La historia de Jeanne Louise Calment sigue siendo una de las más fascinantes en el campo de la longevidad documentada. Esta mujer francesa ostenta el récord mundial de vida más larga verificada: 122 años y 164 días, transcurridos en la ciudad de Arlés. Su existencia contradice muchas creencias comunes sobre cómo lograr una vida prolongada, ya que nunca se rigió por dietas estrictas ni rutinas agotadoras de ejercicio. Incluso llegó a conocer a Vincent van Gogh, fumaba de vez en cuando y disfrutaba del chocolate.
Cuando le preguntaban por su secreto, ella respondía con sencillez:
“No tomarse la vida demasiado en serio”.
Esta actitud despreocupada contrasta con las numerosas recomendaciones modernas, que suelen poner el énfasis en la disciplina alimentaria o la actividad física como claves para alcanzar edades avanzadas.
La vida y el ejemplo de Calment han avivado debates actuales sobre el verdadero origen de la longevidad humana. Recientemente, una consulta realizada a ChatGPT sobre cómo vivir hasta los 140 años llamó la atención, pues se centró en la gestión del estrés emocional crónico y no en prácticas alimenticias o deportivas.
Estrés emocional y longevidad: lo que dice la ciencia
La propuesta de la inteligencia artificial se aparta del enfoque habitual al afirmar que la clave para superar el promedio de vida no está en seguir rutinas estrictas, sino en evitar el estrés emocional profundo y sostenido. Esta forma de presión interna, que surge de la necesidad de complacer a otros o reprimir emociones, se relaciona con el deterioro celular y la aceleración de procesos biológicos vinculados al envejecimiento.
Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señaló que lo sugerido por la IA coincide con los conocimientos actuales de la biología y la neurociencia. El académico aseguró que, bajo condiciones de cuidado físico, mental y social, una persona podría alcanzar, al menos teóricamente, edades cercanas a los 140 años.
Así, el bienestar emocional y el equilibrio interno surgen como factores determinantes para una vida más larga y saludable. No se trata únicamente de sumar años, sino de vivirlos en armonía y con un mínimo de desgaste psíquico y físico. La evidencia científica sugiere que cuidar la mente y reducir los pensamientos obsesivos tiene un impacto tangible en la salud.

En respuesta directa a la pregunta sobre cómo podría alguien llegar a los 140 años, la explicación apunta a la importancia de gestionar el estrés emocional crónico, ya que este tipo de presión afecta el cuerpo a nivel celular y acelera el envejecimiento. No basta con evitar el estrés cotidiano, es necesario identificar y transformar aquellas fuentes de tensión que persisten y se acumulan con el tiempo.
El impacto del sedentarismo
El análisis también reveló la evolución de los hábitos humanos. En sus orígenes, las personas vivían en constante movimiento, lo que favorecía la adaptabilidad metabólica y mantenía bajos niveles de tensión prolongada. El surgimiento de la agricultura y el sedentarismo marcó un cambio radical en la población: al disminuir la movilidad se restringió la diversidad alimentaria y aumentaron los asentamientos estables.
Este proceso, conocido como “síndrome de domesticación”, no solo afectó la salud, sino que también introdujo nuevas formas de estrés social y psicológico. Las sociedades modernas, al limitar la actividad física y diversificar menos la dieta, generaron condiciones que pueden acortar la vida saludable.
Actualmente, la mayoría de las personas permanece largos periodos en lugares cerrados, lo que contribuye a la acumulación de tensiones internas no liberadas. El estrés social, a diferencia del estrés agudo ligado a la supervivencia, se mantiene activo durante años, afectando múltiples sistemas del organismo.
La combinación de sedentarismo, mala alimentación y conflictos familiares propicia un entorno donde este padecimiento crónico predomina y deteriora la salud. Esta dinámica, sumada a la tendencia a rumiar pensamientos negativos, acelera el desgaste biológico y reduce la calidad de vida.
Fuente: Infobae