Un equipo internacional de investigadores, liderado por la Universidad de Córdoba (UCO) y la Universidad de Pisa (Italia), ha logrado reconstruir, mediante análisis isotópicos, cómo era la vida cotidiana de una comunidad que habitó la actual Italia hace aproximadamente 2.700 años, a partir de las huellas que la alimentación dejó en sus restos óseos.
Según la UCO, a pesar del paso de los siglos, ciertos patrones de comportamiento se mantienen vigentes, como la alimentación diferenciada, la movilidad de las personas, las disparidades de género y el papel del simbolismo funerario en la representación del estatus social.
El estudio se centró en la necrópolis de Novilara, considerada una de las áreas funerarias más extensas de la cultura picena, una civilización prerromana del centro de Italia que coexistió con las sociedades tartésicas de la Península Ibérica. La investigación combinó análisis bioarqueológicos y multi-isotópicos.
Específicamente, el equipo analizó los isótopos estables de carbono, nitrógeno y azufre, conocidos como ‘huellas químicas’ de la alimentación, que quedan registradas en huesos, dientes, pelo y uñas y que pueden pervivir durante milenios.
“Durante su formación, los huesos y los dientes incorporan la composición isotópica de los alimentos y el agua consumidos. Como resultado, su análisis puede aportar información sobre la dieta, la movilidad y el entorno en el que vivieron las personas”, explicó Zita Laffranchi, investigadora del Área de Prehistoria de la UCO.
Los isótopos revelan datos sobre la alimentación, y a su vez, la comida proporciona pistas sobre comportamientos sociales. La investigación evidenció una dieta diferenciada por género, con los hombres teniendo mayor acceso a proteína animal que las mujeres. Además, se determinó que entre el 1,4% y el 6,4% de los individuos provenían de otras regiones, lo que sugiere movilidad y contactos con poblaciones lejanas.
Dieta y estatus social
La alimentación, basada principalmente en cereales y carne (más que en pescado, pese a la cercanía del mar Adriático, a solo seis kilómetros), indica que el prestigio reflejado en algunas tumbas no siempre coincidía con diferencias notables en las condiciones de vida de los fallecidos.
“La investigación muestra que la desigualdad social no puede interpretarse únicamente a partir de los objetos depositados en las tumbas”, afirmó Laffranchi.
Individuos enterrados con objetos valiosos, como adornos de ámbar o armas, no presentaban señales isotópicas de haber tenido una mejor alimentación que aquellos sepultados de forma más modesta.
Esto sugiere que el estatus social expresado en las tumbas era una construcción simbólica que no reflejaba necesariamente la posición real o las condiciones de vida de la persona, sino que respondía, al menos en parte, a las decisiones y tradiciones de los supervivientes de la comunidad.
La investigación, publicada en la revista ‘Journal of Archaeological Science’, aporta nuevas evidencias sobre el estilo de vida de las sociedades prerromanas de la Edad del Hierro.
“El estudio demuestra el potencial de los enfoques bioarqueológicos para comprender cómo las personas experimentaban la identidad, la movilidad y las diferencias sociales en el pasado”, sostuvo Marco Milella, investigador de la Universidad de Pisa.
Fuente: Infobae