España logró su segundo título mundial, una hazaña histórica que solo había conseguido una vez antes. El equipo de Luis de la Fuente llegó como favorito, respaldado por su reciente triunfo en la Eurocopa 2024, y fue demostrando su valía partido a partido. La actuación fue de menos a más, con un grupo que dejó de lado las individualidades para trabajar en equipo, sellando la victoria con un gol de Ferran Torres en el minuto 105 de la prórroga. Lamine Yamal fue parte fundamental de esta maquinaria colectiva, brillando bajo la estela del equipo antes que con luz propia.
Las dudas sobre Lamine surgieron antes del Mundial. En un partido de liga contra el Celta, el jugador fue sustituido tras lanzar un penalti decisivo. Las pruebas médicas revelaron una lesión en el bíceps femoral. A finales de abril, con poco más de un mes para la lista de convocados, se enfocó en llegar al Mundial 2026. A pesar de las incertidumbres, Luis de la Fuente lo incluyó en la nómina oficial, confiando en su recuperación y considerándolo pieza clave.
En el debut ante Cabo Verde, Lamine comenzó en el banquillo y disputó 20 minutos, suficientes para mostrar su esencia. El partido generó dudas sobre el rendimiento del equipo.

Contra Arabia Saudí, no hubo titubeos. Lamine fue titular y anotó el primer gol de la goleada. Su desborde y desequilibrio en la banda derecha fueron vitales, con un Lamine casi recuperado. A partir de ahí, nadie cuestionó su titularidad. Sabía que su talento era clave, pero optó por el trabajo en equipo, conectando con sus compañeros y dejando de lado las individualidades.
A pesar de su regreso al once, su rendimiento estuvo lejos de lo esperado: sin goles ni asistencias desde el partido ante Arabia. Las dudas crecieron al no ver portería contra Uruguay ni Austria, y el equipo no brillaba como en la Eurocopa. Pero algo empezó a cambiar. Luis de la Fuente utilizó la fase de grupos como laboratorio para hallar la combinación ideal.

El despegue ante Bélgica y Francia
En el duelo ante Portugal, España y Lamine mostraron otra cara, convenciendo a los escépticos. Frente a Bélgica, el nivel fue aún mejor. El punto culminante llegó contra Francia: La Roja humanizó a la bestia francesa, imponiendo su juego con inteligencia y posesión. Lamine no marcó, pero provocó un penalti que transformó Mikel Oyarzabal, y exhibió su mejor versión. Su desborde en la banda derecha, acompañado por Pedro Porro, desesperó a Lucas Digne.
En la final, Lamine Yamal estuvo a la altura de las expectativas. Brilló y desbordó, callando las dudas que lo persiguieron desde el inicio del Mundial. Firmó una actuación impecable, y España consiguió su anhelada segunda estrella.
Fuente: Infobae