Celia Cruz y Pedro Knight: medio siglo de amor, exilio y lealtad

En numerosas ocasiones sobre el escenario, Celia Cruz dedicaba al amor de su vida, el trompetista Pedro Knight, el bolero “Desvelo de amor” de Rafael Hernández Marín. Esta canción tenía un significado especial para la pareja, no solo por su letra, sino porque fue la primera que interpretaron juntos en público.

“Sufro mucho tu ausencia, no te lo niego. Yo no puedo vivir si a mi lado no estás. Dicen que soy cobarde, que tengo miedo de perder tu cariño, de tus besos perder. Yo comprendo que es mucho lo que te quiero, no puedo remediarlo. ¿Qué voy a hacer? Te juro que dormir casi no puedo. Mi vida es un martirio sin cesar. Mirando tu retrato me consuelo. Vuelvo a dormir y vuelvo a despertar. Dejo el lecho y me asomo a la ventana. Contemplo de la noche su esplendor. Me sorprende la luz de la mañana, ay, en mi loco desvelo por tu amor”, reza la letra.

Ni la Guarachera de Cuba ni su esposo soportaban la separación. Ella nació con alma de estrella y un talento inmenso, pero sin el apoyo de su Negrito, que la acompañó durante más de medio siglo tanto en el exilio como en la enfermedad, no habría brillado tanto hasta aquel 16 de julio de 2003, cuando falleció a los 77 años, con muchas ganas de seguir contagiando alegría.

El encuentro en La Habana

No fue amor a primera vista. Celia conoció a Pedro en 1950, en los estudios de la radio CMQ. Ella asistía a una audición para liderar La Sonora Matancera, la orquesta más famosa de La Habana, tras la salida de la cantante puertorriqueña Myrta Silva. Pero la cantante no buscaba involucrarse con el trompetista.

Según reconoció el propio Knight, su fama de mujeriego no lo hacía parecer una buena opción. Ya había estado casado dos veces y era padre de cinco hijos: Ernestina, fruto de su matrimonio con Santa Díaz Reinero, y Emilia, Gladys, Pedro y Roberto, de su relación con Esther González. Además, Celia veía cómo él coqueteaba con todas las señoritas después de cada show. No quería sufrir al lado de un hombre infiel.

Celia Cruz y Pedro Knight

Sin embargo, la química entre la cantante y Knight fue más fuerte. Lo que comenzó como una cálida amistad se transformó en una relación romántica. Unidos tanto laboral como personalmente, triunfaron con éxitos como “Burundanga” y “Cao Cao Mani Picao”, que los hicieron populares en Cuba y en varios países de Latinoamérica, mientras consolidaban su vínculo.

“Cuando Pedro me estaba tirando el gancho, él se sentaba sobre su trompeta y venían un montón de muchachas a su alrededor. No se vayan a pensar que era suave y bajito de sal. Él está bueno ahora, pero cuando lo conocí estaba riquísimo”, declaró Celia.

“Dejé de ver a todas las mujeres, me olvidé de todas y cada una de ellas porque Celia era la mujer más especial del mundo”, afirmó Knight.

El exilio y el matrimonio

En 1959, la Revolución Cubana de Fidel Castro derrocó al régimen dictatorial de Fulgencio Batista. Todo cambió en la isla: los clubes y salas de fiesta cerraron, impidiendo a los artistas trabajar. Los integrantes de la banda de Celia pidieron autorización a la Policía Nacional Revolucionaria para trasladarse a México. No tenían alternativa y partieron con la esperanza de regresar pronto.

La cantante armó una valija con pocas pertenencias y se fue a tierras aztecas. Nunca más pudo volver a su tierra natal. Al mes recibió la noticia de la muerte de su padre; dos años después, la de su madre. De ninguno se pudo despedir, a pesar de haber solicitado permiso. Entonces supo que su única familia era Pedro. El 14 de julio de 1962 se casaron.

Recorrieron varios lugares, sufriendo el exilio, hasta establecerse en Estados Unidos. Nunca dejaron de sentirse cubanos y se convirtieron en críticos del régimen castrista. La adversidad los hizo fuertes. Mientras ella desplegaba su talento con orquestas como las de Tito Puente, Johnny Pacheco y Fania All Star, Knight la cuidaba como representante y director musical.

“La mitad de Celia Cruz es él. Si algo tengo, inclusive económicamente, es por Pedro”, aseguraba la cantante.

La Guarachera de Cuba y Pedro pasaron más de medio siglo juntos (EFE/Domenech Castello)

Era divertido verlos interactuar. En entrevistas, ella hablaba sin parar mientras él asentía sin atreverse a intervenir. A pesar de ser una figura internacional, Celia contaba que lavaba a mano las camisas, medias y ropa interior de su marido; que él le había enseñado a cocinar y que ella era feliz haciendo tareas del hogar que en su casa paterna no podía realizar. También decía que no le gustaba irse a dormir peleada con su Negrito, por lo que resolvían cualquier diferencia antes de acostarse. Según sus íntimos, se entendían con la mirada y nunca discutieron en público.

No tuvieron hijos, no porque no quisieran, sino porque no pudieron. La carrera de Celia era demandante por los viajes, pero ella estaba dispuesta a sacrificar su agenda para ser madre. Se sometió a varios tratamientos de fertilidad, pero no logró concebir. Se aferraron a sus amigos. Al no tener descendientes, su ahijado Luis Falcón, que vivía con ellos, y su representante Omer Pardillo, se convirtieron en sus herederos.

La enfermedad y la despedida

En 2002, Celia comenzó a tener problemas de salud y le descubrieron un tumor cerebral, por el que fue operada. Para entender su actitud ante la adversidad, basta recordar que grabó el tema “Ríe y llora”, una invitación a disfrutar la vida, como lo había sido “La vida es un carnaval” cuatro años antes.

Algunos aseguraban que ella y Pedro eran la misma persona. Al parecer, mientras operaban a Celia, también le extirparon un cáncer a él. La cantante falleció hace 23 años. El trompetista nunca superó esa pérdida; decía que quería irse para estar cerca de su amada. Finalmente, murió el 3 de febrero de 2007, a los 85 años. Hoy sus restos descansan en el cementerio de Woodlawn, en Nueva York, mientras sus almas deben andar de la mano por algún lugar de La Habana.

Fuente: Infobae

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