Namib: el desierto más antiguo del mundo y su misteriosa niebla diaria

El desierto del Namib, que se extiende a lo largo de la costa atlántica del sudoeste de África, es considerado por la ciencia como el más antiguo del planeta. Diversas investigaciones señalan que la región ha mantenido condiciones áridas o semiáridas durante decenas de millones de años, aunque la fecha exacta de su origen sigue siendo objeto de debate.

Un estudio especializado publicado en 2023 reconstruyó la evolución del área durante los últimos 55 millones de años, un período que explica por qué el Namib ocupa un lugar central al comparar los grandes desiertos antiguos. La noción de antigüedad, en este contexto, no se refiere a un año de nacimiento único, sino a la persistencia de un régimen seco a escala geológica.

Esa continuidad es uno de los rasgos distintivos frente a otros ambientes áridos que alternaron fases húmedas y secas de manera más marcada. En el Namib, la investigación científica observa un sistema de larga duración, con procesos capaces de modelar el relieve a lo largo de millones de años.

Un legado de 55 millones de años

El Namib no es solo un mar de arena. El sistema incluye campos de dunas, planicies de grava, montañas aisladas y cauces estacionales que solo llevan agua de forma ocasional.

En cuanto a extensión, se estima que recorre la costa de la República de Namibia a lo largo de cerca de 1.600 kilómetros. La continuidad ambiental puede llegar a 2.000 kilómetros si se considera el ambiente desértico que se prolonga hacia el sur de Angola y el noroeste de Sudáfrica.

El nombre ofrece una pista sobre su escala. Namib proviene de la lengua nama y suele traducirse como “enorme” o “lugar vasto”, una definición que alude tanto a su tamaño como a la diversidad de formas del terreno que conviven dentro del mismo sistema desértico.

La niebla de Benguela: el pulso de vida del desierto

La aridez del Namib depende de una combinación de factores atmosféricos y oceánicos. Entre ellos destaca la corriente fría de Benguela, que fluye hacia el norte a lo largo de la costa suroeste africana y enfría el aire húmedo sobre el Atlántico.

Esa interacción favorece la formación de bancos de niebla que avanzan tierra adentro y cubren sectores del desierto durante las primeras horas del día. En las áreas hiperáridas, esa humedad oceánica puede ser decisiva para la supervivencia de especies adaptadas a captar agua en condiciones extremas.

Según la revista Atmospheric Research, la niebla es un componente central del sistema climático y ecológico del Namib. Su variabilidad interanual se asocia con procesos oceánicos como el afloramiento costero y con cambios en la temperatura superficial del mar.

Ese peso climático también aparece en el reconocimiento internacional del área. La UNESCO inscribió el Namib Sand Sea como Patrimonio Mundial el 21 de junio de 2013 y destacó su condición de desierto costero influido por la niebla, además de su sistema extenso de dunas.

La UNESCO inscribió el Namib Sand Sea como Patrimonio Mundial en 2013 y destacó su condición de desierto costero influido por la niebla y su extenso sistema de dunas (Wikimedia Commons)

Fauna que desafía la aridez

Aunque a primera vista puede parecer un paisaje vacío, el Namib alberga especies que evolucionaron para resistir el calor, la arena y la escasez de agua. Entre los animales más conocidos figura el órix, o gemsbok, un gran antílope que obtiene parte del agua que necesita de los vegetales que consume.

En las planicies también habitan avestruces, chacales, invertebrados y reptiles que se refugian bajo la arena durante las horas más calurosas. Ese comportamiento les permite evitar temperaturas extremas y conservar humedad.

Uno de los casos más estudiados es el de los escarabajos vinculados con la captura de agua a partir de la niebla. Trabajos científicos citados por Nature analizan cómo aprovechan el viento cargado de humedad para condensar gotas en el cuerpo, y examinan la eficiencia de recolección, la textura de las superficies corporales y la conducta conocida como exposición deliberada a la niebla.

Esas investigaciones también discuten qué especies realizan activamente ese comportamiento y cómo pequeñas diferencias de geometría, postura o textura modifican el rendimiento de captación de agua. En conjunto, esos mecanismos muestran que la vida en el Namib se organiza alrededor de una disponibilidad hídrica irregular que muchas veces depende de un fenómeno tan sutil como la niebla costera.

Fuente: Infobae

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