Una reciente investigación científica ha confirmado que el hielo marino del Ártico vuelve a derretirse a un ritmo acelerado. Los datos indican que la disminución entre un invierno y otro fue la más severa jamás captada por los satélites. Los expertos señalan que el periodo de aparente calma de los últimos veinte años fue solo un respiro pasajero y que el calentamiento global impulsa nuevamente la pérdida de hielo.
De acuerdo con información publicada por el medio británico The Guardian, los científicos detectaron entre los años 2005 y 2024 una desaceleración en el retroceso del hielo ártico. Durante casi dos décadas, la pérdida de superficie congelada no presentó una tendencia clara desde el punto de vista estadístico, incluso cuando las temperaturas globales continuaban subiendo.
El nuevo estudio señala que ese periodo de calma ha concluido. Las mediciones correspondientes al intervalo entre 2024 y 2025 revelan la contracción invernal más grande de la historia, lo que pone fin a la desaceleración y reinstaura una tendencia de pérdida acelerada.
Un respiro temporal marcado por fenómenos oceánicos

El estudio, divulgado durante el verano boreal anterior, fue elaborado por un equipo internacional. Entre sus autores destaca el doctor Duo Chan, perteneciente a la Facultad de Ciencias Oceánicas y Terrestres de la Universidad de Southampton, en Inglaterra. La investigación sugiere que factores naturales en el océano lograron contrarrestar momentáneamente el impacto del calentamiento global.
Según el reportaje de The Guardian, el científico afirmó:
“Lo que parecía una pausa a principios de la década de 2020 ahora parece haber sido simplemente una desaceleración temporal dentro de un declive a largo plazo”.
Durante los años analizados, las variaciones en las corrientes oceánicas limitaron el deshielo, generando un respiro transitorio para la región. Sin embargo, los autores del estudio advierten que este fenómeno no detuvo la tendencia general, sino que la enmascaró momentáneamente. Las observaciones satelitales más recientes muestran que la extensión de hielo marino en septiembre, cuando alcanza su mínimo anual, se redujo a la mitad en comparación con 1979, año en que comenzaron las mediciones sistemáticas.
El mayor retroceso invernal de la historia reciente

El grupo de científicos liderado por el doctor Duo Chan y el doctor Alessandro Silvano, también de la Universidad de Southampton, detectó una reducción del 5,8 % en la cobertura de hielo marino entre 2024 y 2025. Este porcentaje constituye el descenso invernal interanual más pronunciado jamás documentado. Los investigadores consideran el evento como excepcional, pero factible dentro del escenario actual del Ártico, donde el calentamiento ha superado los promedios mundiales.
El hielo marino invernal cumple una función clave como aislante entre el océano Ártico, que presenta temperaturas relativamente elevadas, y la atmósfera, mucho más fría. Cuando la superficie helada disminuye, el calor y la humedad del océano se transfieren con mayor facilidad a la atmósfera, lo que puede modificar la dinámica climática regional y global.
“La escasa extensión del hielo marino invernal en 2025 y 2026 demuestra claramente que la pérdida de hielo marino en el Ártico no se ha detenido, sino que continúa en un clima cada vez más cálido”, manifestó Chan, en una declaración recogida por The Guardian.
Impactos climáticos y advertencia a futuro

El informe hace hincapié en las consecuencias del retroceso acelerado del hielo marino sobre el clima del hemisferio norte. Los autores señalan que la reducción de la cobertura helada puede modificar los patrones de presión atmosférica, favorecer el desarrollo de tormentas y alterar la circulación atmosférica a gran escala. Estos cambios tienen el potencial de repercutir en el clima de latitudes más bajas, afectando a millones de personas.
Desde la perspectiva de la Universidad de Southampton, el nuevo estudio funciona como una advertencia sobre los riesgos asociados a la crisis climática. Los expertos subrayan que los períodos de aparente recuperación no deben interpretarse como una estabilización, sino como excepciones dentro de una tendencia general de reducción. El trabajo enfatiza que el deshielo ártico podría duplicar el ritmo de los registros históricos en los próximos cinco a diez años, si persisten las condiciones actuales.
Fuente: Infobae