limitaciones y una apatía inicial para erigirse en un referente que ha conmovido a generaciones enteras. ¿Dónde reside su magia? Quizás en la brillantez de un guion que se improvisaba día a día, en la poderosa química entre Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, dos intérpretes destinados al Olimpo de Hollywood, o en esa genial mezcla de temas que logró capturar el miedo, la esperanza y la tragedia del mayor conflicto bélico de la humanidad.
Así se gestó una obra maestra
Durante las primeras semanas de 1942, Warner Bros. adquirió los derechos de una obra teatral inédita titulada Everybody Comes to Rick’s. El guion, que presentaba a un Rick propietario de un café en una ciudad bajo dominio nazi y controlada por la Francia de Vichy, pasó por las manos de hasta seis escritores diferentes. El productor Hall B. Wallis dirigió el proyecto buscando repetir el éxito de cintas como Argel (1938), aunque con menos ambición y opulencia, optando por el blanco y negro y un tono marcadamente cínico.
Debido a estas limitaciones, la filmación se llevó a cabo casi en orden cronológico, no por una decisión artística sino por pura necesidad: el libreto se reescribía cada noche, lo que obligaba a finalizar las jornadas sin saber cómo continuaría la historia al día siguiente. El guionista Julius Epstein describió aquel proceso como “lanzar un rompecabezas al aire cuando se trataba de que todas las piezas encajaran”. Curiosamente, el desenlace final no fue una decisión de los escritores.
Los actores tampoco se salvaron del caos. Humphrey Bogart lidió con los celos y la hostilidad de su esposa Mayo Methot, quien era una visitante habitual del set. En cuanto a Ingrid Bergman, que inicialmente no se sentía atraída por el proyecto y lo aceptó casi por descarte, se enfrentó a una producción que le impedía preparar adecuadamente su personaje debido a los constantes cambios de guion. Casablanca plantea un triángulo amoroso entre Rick, Ilsa y su esposo, Victor Laszlo. Confundida, Bergman le preguntó un día a Curtiz a cuál de los dos amaba realmente su personaje. “A los dos”, respondió tajante el director.
Por fortuna para la actriz, el final sí parecía estar claro gracias al Código Hays: un estricto conjunto de normas de autocensura moral que rigió la industria cinematográfica de Hollywood entre 1934 y 1968. Ideado por Will H. Hays, exigía que las películas no ridiculizaran la ley, mostraran el triunfo del bien sobre el mal y evitaran desnudos, besos apasionados, lenguaje soez o cualquier referencia a la homosexualidad. En otras palabras, nunca se contempló la posibilidad de que los amantes terminaran juntos.

“Es la quintaesencia de las producciones de la época de los estudios”
A pesar del caos que rodeó su producción, Casablanca resultó ser un éxito inmediato. Se alzó con el Oscar a la mejor película, al mejor guion y a la mejor dirección, y se colocó entre las cintas más taquilleras de su año. Más allá de estos logros, la película se integró en la cultura popular. Como señala una reseña del diario británico The Telegraph:
“Es la quintaesencia de las producciones de la época de los estudios: una obra en la que elementos convencionales y un material de partida poco prometedor (una obra de teatro nunca representada) se fusionaron misteriosamente para dar lugar a un clásico”.
Así, pese al tiempo transcurrido desde su estreno, Casablanca continúa sumando seguidores en su recorrido por los catálogos de las plataformas de streaming. Además de en HBO Max, puede verse en Filmin y Movistar Plus. En cualquiera de ellas, el espectador puede volver a escuchar a Humphrey Bogart pronunciar aquello de que “siempre nos quedará París” y observar cómo un avión levanta el vuelo con una historia de amor que no volverá jamás, pero que se quedará eternamente con nosotros en forma de película.
Fuente: Infobae