La necesidad de profesionales con habilidades en infraestructura cloud se disparó un 34% en Argentina durante el último año, mientras que la cantidad de expertos con experiencia demostrable aumentó menos de la mitad de ese porcentaje. Esta disparidad marca una de las mayores brechas de talento en el sector tecnológico local.
Cubrir una posición técnica especializada dentro del ámbito financiero puede extenderse por más de 90 días, y el tiempo se alarga aún más cuando se requieren conocimientos en infraestructura crítica, cumplimiento normativo y sistemas altamente regulados. No es solo una cuestión de escasez numérica; el problema de fondo es que el perfil que hoy exige la industria prácticamente no se forma de manera estructurada.
Durante años, las entidades financieras buscaban ingenieros en sistemas, especialistas en infraestructura o profesionales con experiencia en servicios en la nube. Hoy, eso resulta insuficiente. La transformación digital, la adopción masiva de arquitecturas cloud y el peso creciente de las regulaciones han dado origen a un nuevo tipo de profesional: alguien que pueda fusionar un alto conocimiento técnico con una comprensión integral del funcionamiento de una organización financiera.
No basta con dominar AWS, Azure o herramientas de automatización. También se requiere entender qué implica operar un sistema que no puede detenerse jamás, cómo diseñar arquitecturas con niveles mínimos de indisponibilidad, cómo resguardar información sumamente sensible y cómo garantizar que cada decisión técnica cumpla con exigencias regulatorias cada vez más complejas.
Ese conocimiento difícilmente se adquiere solo en las aulas. Las carreras de ingeniería ofrecen una base sólida, pero los planes de estudio no logran avanzar al mismo ritmo que la tecnología ni anticipar las necesidades específicas de sectores como el financiero.
La especialización, en la mayoría de los casos, llega cuando el profesional se enfrenta a problemas reales de producción: millones de operaciones, disponibilidad absoluta y exigencias de seguridad que no admiten margen de error. A su vez, el otro vector de expertise, que podría resumirse en “conocer del negocio”, también requiere tiempo y exposición constante.
Experiencia fuera del aula
Argentina posee uno de los ecosistemas de talento tecnológico más reconocidos de la región. Es uno de los principales exportadores latinoamericanos de servicios de software y miles de ingenieros trabajan a diario en proyectos para empresas de Estados Unidos y Europa.
Sin embargo, esa misma fortaleza alimenta el problema. Buena parte de los profesionales que adquieren experiencia en infraestructura de gran escala lo hacen prestando servicios para compañías del exterior. Es decir, el talento existe, pero la experiencia específica que demanda el sistema financiero local se gesta, en su mayoría, fuera del mercado argentino.
La consecuencia es una brecha difícil de cerrar. Las entidades financieras terminan formando internamente a estos perfiles, un proceso que puede llevar entre uno y dos años. En ese lapso invierten tiempo de especialistas senior, recursos de capacitación y conocimiento crítico. El riesgo adicional es que, una vez que el profesional alcanza el nivel esperado, las ofertas internacionales suelen presentar condiciones más atractivas, lo que incrementa la rotación.
Cuando esa formación interna no es viable, muchas organizaciones recurren a consultoras especializadas o simplemente postergan proyectos de modernización tecnológica por falta de capacidad técnica disponible. Son costos que rara vez aparecen en un balance, pero que impactan directamente en la velocidad de innovación, la resolución de incidentes y la capacidad de responder a un entorno regulatorio cada vez más exigente.
El desafío tampoco parece pasajero. El Foro Económico Mundial ya ubica a los especialistas en ingeniería cloud y DevOps entre los perfiles con mayor déficit de oferta a nivel global para los próximos años, una tendencia que también se refleja en Argentina.
La respuesta, entonces, probablemente no pase únicamente por formar más ingenieros, sino por generar más oportunidades para que esos profesionales acumulen experiencia en entornos desafiantes. Porque el mercado financiero ya no necesita solo expertos en tecnología: necesita ingenieros capaces de comprender que detrás de cada decisión de arquitectura hay operaciones, regulaciones y millones de usuarios que dependen de que un sistema simplemente nunca deje de funcionar.
Fuente: Infobae