El Viejo Continente se prepara para una transformación demográfica sin precedentes, según el último informe de la Comisión Europea, que anticipa una reducción progresiva de la población en los 27 países del bloque. El estudio estima que, para el año 2100, el número de habitantes habrá disminuido aproximadamente un 11,7% en comparación con los registros actuales.
De acuerdo con el análisis comunitario, la población de la Unión Europea —que al iniciar 2025 alcanzó los 450,6 millones de personas— mantendrá un leve crecimiento hasta tocar techo en 2029 con 453,3 millones. A partir de ese momento, se prevé un declive continuo que llevará la cifra a unos 445 millones en 2050 y a tan solo 398,8 millones en 2100. Este volumen equipararía a la UE con los niveles de la segunda mitad de la década de 1970.

Más muertes que nacimientos: el drama de la fertilidad
El origen de esta situación radica en un fenómeno estructural: la tasa de fertilidad se mantiene por debajo del umbral de reemplazo poblacional —fijado en 2,1 hijos por mujer— desde hace décadas. En 2024, la media de la UE se ubicó en un preocupante 1,34, insuficiente para sostener el relevo generacional sin recurrir a la migración.
El crecimiento natural de la población (nacimientos menos defunciones) ha sido negativo de manera ininterrumpida desde 2012, lo que refleja que fallecen más europeos de los que vienen al mundo. Como ejemplo, en 2024 se registraron apenas 3,55 millones de nacimientos, una cifra muy inferior a los 6,8 millones contabilizados en el año récord de 1964.
A la par, la esperanza de vida ha retomado su tendencia al alza tras la pandemia de COVID-19, alcanzando los 81,5 años en 2024. Esta mayor longevidad, combinada con la caída de la natalidad, acelera el envejecimiento poblacional. La edad media pasó de 44,9 años en 2025 a una proyección de 51,5 años para 2100. Asimismo, el segmento de personas con 80 años o más crecerá del 6% actual a más del 15% al finalizar el siglo.
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Inmigración: un alivio insuficiente
Hasta ahora, la inmigración neta positiva ha sido el único factor que ha impedido una contracción demográfica inmediata. No obstante, los pronósticos de Eurostat indican que, aunque el bloque seguirá atrayendo migrantes, estos flujos no lograrán compensar el déficit de nacimientos. En un escenario teórico de migración cero, la población de la UE sería un 32% menor, equivalente a unos 130 millones de personas menos para el año 2100.
Este nuevo panorama demográfico plantea desafíos mayúsculos para la sostenibilidad de las pensiones, la sanidad y el mercado laboral. Se calcula que, entre 2025 y 2050, la Unión perderá una media de 1,2 millones de personas en edad de trabajar (de 15 a 64 años) cada año. Como respuesta, la Comisión Europea ha impulsado iniciativas como la ‘Caja de Herramientas de Demografía’ y la ‘Estrategia de Equidad Intergeneracional’, presentada en marzo de 2026, cuyo objetivo es promover el empleo de calidad, elevar la productividad y garantizar que las decisiones actuales no perjudiquen a las futuras generaciones de europeos.
Fuente: Infobae