La inteligencia artificial está transformando el mercado laboral a un ritmo acelerado, pero no todos los empleos enfrentan el mismo nivel de riesgo. Mientras algunas tareas repetitivas comienzan a ser asumidas por algoritmos, los especialistas coinciden en que las profesiones basadas en el juicio, la interacción humana y el trabajo en entornos físicos complejos seguirán teniendo una ventaja difícil de igualar.
Expertos consultados explican que el verdadero impacto de la IA no será la desaparición masiva de empleos, sino la redefinición de muchos de ellos. En este escenario, desarrollar criterio, pensamiento crítico y la capacidad de trabajar junto a estas herramientas será más importante que intentar competir contra ellas.
Las habilidades que la IA todavía no puede replicar
Aunque los avances en inteligencia artificial han permitido automatizar cada vez más tareas intelectuales, todavía existen capacidades humanas que permanecen fuera de su alcance. Gonzalo Montón, partner de BCG, señala que las principales limitaciones de esta tecnología se concentran en el juicio contextual, la inteligencia emocional y la capacidad de resolver problemas abiertos, sin procedimientos previamente definidos.
“Todo lo que la IA no puede replicar hoy se concentra en tres terrenos humanos. El primero es el juicio contextual y la toma de decisiones bajo incertidumbre. El segundo es la inteligencia emocional aplicada. El tercero es el pensamiento abierto y no estructurado”, explica en conversación.
Istavay Orbegoso, director de la Maestría en Inteligencia Artificial de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), coincide en que las barreras actuales son más profundas que una simple limitación tecnológica. A su juicio, la IA carece de conocimiento tácito —aquello que las personas saben por experiencia, pero difícilmente pueden explicar—, de una comprensión causal basada en la experiencia física y, sobre todo, de responsabilidad moral.

“Una IA puede recomendar, predecir y ejecutar, pero no puede responder por sus decisiones en el sentido moral y jurídico del término. No puede ser demandada, no puede sentir vergüenza profesional, no arriesga su reputación ni su libertad”, afirma en entrevista.
Las profesiones con mejores perspectivas frente a la automatización
Más que hablar de carreras completamente inmunes, ambos especialistas prefieren identificar aquellas cuyos elementos centrales resultan más difíciles de automatizar.
Entre ellas, destacan los oficios técnicos especializados que requieren destreza física e improvisación constante, como electricistas, gasfiteros, técnicos de mantenimiento, rescatistas o mecánicos de maquinaria pesada. En estos casos, la variabilidad de los entornos y la necesidad de manipulación física hacen que la automatización siga siendo limitada.
Montón explica que los estudios de BCG muestran que estos trabajos se encuentran entre los menos expuestos porque dependen de la presencia física y de la capacidad de adaptarse a situaciones impredecibles.
“Estos oficios están hoy entre los menos expuestos, no porque sean inmunes a la tecnología, sino porque ocurren en el mundo físico”, sostiene.

Orbegoso añade que existe incluso una paradoja: muchas ocupaciones manuales presentan hoy una mayor protección frente a la IA que varios empleos de oficina.
“El electricista especializado y el técnico de climatización tienen hoy, frente a la automatización, una posición más defendible que muchos analistas de reportes”, señala.
El valor del contacto humano
Las profesiones vinculadas al cuidado de personas también aparecen entre las más sólidas frente al avance de la IA. Psicólogos, médicos, enfermeras, docentes y trabajadores sociales seguirán siendo necesarios porque su labor trasciende el procesamiento de información.
Orbegoso advierte que los sistemas actuales ya pueden producir respuestas consideradas incluso más empáticas que las de algunos profesionales en conversaciones escritas. Sin embargo, sostiene que el verdadero valor del cuidado humano radica en la relación que se establece entre personas. “La tecnología puede escalar la atención; solo las personas pueden escalar la presencia”, resume.
Montón coincide en que las habilidades blandas siguen siendo uno de los principales factores diferenciadores. Según explica, competencias como la empatía, la escucha activa, la resiliencia, la curiosidad y el liderazgo aparecen en las investigaciones de BCG como capacidades “relativamente protegidas”, ya que la IA puede asistir en ellas, pero no sustituirlas.

La IA cambiará más empleos de los que eliminará
Lejos de un escenario de reemplazo masivo, las investigaciones apuntan a una transformación profunda de las funciones laborales.
Montón señala que el estudio AI Will Reshape More Jobs Than It Replaces, elaborado por BCG sobre 1.500 ocupaciones que representan 165 millones de empleos en Estados Unidos, concluye que entre el 50% y el 55% de los puestos serán rediseñados durante los próximos dos o tres años, mientras que solo entre el 10% y el 15% podría desaparecer en un horizonte superior a cinco años.
“Por cada empleo que corre riesgo real de desaparecer, hay entre tres y cinco que simplemente van a cambiar de forma”, explica.
Esto implica que profesiones como la contabilidad, la programación junior o la redacción no desaparecerán, pero sí modificarán profundamente sus funciones. Las tareas más repetitivas tenderán a automatizarse, mientras que los profesionales deberán concentrarse en supervisar, validar resultados y resolver problemas complejos.
En el caso de los redactores, Orbegoso considera que el contenido genérico ya perdió gran parte de su valor competitivo. En cambio, ganarán relevancia quienes aporten investigación propia, acceso a fuentes exclusivas, criterio editorial y una voz reconocible.
¿Qué habilidades desarrollar desde ahora frente al auge de la IA?
Para ambos especialistas, la preparación frente al nuevo mercado laboral no pasa por evitar la IA, sino por aprender a utilizarla de forma inteligente.
Montón advierte que uno de los mayores riesgos es delegar excesivamente el pensamiento en estas herramientas, fenómeno que BCG denomina “deuda cognitiva”. Según menciona, una encuesta entre altos ejecutivos muestra que cerca del 90% identifica como principal síntoma la aceptación acrítica de respuestas generadas por IA.
“La habilidad más urgente a desarrollar hoy no es solo aprender a usar IA, es aprender a no delegarle el pensamiento”, sostiene.
Orbegoso propone construir una formación en tres niveles: desarrollar fluidez para trabajar con inteligencia artificial, fortalecer capacidades como pensamiento crítico, comunicación, liderazgo y criterio ético, y cultivar la capacidad de aprender y reinventarse de forma permanente.
Finalmente, recomienda cambiar la manera de abordar la elección profesional. “No elijan defendiéndose de la IA, elijan atacando con ella. La pregunta correcta es: ¿en qué problema quiero ser tan bueno que la IA se convierta en mi palanca y no en mi reemplazo?”, concluye.

Fuente: Infobae