¿Ventilador contraproducente? El umbral de los 35 °C que alertan expertos

El ventilador se convierte en el electrodoméstico estrella durante los meses de calor intenso. Sin embargo, su utilidad tiene un límite bien definido: cuando el termómetro supera los 35 grados, este aparato puede dejar de ser un aliado y, en cambio, comenzar a incrementar la sensación térmica sobre el cuerpo. La razón es que no enfría el aire, sino que solo lo desplaza sobre la piel.

El efecto refrescante que se percibe al encender un ventilador depende, según expertos en climatización, de que el movimiento favorezca la evaporación del sudor. Esta ayuda se revierte cuando el ambiente está más caliente que la superficie del cuerpo. Las directrices del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos recomiendan no utilizar ventiladores por encima de los 32,2 grados. Por su parte, el Plan de Calor del Gobierno Vasco sitúa la pérdida de efectividad entre los 35 y 36 grados. La eficacia no depende solo de la temperatura, sino también de la humedad ambiental.

El punto de referencia fundamental es la temperatura de la piel humana, que ronda los 35 grados. El organismo activa mecanismos de termorregulación para mantener ese valor. Si el aire de la habitación supera ese umbral, el ventilador deja de ayudar a disipar el calor y comienza a impulsar aire caliente sobre la piel, empeorando la situación.

Es importante aclarar que la sensación de alivio inmediato que se siente al conectar un ventilador no implica que la temperatura de la habitación haya descendido. Su función se limita a mover el aire, y esa corriente acelera la evaporación del sudor, un proceso fisiológico que extrae calor de la piel. Sin sudoración eficiente, el ventilador pierde su propósito.

El papel de la humedad en el efecto del ventilador

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recoge en sus directrices sobre temperaturas interiores que los ventiladores no reducen ni un grado la temperatura de la estancia. El beneficio aparece solo cuando el movimiento del aire mejora la evaporación y, con ella, la pérdida de calor corporal.

Este mecanismo cambia drásticamente cuando se introduce la humedad ambiental. En situaciones de calor seco, el sudor se evapora con facilidad incluso sin ayuda externa. En cambio, en ambientes húmedos, el sudor se evapora peor y se genera la molesta sensación de piel pegajosa. En este último escenario, el ventilador puede romper la capa de humedad que se acumula junto al cuerpo y seguir siendo útil.

Estudios realizados en Australia demuestran que, bajo condiciones de alta humedad, los ventiladores pueden mantener su efecto beneficioso incluso hasta los 42 grados. La clave no es una temperatura universal, sino la combinación específica entre calor y humedad en cada ambiente.

Edad y salud: factores que definen el riesgo

Una investigación realizada por la organización Cochrane concluye que no existe evidencia de alta calidad que demuestre de forma contundente que los ventiladores reducen los efectos adversos de las olas de calor. Esta incertidumbre se debe a la gran cantidad de variables que intervienen, como la humedad, la edad y el estado de salud de la persona.

La edad es un factor determinante. Con el paso de los años, y con el uso de ciertos medicamentos, disminuye la capacidad de sudar y de regular la temperatura corporal. Estas dos funciones son esenciales para que el ventilador resulte útil y no contraproducente.

De esta manera, un mismo ventilador en la misma habitación puede producir resultados opuestos según la persona que esté expuesta a él. Puede sacar de un apuro a una persona joven sana, pero representa un riesgo de deshidratación y golpe de calor para una persona mayor o con problemas de salud, bajo las mismas condiciones.

Fuente: Infobae

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