La esperada adaptación de La Odisea dirigida por Christopher Nolan no solo destaca por su respeto al poema homérico, sino también por un enfoque visual que toma prestada una de las imágenes más escalofriantes del arte español. El cíclope Polifemo, esa criatura que devora a los compañeros de Odiseo, encuentra su inspiración en la famosa pintura “Saturno devorando a su hijo” de Francisco Goya, una obra que cuelga en el Museo del Prado. Para Nolan, este referente pictórico genera un terror mucho más profundo que cualquier monstruo de Hollywood.
La escena en la que Odiseo, interpretado por Matt Damon, y sus hombres quedan atrapados en la caverna de Polifemo muestra una crudeza que supera el mito clásico. El diseño del cíclope —una figura humana descomunal con rasgos deformes y un único ojo rotado— se apoya directamente en el óleo de Goya, una de las pinturas negras más inquietantes jamás creadas. Nolan comentó:
“Una de las primeras cosas que le mostré fue un cuadro de Goya, una de las pinturas negras de Saturno devorando a sus hijos, y es una imagen horrible”.
Lo que hace única la versión de Nolan es la manera en que la monstruosidad se vuelve algo cotidiano. Polifemo, personificado por Bill Irwin, despedaza a los marineros con la misma naturalidad con la que Saturno, en el lienzo de Goya, mutila a su descendencia. El director explica este efecto:
“Pero una de las cosas realmente horribles de eso, de lo que hablamos mucho, es la vacuidad de la expresión, que esto no es un monstruo, nadie piensa que es un monstruo”.
En la obra de Goya, Saturno tiene ojos desorbitados y una mirada perdida, ajena al horror que comete. Nolan traslada ese detalle al cíclope, dotando a Polifemo de una expresión vacía que intensifica la amenaza. El director añade:
“Y eso es lo que lo hace más aterrador: que desde el punto de vista del monstruo, no son un monstruo”.
Un monstruo que no sabe que lo es
Para Nolan, la clave está en la percepción. El terror real no viene del aspecto externo de la criatura, sino del hecho de que Polifemo considera a los humanos irrelevantes. “Para ellos somos irrelevantes y eso es lo que realmente da miedo”, afirma el cineasta. En la secuencia más impactante, el cíclope mastica el torso de un marinero como si fuera un simple bocado, evocando la violencia inconsciente de Saturno en el cuadro de Goya. Este enfoque conecta la brutalidad del mito antiguo con la angustia moderna. Nolan refuerza la idea de que el monstruo más inquietante es aquel que no se reconoce como tal, que actúa sin conciencia ni remordimiento, un concepto que resuena con los temores actuales sobre la indiferencia y la deshumanización.
Nolan también reconoce la influencia de otros directores en este tratamiento de la monstruosidad, en especial el trabajo de Guillermo del Toro.
“Hemos sacado mucho de las películas de mi amigo Guillermo Del Toro. Una de las cosas que me ha enseñado en su cine es que el monstruo nunca es solo un monstruo”,
señala. Esta perspectiva enriquece a Polifemo, que deja de ser un simple antagonista para convertirse en un símbolo complejo y escalofriante. La decisión de situar el cuadro de Goya como pilar de la construcción visual y conceptual del cíclope otorga a La Odisea una densidad cultural única. El diálogo entre la pintura negra del Prado y el cine moderno abre nuevas lecturas sobre el mito y sobre la esencia del miedo.
La conexión entre La Odisea y Saturno devorando a su hijo no es solo estética. El propio texto homérico, en la traducción de Emily Wilson, describe con crudeza la violencia del cíclope:
“Saltando alto, extendió las manos hacia mis hombres, agarró a dos y los golpeó contra el suelo como cachorros, y el suelo quedó mojado de sesos. Los desgarró miembro a miembro para hacer su comida, luego los devoró como un león en las montañas, devorando carne, entrañas y huesos, sin dejar nada”.
Nolan recoge esa brutalidad, la filtra a través del horror pictórico de Goya y la devuelve al público en una imagen que, según sus propias palabras, da más miedo que cualquier monstruo. Así, La Odisea de Nolan convierte la leyenda del cíclope en una experiencia visual y emocional que trasciende el mito, el arte y el mismo cine.
Fuente: Infobae