Olivia Wilde confiesa su síndrome del impostor al actuar con Norton y Cruz

Olivia Wilde confesó en una reciente entrevista con la revista Rolling Stone que experimentó el conocido síndrome del impostor al tener que actuar frente a figuras de la talla de Edward Norton, Penélope Cruz y Seth Rogen, mientras al mismo tiempo dirigía la película La invitación.

Durante la charla, Wilde explicó que en un inicio no tenía contemplado aparecer en pantalla. Sin embargo, tras la salida de otra actriz, terminó asumiendo el rol protagónico. La intérprete sostuvo que dudó de su capacidad para estar a la altura de sus colegas y que, además, le generaba inquietud dirigir una historia que aborda el sexo, el deseo y la incomodidad de hablar de intimidad en público.

“Había alguien interesada con mucha generosidad, pero es una persona muy ocupada y no pudo hacerlo”, relató a la publicación. Cuando el reparto y el equipo le propusieron que tomara el personaje, su reacción fue inmediata: “Pensé: ‘¿En qué mundo voy a actuar frente a Edward Norton, Penélope Cruz y Seth?’”. Y agregó: “Tenía algo así como síndrome del impostor”.

Wilde también desglosó otro temor que el proyecto le planteaba: “¿Puedo estar a la altura de estos maestros como actriz y, al mismo tiempo, hacer ese trabajo sin fallarles como directora?”. Sobre esa doble responsabilidad, fue categórica: “Sin duda es dividir la mente entre dos trabajos”.

Cómo la inseguridad se convirtió en método de dirección

La cineasta detalló que esa tensión terminó integrándose en la forma de hacer la película: “En esta película en particular terminó siendo esencial, porque éramos un equipo muy pequeño y era un cuerpo menos en el set”.

Describió un rodaje sin el aparato técnico habitual: “No había monitores. No había nada de eso. Estábamos todos juntos en este decorado que construimos en un estudio”. Desde esa perspectiva, pudo dirigir desde dentro de la escena: “Yo estaba muy metida en la energía de las interpretaciones, y como directora podía sentir cuándo íbamos por el camino correcto”.

Olivia Wilde dijo que la inseguridad quedó integrada a su método de dirección en un rodaje con un equipo pequeño y sin monitores en el set (REUTERS/Mario Anzuoni)

Wilde defendió la decisión de filmar en orden cronológico tras 2 semanas de ensayos. “Tuvimos este proceso de ensayo de 2 semanas con Will McCormack y Rashida Jones, y los seis despedazamos esto”, contó al medio. Según Rolling Stone, describió ese trabajo como una reescritura colectiva. “Fue una colaboración real, un verdadero laboratorio del material, donde la mejor idea era la que ganaba”.

Además, mencionó la ventaja de grabar en secuencia: “También era una oportunidad de filmar en secuencia, porque podíamos hacerlo al estar en una sola localización, y además rodamos en 35 mm”.

La intimidad y el sexo como una conversación incómoda

Al hablar de La invitación y de I Want Your Sex, Wilde señaló que ambas películas terminaron dialogando entre sí: “Solo después de hacerlas pensé: ‘Un momento, son absolutamente un programa doble’”.

La cineasta dirigió La invitación desde dentro de la escena y afirmó que así podía percibir la energía de las interpretaciones (A24 via AP)

La diferencia, según ella, está en el ángulo: “La invitación trata un poco más de lo que pasa cuando no hablamos de eso”. Llevó la reflexión a lo que las parejas callan: “Las personas contienen multitudes. También contienen una multitud de fantasías sexuales de las que no hablan, ni siquiera con sus parejas”.

Wilde rechazó la idea de que el problema sea la sexualidad misma: “Creo que la sexualidad no es algo con lo que la gente se sienta incómoda”. Lo que genera resistencia, dijo, es exponer esas conversaciones ante otros: “Creo que la idea de compartir esas conversaciones en un foro público es algo que todavía nos pone un poco nerviosos, pero los nervios son lo que lo hace divertido”.

Defensa de la experiencia colectiva en las salas

Wilde describió La invitación como una reescritura colectiva en una sola localización, con filmación en secuencia y rodaje en 35 mm

Wilde extendió esa idea a la exhibición en cines y defendió que ciertas reacciones solo cobran sentido cuando se viven con desconocidos: “Las comedias, más que cualquier otro género, se benefician de la experiencia colectiva”.

Comparó ese efecto con el terror o el suspenso, pero puso a la risa en un lugar aparte: “Creo que nos hemos quitado la oportunidad de sentir una comedia con otras personas y de reír”. Para sostener su argumento, mencionó la respuesta del público a La invitación, que, según la entrevista, ya se exhibe en salas y está disponible desde el 10 de julio: “Las experiencias que la gente está teniendo en los cines con esta película me están volando la cabeza”.

Fuente: Infobae

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