Ferrari es probablemente la marca automotriz más icónica del mundo, fruto de una combinación sublime entre pasión y arte mecánico. Su reputación no solo se sostiene por ser la escudería más laureada en la historia de la Fórmula 1, sino también por la fascinación que generan sus modelos, sin importar la época. El magnetismo se intensifica con las numerosas obras literarias, biografías y películas que han rodeado la figura de su fundador, Enzo Ferrari.
Por ello, la oportunidad de ingresar a la fábrica de Maranello y recorrer sus pasillos resulta irresistible. Poco importa que esté prohibido tomar fotografías, que se coloque un sello de seguridad en las lentes de los celulares y que incluso no se permitan grabaciones de audio del guía. En esta ocasión, el recorrido se realizó con solo cuatro personas, y el entusiasmo no se vio afectado ni siquiera por el calendario, coincidiendo con las fechas del mundial de fútbol que capta la atención de la mayoría de los argentinos.

La fachada histórica da a la vía Abetone Inferior, donde está el icónico acceso que miles de fanáticos fotografían. Es también la frontera donde, al mediodía, cientos de trabajadores con sus inconfundibles monos rojos salen hacia el estacionamiento externo para regresar a casa. Enfrente se encuentra el Ristorante Cavallino, donde Enzo Ferrari almorzaba a diario y que hoy cuenta con una estrella Michelin.
Visitar una fábrica de autos siempre atrae, pero recorrer las plantas de Maranello es fascinante. ¿Dónde más se puede estar tan cerca de la mayor concentración de Ferrari nuevas del mundo, con una asombrosa variedad de modelos, colores, tapizados y equipamientos?

Estar a centímetros de modelos como la Testarossa, Purosangue, Roma, Amalfi, y la nueva Luce eléctrica, por los que compradores de todo el mundo, incluyendo Argentina, han pagado desde 250,000 euros más impuestos, hace palpitar el corazón de cualquier aficionado.
Ferrari genera un fenómeno único. Hace pocos días, un modelo Enzo, parte de colecciones de empresarios argentinos, fue vendido a un entusiasta estadounidense y trasladado en una operación logística especial que cruzó Buenos Aires.

Todo eso y más es la marca del Cavallino Rampante. En su sede industrial trabajan unas 5,000 personas, de las cuales el 30% son mujeres. Sorprende la juventud de muchos empleados, aunque la edad promedio es 38 años, y destaca la experiencia en el equipo que monta los famosos motores de doce cilindros.
Ferrari cuenta con híbridos y eléctricos, pero el rugido de los 12 cilindros, aún domesticado por normas anticontaminación y sonoras, sigue vigente para ofrecer exclusividad a la clientela.

En la línea de montaje final se observa una gran variedad de colores y estilos, con cada grupo de operarios ajustando el paquete personalizado para cada cliente. Casi al final, un equipo de especialistas inspecciona cada detalle con linterna, marcando en la carrocería los mínimos desvíos que luego se corrigen en una isla especial. Todos los autos se prueban antes de la entrega.
La armonía entre robots y humanos
La fábrica de Maranello exhibe un equilibrio delicado entre la robotización y el factor humano, cuya técnica es indispensable en casi todas las etapas.

Una característica llamativa son los sectores con plantas en casi todos los espacios interiores, que aportan oxigenación y un entorno cuidado.
En el área de mecanizado de motores, dos robots apodados Romeo y Julieta trabajan al compás bajo el control de operarios, evitando tareas pesadas. Los brazos robóticos están en diversas áreas; al final de la línea, otro robot como un pulpo coloca con precisión la luneta trasera de la Testarossa.

En todos los sectores el nivel de ruido es muy bajo, con espacios luminosos y pulcros. Al final de la línea apenas se oyen los pitidos de los carritos autónomos que transportan piezas y carrocerías.
Arquitectura de primer nivel en el complejo industrial
El predio impacta por la baja altura de los edificios, ninguno supera las chimeneas, y por el diseño de cada planta, con sello de arquitectos reconocidos.

El túnel de viento fue diseñado por Renzo Piano; los talleres mecánicos, el pabellón de pintura y el comedor, por Mario Visconti; el edificio de logística deportiva, por Luigi Stuchio; y el centro de desarrollo de productos, por Massimiliano Fuksas.
Uno de ellos, con una atractiva combinación de aluminio y cristal, recibe a los compradores que buscan privacidad y son tratados con todos los cuidados.
Una excepción al estilo italiano es el nuevo edificio de la línea de montaje, obra del arquitecto francés Jean Nouvel, conocido por el Instituto del Mundo Árabe de París, la torre Agbar de Barcelona y el Museo Nacional de Qatar.

El diseño industrial se combina con el factor humano: las calles llevan nombres de pilotos y campeones de Ferrari. Michael Schumacher da nombre a la plaza central del circuito de Fiorano.
Maranello, en el corazón de la gastronomía emiliana
Maranello tiene 18,000 habitantes, en la llanura de Emilia Romaña, conocida por su alta concentración de alimentos con denominación de origen protegida, como Prosciutto di Parma, Salame Cremona, Mortadella di Bolonia, Aceto Balsámico, Parmigiano Reggiano, Grana Padano, entre otros.

Allí, Enzo Ferrari decidió levantar su fábrica en 1943. Hoy se producen apenas 13,000 autos al año, incluido el Luce, modelo 100% eléctrico, cuyo controvertido lanzamiento provocó la salida repentina de su responsable de marketing.
La Scuderia y los secretos de la Fórmula 1
El predio alberga la sede de Scuderia Ferrari, donde se diseñan los vehículos de competición y tras cada carrera se desarman los motores para un riguroso análisis metrológico. La entrada está coronada por el modelo de Charles Leclerc del GP de la Toscana 2020, en rojo pantone, conmemorando el GP 1000.

Allí, entre semana se ve a los pilotos actuales intercambiando visiones con el equipo técnico; cada domingo de carrera, una docena de ingenieros se conectan con operadores en el circuito para monitorear variables.
Cerca está la pista de pruebas Fiorano, donde se simulan condiciones climáticas de lluvia extrema. El circuito abre para los miembros del Corsai Pilota, encuentros exclusivos donde apasionados y coleccionistas pueden conducir vehículos legendarios.

El garage exhibe modelos originales como los que llevaban los números de Lole Reutemann y Niki Lauda, además de monoplazas recientes y vehículos que corrieron las 24 horas de Le Mans, cuyos carenados muestran la exigencia de la carrera.
Todos los modelos son originales y reciben mantenimiento riguroso para ser probados por quienes paguen la membresía y tengan licencia FIA. El programa incluye traslado del vehículo al exterior, asistencia técnica y un curso previo de conducción, considerando versiones con cambio manual y automático.

Enzo Ferrari fue piloto de Alfa Romeo, pero su vocación innovadora lo llevó a crear su propia historia. En 1951, el argentino Froilán González cruzó la meta del Gran Premio de Inglaterra al volante del modelo 371, derrotando a los Alfetta 159. Se dice que Enzo acuñó la frase:
«he matado a mi propia madre»
Enzo, il Commendatore, tenía una férrea personalidad que padecieron colaboradores y pilotos. No asistía a las carreras, pero criticaba los errores. Su vida estuvo llena de anécdotas, incluyendo una pulseada personal y deportiva con Ford.

Se cuenta que a principios de los 60, Henry Ford II usaba una Ferrari negra y estuvo cerca de un acuerdo empresarial que nunca se concretó, lo que llevó al desarrollo del Ford GT40 para competir en Le Mans.
El rescate de Agnelli: una pasión rentable
En 1969, Giovanni Agnelli, dueño de Fiat, adquirió el 50% de la compañía (SEFAC), salvando a Ferrari. Tras la muerte de Enzo en 1988, el 40% de sus acciones pasó a Fiat. En 2021, Exor, holding de la familia Agnelli, se convirtió en el principal accionista de Stellantis, tras la fusión de FCA y el Grupo PSA.
El año pasado, los ingresos netos de Ferrari crecieron un 7%, hasta 7,100 millones de euros, con un beneficio operativo de 2,100 millones. Esto se reflejó en bonos para empleados de hasta 14,000 euros cada uno.

Actualmente, Exor posee cerca del 20% de las acciones de Ferrari; el 10% está en manos de Piero Lardi Ferrari, hijo de Enzo. John Elkann, heredero de Giovanni Agnelli, es consejero delegado de Exor y presidente de Ferrari y Stellantis.
Los autos chinos tienen una presencia limitada en Italia; en mayo, BYD y MG alcanzaron un 3% de cuota cada una.

La lucha por la competitividad se libra en todos los frentes. En Turín, la planta de Mirafiori volvió a producir el modelo 500 híbrido tras un acuerdo de reducción de costos con todos los sectores, incluidos los sindicatos.
El apellido Agnelli volvió a ser noticia por la disputa hereditaria tras el fallecimiento de Cristiana Brandolini d’Adda a los 99 años, lo que reavivó la venta de la Villa Frescot, residencia de Giovanni y Marella, con 1,260 m², 29 habitaciones y 15 baños, que aún no encuentra comprador.
El mito de una Ferrari china
Es inevitable mencionar al Luce. No luce favorecedor en fotos, pero en persona tampoco cambia el juicio. Este sedán de tracción integral tiene el coeficiente aerodinámico más bajo en la historia de la marca. Los motores delanteros y traseros suman 210 kW y 620 kW respectivamente; pasa de cero a máxima potencia en un segundo.
En una entrevista, el CEO Benedetto Vigna admitió reacciones mayores a las esperadas.
«La esencia de Ferrari es redefinir los límites de lo posible»
, dijo. Anticipó tres nuevos modelos antes de fin de año, híbridos y térmicos.
El Luce se ensambla en el e-building de 25 metros de altura, inaugurado en 2024 con la presencia del presidente Sergio Mattarella. Es una planta flexible donde ingresan carrocerías autónomas y se alternan motores de combustión, híbridos y eléctricos, con personal y robots colaborativos.

Luca Cordero di Montezemolo, expresidente y exdirector deportivo, criticó:
«Espero que al menos le quiten el Cavallino. Al menos este coche no lo copiarán los chinos»
. Vigna respondió diplomáticamente: «Le agradecí por el feedback; quería que me enojara».
Otras críticas apuntaron a que esta Ferrari podría ser copiada por los chinos. Vigna argumentó que es innovador y que el volante requiere más de 25 horas de trabajo sobre aluminio, imposible de replicar en fábricas chinas con solo robots.
La frase de Enzo Ferrari grabada en el museo resume la filosofía:
«La mejor de todas las Ferrari será la próxima»
. Habrá que esperar ese momento en el dinámico proceso del diseño italiano.
Fuente: Infobae