Esos segundos eternos que todo aficionado al fútbol, especialmente si es español, lleva tatuados en la memoria. La imagen del balón entrando en la portería, la carrera desbocada, la camiseta arrancada… Es el recuerdo más preciado de La Roja en los Mundiales. Al menos, hasta ahora. El gol de Andrés Iniesta en la final de Sudáfrica 2010.
Corría el minuto 116 de la prórroga cuando el manchego recibió el esférico. Faltaban apenas cuatro minutos para unos penaltis que parecían inevitables. El partido, disputado en Johannesburgo el 11 de julio de 2010, había sido de pocas ocasiones y muchas interrupciones. Los neerlandeses apostaron por el juego brusco, casi al borde del reglamento, y estuvieron cerca de llevarse el premio. En el minuto 62, Arjen Robben encaró a Iker Casillas en solitario y por un instante el corazón de España se detuvo. El guardameta detuvo el disparo en una acción clave, forzando el tiempo extra.
La prórroga mantuvo la misma tensión agónica. Hasta que llegó la jugada que cambió la historia. Jesús Navas tomó el balón cerca del área española y se marchó por la banda, eludiendo a un defensor que intentaba frenarlo con un agarrón. Corrió hacia el centro, rodeado de cuatro rivales, y perdió el esférico. Este cayó a los pies de Iniesta, quien con un taconazo encontró a Cesc Fàbregas. Cesc intentó abrir el juego al otro lado, pero el balón rebotó en Robben —un giro del destino para el neerlandés— y volvió a Navas, ya más cerca del área. Navas centró hacia Fernando Torres, que controló, vio a Iniesta entrando al área y le devolvió el pase. Un defensor despejó el centro, pero Fàbregas recogió y, viendo a Iniesta ligeramente adelantado, le cedió la pelota.
“Parece paradójico escuchar el silencio”
Minuto 116. Iniesta recibió de Fàbregas con un control orientado perfecto. El balón botó, el defensa holandés se lanzó al suelo para cortar, y el centrocampista remató con velocidad. El tiempo se congeló. “Parece paradójico escuchar el silencio, pero en ese momento, en un campo de fútbol con tanta gente, sentí que estábamos el balón y yo”, confesaría después. Fue gol. Y con ello, el éxtasis.
Este instante no llegó por casualidad. Inicia atravesaba un año complicado, descrito por él mismo como “un infierno, tanto mental como físicamente”. Xavi Hernández recordó: “Lo veía sufriendo en el vestuario del Barça y con la selección; comiéndose la cabeza a menudo”. A solo dos meses del Mundial, sufrió una rotura total del bíceps femoral de su pierna derecha. Pep Guardiola, su entrenador en el FC Barcelona, llegó a dudar de su presencia en Sudáfrica. Fue Raúl Martínez, fisioterapeuta de la selección, quien logró desbloquear la lesión. El propio Iniesta lo definió: “Pulsó el botón y fue inmediato. Sentí que el músculo se había relajado. Pude moverme y correr libremente, algo que llevaba mucho tiempo sin hacer”. A pesar de todo, Vicente del Bosque le incluyó en la convocatoria de 23 jugadores el 20 de mayo de 2010. “El seleccionador creyó en mí”, agradeció el futbolista.
Tras el gol, Iniesta se quitó la camiseta para mostrar una interior con el mensaje “Dani Jarque siempre con nosotros”, en homenaje a su amigo íntimo, exjugador del Espanyol fallecido un año antes por un infarto a los 26 años. “Ese momento fue mágico. Ganar el Mundial y tener la oportunidad de marcar el gol de la victoria… no hay forma de describirlo”, dijo el centrocampista de Fuentealbilla. “He visto el gol miles de veces y sigo sintiendo escalofríos. Diez años después te sigues emocionando, nunca nos cansaremos de revivir esa situación”. Y así es: seguimos sin cansarnos.
Fuente: Infobae