PM2.5: Europa resiste mejor la contaminación que EE.UU., según el Banco de España

Vivir en la ciudad suele implicar aire más cargado, ruido y aglomeraciones. Más allá del costo de los alquileres, la calidad del aire se convierte en un factor crítico. Un estudio reciente del Banco de España analiza la relación entre densidad de población y contaminación atmosférica, y revela que las ciudades europeas logran un vínculo mucho más débil entre estos dos factores que las estadounidenses.

El informe, desarrollado por el equipo de investigación del organismo, examina cómo el crecimiento urbano incide en la concentración de partículas contaminantes PM2.5, consideradas uno de los principales riesgos ambientales para la salud pública. Según los datos recopilados, en las ciudades europeas un incremento del 1% en la densidad de población provoca un aumento del 6% en la exposición a PM2.5. En contraste, en las ciudades de Estados Unidos ese mismo incremento genera un crecimiento del 14%. El estudio subraya que esta elasticidad —la respuesta de la contaminación a los cambios en la densidad— es casi la mitad en el contexto europeo.

Este resultado indica que el modelo urbano europeo logra combinar mayor compacidad y proximidad entre residentes con un menor coste ambiental en términos de contaminación atmosférica. Entre los factores que influyen en este comportamiento, el informe menciona la configuración urbana, el peso del transporte público, las distancias de desplazamiento y las características del parque automotor.

Un cartel en la Zona de Bajas Emisiones en el centro de la ciudad, a 22 de abril de 2026, en Madrid (España). (Eduardo Parra./ Europa Press)

El documento resalta que el diseño de políticas urbanas debe considerar estas diferencias estructurales. Para el Banco de España, la evidencia respalda la posibilidad de impulsar densidades mayores en las ciudades europeas sin asumir necesariamente un incremento proporcional de la contaminación, algo que no ocurre en igual medida en el caso estadounidense.

La situación en Europa es menos mala

El informe también explora las razones detrás de esta menor elasticidad. Una de las claves señaladas es la existencia de políticas de movilidad más restrictivas, como las zonas de bajas emisiones (LEZ, por sus siglas en inglés), que limitan el acceso de vehículos altamente contaminantes. Estas medidas, muy extendidas en ciudades europeas, contribuyen a reducir la cantidad de partículas en suspensión, incluso cuando la densidad urbana es elevada.

Al analizar el impacto de las zonas de bajas emisiones, el documento del Banco de España indica que su implementación ha permitido reducir la exposición a PM2.5 en un 4% dentro de las áreas reguladas, y que los beneficios se extienden hasta 3 kilómetros fuera de sus límites. Esto demuestra que las medidas adoptadas en un área pueden mejorar la calidad del aire también en barrios vecinos.

Desigualdad por territorios

No obstante, el informe también advierte sobre la heterogeneidad de los resultados.

“Las reducciones se concentran en las ciudades más grandes y densas, así como en aquellas con zonas de tamaño medio en relación con la superficie urbana total. Por el contrario, en las ciudades y zonas más pequeñas no se observa ningún efecto significativo”, indica el informe.

Esta diferencia entre ciudades hace necesario ajustar las políticas según las características de cada lugar.

El Banco de España señala que los efectos positivos de las zonas de bajas emisiones no se explican por un simple desplazamiento de la actividad económica hacia lugares no regulados, sino por una renovación del parque automotor. Al restringir la circulación de los vehículos más contaminantes, estas medidas incentivan la adopción de tecnologías más limpias y repercuten en la calidad del aire de toda la ciudad.

El estudio refuerza la idea de que la densificación urbana puede ser compatible con la mejora ambiental si se acompaña de políticas ambiciosas y bien diseñadas. La experiencia europea, recogida en el informe, muestra que es posible construir ciudades compactas, eficientes y menos contaminadas, siempre que exista un marco regulatorio adecuado y una inversión sostenida en movilidad sostenible.

Entre las recomendaciones, el informe subraya la importancia de combinar el crecimiento poblacional con la innovación en transporte y la renovación tecnológica. El reto, según el Banco de España, consiste en garantizar que el desarrollo urbano no implique un deterioro de la calidad del aire, sino una oportunidad para avanzar hacia modelos más saludables y resilientes.

Fuente: Infobae

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