Desde sus primeros años, Nicolás Maiques supo que la actuación era más que una vocación: era su refugio. El actor, que empezó a los once años en publicidades, recordó en una entrevista con Teleshow que de pequeño ya creaba su propio contenido. En su casa, montó un programa infantil llamado Mamarracho, donde se desempeñaba como conductor y productor. Sin embargo, mientras las cámaras encendían su sonrisa, en la escuela enfrentaba una realidad muy distinta: el acoso constante por su identidad.
“La directora del jardín obligó a mi padre a mandarme a terapia porque me quería curar la homosexualidad”, confesó Maiques, remontándose a esos años de infancia donde el prejuicio ya se manifestaba con crudeza. Esa experiencia, lejos de quebrarlo, lo llevó a desarrollar una estrategia de supervivencia: fingir demencia ante los insultos y aferrarse a su autenticidad.
Con más de tres décadas de trayectoria, Maiques ha sido actor, cantante, productor y viajero incansable, trabajando en diversos países de Latinoamérica y Europa. Hoy, con una mezcla de sinceridad y picardía, afirma que ama vivir, y que el verdadero prestigio no está en los escenarios más exclusivos, sino en ser buena persona y no traicionarse a uno mismo.

Los inicios de un artista sin herencia familiar
Maiques contó que en su familia no había antecedentes artísticos. “Mi madre es psicóloga, aunque le encanta cantar, pero no se dedica al arte”, explicó. A pesar de ello, desde muy pequeño sintió que la actuación estaba incorporada en él. A los cinco años, ya reunía a los niños del barrio para grabar un programa ficticio en su casa, con decorado y canción incluidos.
El acoso escolar y la terapia impuesta
El paso por la escuela fue particularmente difícil. “Desde primer grado hasta quinto año fui señalado, era el maricón, trolo y todo lo que imaginás”, recordó. El hostigamiento, según dijo, venía mayormente de los varones, aunque también de algunas mujeres. “Yo fingía demencia. Era una forma de protegerme”, afirmó con claridad.
Cuando la directora del jardín de infantes obligó a su padre a llevarlo a terapia para “curar la homosexualidad”, los psicólogos de entonces apoyaban esa visión. Cambió de terapeuta y continuó asistiendo porque era un requisito del jardín. Su madre, también psicóloga, optó por no hablar del tema hasta que él fue adulto, explicándole: “Yo respeté tus tiempos”.

De la soledad a los primeros amigos
En la primaria, Maiques tenía pocos amigos. “Tenía algunos, por supuesto, pero no era un grupo de amigos”, relató. La situación mejoró en la secundaria, donde formó un pequeño círculo de dos amigas. A los trece o catorce años, comenzó a estudiar actuación formalmente en un centro cultural, y las publicidades se convirtieron en su puerta de entrada al mundo profesional.
Su primer trabajo fue una publicidad para Uruguay, de una galletita llamada Sensaciones. Luego vinieron campañas para chocolates, telefonía y más. En España, durante tres años, fue la imagen de una marca importante de telefonía, imitando el acento español con tal precisión que la agencia descartó doblarlo. “Cuando me escucharon, dijeron: ‘Estás perfecto, entonces no te doblamos’”, recordó.

Reinvención constante y sin prejuicios
Maiques ha participado en novelas, realities y teatro. En Perú fue parte de Los reyes del playback, versión local de Como tu cara me suena. Para él, el prestigio no depende del formato. “El prestigio no te lo da el tipo de programa, sino ser una persona con ética, ser profesional, respetuoso. Ser buena persona es el prestigio”, sentenció.
El éxito, en su visión, no se mide solo en rating. “Va bien y es un éxito porque hacemos un programa de cuarenta puntos de rating, pero tenés depresión… es muy difícil evaluar el éxito”, reflexionó. Con el tiempo, aprendió a reírse de sus errores, algo que antes le costaba. “En una obra, a los 27, 28 años, me equivoqué y empecé a reírme, y me dijeron: ‘¿De qué te reís?’ Esa fue la frase para mí. Pude dejar de lado lo oscuro del error”, reveló.
Un cambio inesperado en el Teatro Picadilly
Actualmente, Maiques se prepara para el estreno de Un Cambio Inesperado, junto a Nazarena Vélez y Santiago Caamaño, con dirección de Carlos Kaspar y la propia Vélez. La obra se presentará en el Teatro Picadilly el próximo 7 de agosto. “Estamos trabajando muy bien, ensayando y muy contentos del equipo que se armó”, comentó.
Sobre el mensaje de la obra, Maiques destacó la importancia de la empatía corporal. “Solamente sabés lo que es normal para vos. Te criticás tu rollo, te criticás la panza flaca que no te gusta, pero con el cuerpo del otro no tenés mapa. Hace falta literalmente ponerse en el cuerpo del otro para verse a uno mismo desde el otro lado”, explicó.
Fuente: Infobae