Desde el año 2014, la Federación Mundial de Neurología (WFN) estableció el 22 de julio como el Día Mundial del Cerebro, en conmemoración de la fundación de la organización en Bruselas durante 1957. La WFN, que reúne a 126 sociedades neurológicas alrededor del planeta, tiene como misión promover la salud cerebral mediante la educación y la formación continua.
¿Por qué merece el cerebro una jornada especial? Este órgano fascinante continúa asombrando a los científicos con su plasticidad y capacidad de reorganizarse, incluso frente a las circunstancias más adversas. Dicha habilidad resulta clave cuando se estudia el aprendizaje que ocurre a lo largo de toda la vida. La ciencia cognitiva, desde hace décadas, demuestra que el cerebro asimila mejor cuando se emplean estrategias que, a simple vista, pueden parecer contraintuitivas o más complejas.

Recordar es más efectivo que releer
Durante generaciones, la técnica de estudio predominante fue la relectura: repasar el material una y otra vez hasta sentir que el conocimiento se había adquirido. Sin embargo, una investigación de 2006, realizada por Henry Roediger y Jeffrey Karpicke y publicada en Psychological Science, demostró el llamado “efecto de la práctica de recuperación”, abriendo nuevas perspectivas sobre cómo aprendemos. Al comparar un grupo que releía textos múltiples veces con otro que, tras una sola lectura, cerraba el material y trataba de recordarlo activamente, se observó que el segundo grupo —el de la evocación— retenía mejor la información una semana después.
Este hallazgo, conocido como “efecto de la prueba”, se fundamenta en que cada vez que el cerebro reconstruye un recuerdo desde cero, en lugar de tenerlo presente en un texto, refuerza las conexiones sinápticas que lo sostienen.
Espaciar el estudio rinde más que concentrarlo
Estudiar la noche anterior no es la mejor estrategia para que el conocimiento perdure. El meta-análisis de Nicholas Cepeda y su equipo, publicado en Psychological Bulletin en 2006, revisó 839 comparaciones de 184 artículos, confirmando lo que el filósofo y psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus intuyó en el siglo XIX: distribuir el estudio de un mismo contenido en varias sesiones separadas en el tiempo produce una mejor retención a largo plazo.
El “efecto de espaciado” tiene una base neurobiológica relacionada con la consolidación, ya que cada reencuentro con la información, después de que el cerebro comienza a olvidarla, obliga a un nuevo esfuerzo de recuperación. Una revisión más reciente de 2025, publicada en la revista Behavioral Sciences, extendió esta evidencia a contextos de aula reales, beneficiando también a estudiantes de primaria y secundaria.

El error mejora el aprendizaje
Crear entornos seguros para equivocarse es una de las herramientas más poderosas para fijar aprendizajes en ámbitos educativos y profesionales. La psicóloga Janet Metcalfe, de la Universidad de Columbia, revisó en Annual Review of Psychology varios estudios que muestran que, cuando un estudiante responde algo incorrecto con alta confianza y luego recibe la corrección, tiende a recordar la respuesta correcta mejor que si nunca se hubiera equivocado.
Este fenómeno se denomina “efecto de hipercorrección” y depende de dos condiciones: primero, que el error se haya cometido con convicción real y no al azar; segundo, que la retroalimentación llegue de forma clara e inmediata. La clave está en la sorpresa de ser corregido, que genera una mayor retención de la nueva información correcta. No obstante, Metcalfe advierte que esta estrategia funciona en instancias de “bajo riesgo”, es decir, donde el estudiante puede equivocarse durante el proceso de aprendizaje y no en una evaluación puntual.
Aprender una habilidad nueva fabrica mielina
En un mundo que constantemente exige adquirir nuevas competencias, el cerebro está preparado para esa tarea. La sustancia blanca de este órgano cambia físicamente cada vez que se aprende algo nuevo. Cassandra Sampaio-Baptista y Heidi Johansen-Berg, de la Universidad de Oxford, documentaron en una revisión publicada en Neuron que la práctica de una habilidad motora modifica la mielina, la capa que envuelve los axones y acelera la transmisión eléctrica entre neuronas.
Un estudio de imágenes por resonancia magnética, publicado a principios de 2026 en Communications Biology, que siguió a adultos sanos durante cuatro semanas de entrenamiento de equilibrio, confirmó que estos cambios en la microestructura de la sustancia blanca están directamente vinculados a la mejora del desempeño motor. La repetición deliberada de una tarea, durante el proceso de aprendizaje hasta su dominio, no solo refuerza la sinapsis, sino que además acelera físicamente la velocidad de comunicación neuronal. El aprendizaje a lo largo de la vida es una estrategia que permite que el cerebro siga reconfigurándose constantemente.
Crear “cócteles” de problemas enseña mejor
La práctica en bloque no resulta la más efectiva. Un estudio publicado en Journal of Educational Psychology, liderado por Doug Rohrer, Robert Dedrick y Sandra Stershic, trabajó con dos grupos de estudiantes de séptimo grado para analizar las diferencias entre trabajar en bloque y de forma intercalada con diversos tipos de problemas. Los estudiantes que practicaron de forma intercalada obtuvieron resultados netamente superiores en una evaluación final, y la ventaja se mantuvo incluso semanas después.
La explicación cognitiva es que la práctica en bloque le dice al cerebro de antemano qué estrategia usar, mientras que la intercalada obliga a mantener una agilidad especial para identificar primero la problemática y luego intentar resolverla. Evocar cuesta más que releer; espaciar genera la sensación de haber olvidado; equivocarse incomoda; intercalar problemas distintos se percibe como más difícil. Pero todas estas son “dificultades deseables” que impactan en la memoria, dejando una verdadera huella en el aprendizaje.
Fuente: Infobae