En los últimos años, la explosión poblacional de lagartos invasores en la zona central de Florida encendió las alarmas tanto en la comunidad científica como entre las autoridades ambientales. Este fenómeno representa un desafío creciente para el equilibrio de los ecosistemas y la convivencia con zonas urbanas.
De acuerdo con una investigación difundida por Orlando Sentinel, se observa un incremento continuo de avistamientos, una expansión de reptiles originarios de otros continentes y la aparición de amenazas concretas para la fauna autóctona y las infraestructuras humanas.

Diversidad de especies y rutas de ingreso
El estado de Florida se afianzó como un punto caliente para la introducción y establecimiento de reptiles foráneos. Desde que se registró por primera vez al anolis pardo en 1887, el número de especies foráneas supera con creces al de las originarias de la región.
Steve Johnson, profesor de ecología de vida silvestre en la University of Florida (UF), señaló que hoy existen aproximadamente 150 especies de reptiles no nativos y que “hay cerca de tres veces más especies de lagartos introducidos establecidas que especies nativas en el estado”.
El avance de estos reptiles ocurre, sobre todo, desde el sur de Florida hacia áreas más al norte. Según el reporte de Orlando Sentinel, la región central de Florida se convirtió en una frontera ecológica, donde la cantidad de registros disminuye al norte de Orlando, aunque la tendencia sugiere que más especies podrían cruzar esa línea en un futuro cercano.
Entre las especies identificadas, destacan:
- Peter’s rock agama: originario de África subsahariana, este lagarto destaca por su coloración vistosa y su habilidad para adaptarse a entornos urbanos. Se han observado ejemplares en el lago Eola, el parque Magic Kingdom de Walt Disney World y el campus de la University of Central Florida (UCF).

- Tegu argentino blanco y negro: oriundo de Sudamérica, este reptil puede medir cerca de 1,5 metros (cinco pies) de largo. Su presencia fue reportada en localidades como Altamonte Springs, Geneva, Cocoa y Melbourne.

- Lagarto de cola rizada del norte: introducido en el siglo pasado para el control de plagas, compite por alimento y refugio con otras especies, incluidos los anolis nativos.

Impacto ecológico y retos urbanos
La propagación de estos reptiles desencadenó una serie de consecuencias en los ecosistemas y en la rutina diaria. Matthew Atkinson, herpetólogo de la University of Central Florida, declaró a Orlando Sentinel que los lagartos invasores “pueden desplazar o depredar especies nativas, alterando el equilibrio ecológico del área”. Además, estos animales suelen aprovechar las construcciones humanas, generando inconvenientes en sistemas eléctricos y de plomería.
Entre los riesgos asociados, Atkinson subrayó que “hay algunos impactos a nivel humano, desde una perspectiva ornamental y de simple molestia, además de algunos riesgos potenciales para la salud”, en referencia a la transmisión de enfermedades como la salmonela y la malaria.
El especialista también indicó que el clima cálido y los inviernos cada vez menos severos facilitaron la expansión de especies tropicales, que hallan en las urbes ambientes propicios y abundantes lugares de refugio.
La Florida Fish and Wildlife Conservation Commission (FWC), entidad estatal encargada del manejo de fauna, destacó que muchos de estos reptiles llegaron al estado mediante barcos internacionales o liberaciones accidentales vinculadas al comercio de mascotas exóticas.
La FWC mantiene un listado de especies prohibidas y establece regulaciones para la tenencia de ejemplares, especialmente para aquellas consideradas de alto impacto.

Monitoreo ciudadano y prioridades de control
El seguimiento de estas especies depende en buena medida de la colaboración ciudadana. Plataformas como iNaturalist se transformaron en una herramienta fundamental para registrar y mapear los avistamientos.
Steven Collins, ingeniero y residente de Orlando, relató a Orlando Sentinel su experiencia fotografiando agamas cerca del lago Eola: “Es alarmante cuando no lo esperas. Ver estos lagartos grandes es un poco sorprendente”.
Collins detalló que, aunque había visto agamas en otras partes del estado en la última década, solo recientemente empezó a detectarlos tan al norte como Florida Central.
- Dificultad de captura: Collins afirmó que los agamas son “muy grandes y asustadizos. Cuando los asustas, los oirás. Salen corriendo hacia un árbol”, lo que dificulta su control por parte de las autoridades.
- Reproducción y dispersión: El reporte de la FWC indica que algunas especies, como el monitor del Nilo, poseen altas tasas reproductivas y dietas generalistas, lo que les permite adaptarse y expandirse rápidamente.

El tegu argentino blanco y negro es considerado por la FWC una “especie de alta prioridad para los esfuerzos de remoción por su posible impacto sobre la fauna nativa”.
El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos describió a este lagarto como portador de un “apetito voraz”, capaz de depredar huevos de caimán, aves que anidan en el suelo y tortugas en peligro.
Para su extracción, se utilizan trampas cebadas con huevos y dispositivos de rastreo que permiten estudiar sus desplazamientos.

Definición de especies invasoras y escenario futuro
No todas las especies no nativas tienen la misma clasificación legal. La FWC define como “invasoras” solo a aquellas que causan daño al ambiente, la economía o la calidad de vida humana.
En ese sentido, el agama de roca de Peter no está considerado invasor por la agencia estatal, aunque el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE.UU. lo categorizó de ese modo en el pasado por competir con las especies autóctonas por alimento y hábitat.

Desde la llegada del anolis pardo a finales del siglo XIX, la expansión de reptiles exóticos fue constante. La introducción de especies, tanto accidental como deliberada, sumada a factores climáticos y urbanísticos, creó un mosaico biológico único en Florida.
El propio Atkinson advirtió que, a medida que estas especies se multiplican en el sur y centro del estado y avanzan hacia el norte, “va a ser realmente complicado porque no hay ningún lugar que tenga esta combinación muy singular de muchas especies distintas de muchos lugares distintos reuniéndose de una manera también muy singular”.

El avance de los reptiles exóticos en Florida Central motivó nuevas líneas de investigación por parte de universidades y organismos ambientales, que buscan comprender cómo estas especies interactúan con la fauna local en escenarios urbanos cada vez más transformados.
Los reportes de residentes y las acciones de las autoridades permitieron detectar patrones de dispersión y adaptar métodos de control, aunque la variedad de orígenes y comportamientos complica la gestión tradicional de especies invasoras.
En ese contexto, la experiencia de Florida se convirtió en un caso de estudio internacional sobre los retos que enfrenta cualquier región sometida a la llegada continua de fauna foránea y a los efectos del cambio climático sobre la distribución de especies.
Fuente: Infobae