En el corazón del exclusivo distrito de Gangnam, en Seúl, Corea del Sur, un prestigioso restaurante galardonado con dos estrellas Michelin enfrenta un proceso judicial que podría enviar a prisión a su propietario. La Fiscalía solicitó una condena de un año de cárcel y una multa de 20 millones de wones, equivalentes a USD 13.535,93, por adornar un postre con hormigas, una especie que está prohibida para el consumo humano en el país asiático.
De acuerdo con la información divulgada por la agencia local Yonhap y retomada por el diario británico The Guardian, el caso no solo involucra al chef principal, sino también a la empresa gestora del establecimiento. Ambos son señalados como responsables de violar la ley de higiene alimentaria. El escándalo ha generado un intenso debate en la escena gastronómica internacional, donde el uso de insectos es parte de la innovación culinaria en varios países.
Una denuncia que nació en redes sociales y blogs

El Ministerio de Seguridad Alimentaria y Farmacéutica de Corea del Sur inició una investigación después de detectar publicaciones en blogs y redes sociales que mencionaban platos con hormigas. No fue una inspección de rutina; la alerta surgió cuando el menú del restaurante ganó notoriedad en internet. Según Yonhap, la Fiscalía sostiene que el local importó hormigas secas desde Estados Unidos y Tailandia a partir de 2021, utilizándolas para espolvorear un sorbete de postre ofrecido a comensales interesados en sabores poco convencionales.
La legislación surcoreana solo autoriza diez especies de insectos para consumo humano, entre ellas saltamontes, gusanos de la harina y crisálidas de gusanos de seda. Las hormigas no están incluidas en esa lista, por lo que cualquier negocio que desee emplearlas debe obtener una autorización temporal del ministerio. El restaurante omitió ese trámite y, conforme a la normativa, se enfrenta a sanciones que pueden alcanzar cinco años de prisión o multas de 50 millones de wones (USD 33.839,00).
La acusación detalla que el postre con el insecto prohibido se vendió en 12.200 ocasiones, generando ingresos por 120 millones de wones (USD 81.213,60) y utilizando un total de 49.000 hormigas. Este caso se perfila como uno de los mayores escándalos relacionados con ingredientes en la alta cocina surcoreana.
La defensa cuestiona las cifras de la Fiscalía

Durante el juicio, la defensa del restaurante puso en duda los cálculos oficiales. Argumenta que solo cerca del 60% de los clientes aceptó la opción con hormigas, lo que reduciría significativamente el número de ventas y la cantidad de insectos empleados. Además, el menú del local consta de 15 pasos, pero únicamente un plato incluye este ingrediente.
El chef declaró ante el tribunal que decidió incorporar las hormigas buscando aportar acidez y nuevas texturas, una técnica que aprendió durante su etapa profesional en Estados Unidos y Europa. Sostuvo que desconocía que el uso de hormigas fuera ilegal en Corea del Sur, ya que en países como Dinamarca, Reino Unido y Australia el empleo de insectos en la alta cocina es una práctica habitual.
La defensa subrayó que el ingrediente siempre se ofreció como una alternativa voluntaria y nunca como una imposición. Esta postura busca mitigar la responsabilidad penal del propietario y de la empresa, destacando la transparencia con los comensales.
Seguridad alimentaria frente a la creatividad gastronómica

El caso ha puesto en evidencia la brecha entre la innovación en la alta cocina y los marcos regulatorios nacionales. Según The Guardian, la Fiscalía defiende que la ley debe aplicarse con rigor para proteger la salud pública. El Ministerio de Seguridad Alimentaria y Farmacéutica sostiene que la creatividad culinaria debe respetar los límites legales y que los controles sobre los ingredientes cumplen un objetivo esencial para la seguridad de los consumidores.
El proceso también ha reavivado el debate sobre la apertura de la gastronomía surcoreana a las tendencias internacionales. La defensa citó ejemplos de restaurantes europeos y australianos que emplean insectos, y pidió una revisión de las normas para evitar que el país quede rezagado frente a la competencia global.
El tribunal programó la lectura de la sentencia para el 2 de septiembre. Esta decisión podría sentar un precedente en la relación entre la creatividad de la alta cocina y la regulación en materia de salud pública en Corea del Sur.
Fuente: Infobae