Dormir más de 9 horas: ¿una señal de alerta temprana del Alzheimer? Un estudio lo revela

Dormir de manera habitual nueve o 10 horas por noche podría estar vinculado a niveles más altos de p-tau181, una proteína que se asocia con el Alzheimer, según una investigación realizada por UT Health San Antonio. Este hallazgo sugiere que el sueño excesivo podría actuar como un indicador temprano de procesos neurodegenerativos, aunque no se ha demostrado que sea la causa directa de la enfermedad.

El estudio analizó a 2.410 personas del Framingham Heart Study, con una edad promedio de 70 años. Del total de participantes, 55,2% eran mujeres. De acuerdo con UT Health San Antonio, la asociación entre las horas de sueño y la proteína comenzó a notarse a partir de las ocho horas y media y se intensificó significativamente al superar las 10 horas de descanso nocturno.

La investigación fue publicada en Alzheimer’s & Dementia, la revista oficial de la Asociación de Alzheimer. La autora principal y de correspondencia es Vanessa M. Young, investigadora posdoctoral del Glenn Biggs Institute for Alzheimer’s and Neurodegenerative Diseases.

El análisis consideró factores como edad, depresión, apnea del sueño, función renal y genética, y el vínculo se mantuvo tras los ajustes
(Imagen Ilustrativa Infobae)

“A mucha gente le preocupa si sus hábitos de sueño están afectando la salud de su cerebro”, afirmó Young. “Como esta es una fotografía de un momento y no un estudio de largo plazo, no podemos decir que dormir mucho cause Alzheimer, pero los hallazgos sugieren que puede valer la pena vigilarlo, y que dormir más no siempre es mejor para la salud cerebral”.

El vínculo se halló con una proteína específica, no con otros biomarcadores

El trabajo evaluó la duración del sueño, reportada por los propios voluntarios, y la relacionó con biomarcadores sanguíneos asociados con el Alzheimer y la neurodegeneración. El vínculo más fuerte se encontró con p-tau181, una forma modificada de la proteína tau, que es considerada una marca biológica de la enfermedad y que hoy es detectable en la sangre.

Los científicos también analizaron otras tres proteínas relacionadas con daño de células cerebrales y neurodegeneración. En esos casos, la relación con el sueño prolongado se desvaneció cuando se consideró la función renal en el análisis. Sin embargo, la p-tau181 mantuvo su asociación, lo que sugiere que podría haber una conexión específica con los procesos vinculados al Alzheimer.

Para llegar a esta conclusión, el equipo de investigación aplicó un modelo no lineal. Esta técnica permitió detectar una relación curva, no recta, entre las horas de sueño y los biomarcadores. En otras palabras, se observó que la intensidad del vínculo cambia según la cantidad de horas que una persona duerme.

Los resultados identifican el sueño prolongado como un posible marcador conductual de riesgo, útil para conversar sobre salud cerebral con un profesional
(Imagen Ilustrativa Infobae)

En concreto, los científicos utilizaron splines cúbicos restringidos, un método común en análisis de regresión para modelar relaciones no lineales entre un factor continuo y una variable objetivo. Young explicó que este enfoque fue crucial para no pasar por alto el patrón que los datos ocultaban:

“Cuando se fuerza una línea recta sobre datos que se curvan, se pierde por completo la historia. Sabíamos por la bibliografía existente que la relación entre el sueño y estos biomarcadores difícilmente sería simple, y eso fue exactamente lo que encontramos”.

El estudio ajustó sus resultados considerando edad, depresión, apnea del sueño y genética

La asociación entre el sueño prolongado y la p-tau181 se mantuvo firme incluso después de ajustar por múltiples factores de salud, como la edad, el sexo, la apnea del sueño, la depresión, la función renal y el genotipo apolipoproteína E ε4. Esta última es una variante genética vinculada a un mayor riesgo de Alzheimer de inicio tardío y enfermedades cardiovasculares.

Los participantes pertenecen al Framingham Heart Study, una cohorte comunitaria de residentes en Framingham, Massachusetts, que es dirigida por el National Heart, Lung, and Blood Institute de los National Institutes of Health de Estados Unidos. Este diseño ofreció a los investigadores una base amplia y bien documentada para estudiar hasta cuatro biomarcadores sanguíneos al mismo tiempo.

La investigación aporta evidencia sobre la importancia de considerar la duración del sueño en la evaluación del riesgo de Alzheimer, especialmente en personas mayores
(Imagen Ilustrativa Infobae)

Este trabajo se suma a una investigación similar de 2025, donde dormir nueve horas o más por noche ya se había asociado con un peor rendimiento cognitivo, particularmente en personas con depresión. El nuevo estudio dio un paso adicional al incorporar múltiples factores de salud y examinar marcadores sanguíneos implicados en el Alzheimer y la neurodegeneración.

La magnitud del problema es global. El estudio recuerda que la demencia afecta a 57 millones de personas en el mundo, y que el Alzheimer representa entre el 60% y 70% de esos casos.

Los autores concluyeron que sus resultados “identifican el sueño prolongado como un posible marcador conductual de p-tau181 elevado, con implicaciones para la evaluación de riesgo que justifican validación prospectiva”. En términos prácticos, Young recomendó que si una persona suele dormir entre nueve y 10 horas o más cada noche, puede ser útil hablarlo con su médico como un punto de partida para evaluar la calidad del sueño y la salud cerebral en general.

Fuente: Infobae

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