Conejo ibérico y europeo: dos especies separadas por dos millones de años

La historia del nombre de España podría estar ligada al conejo. Según una hipótesis ampliamente aceptada, los fenicios, al llegar a la Península Ibérica y ver la gran cantidad de estos animales, los confundieron con damanes, mamíferos típicos de África y Oriente Próximo. De allí provendría el término i-shapan-im, traducido como ‘tierra de los damanes’, aunque muchos historiadores sostienen que en realidad se refería a los conejos que habitaban la región.

El conejo es una de las especies más representativas de España. Se encuentra en buena parte del territorio, con mayores concentraciones en comunidades como Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Castilla y León.

A pesar de su amplia distribución y larga presencia en la zona, el conocimiento sobre estos mamíferos aún no es completo. Un reciente estudio publicado en la revista Biological Conservation, liderado por científicos del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC), ha determinado que la Península Ibérica alberga dos especies de conejo, y no una como se creía.

La investigación, con participación de expertos de España, Portugal y Reino Unido, reconoce al conejo ibérico (Oryctolagus algirus) y lo distingue del conejo europeo (Oryctolagus cuniculus).

Ejemplar de conejo fotografiado en A Coruña. (Fernando Losada Rodríguez/Wikimedia Commons)

Diferencias clave entre ambas especies

Las diferencias son sustanciales. El conejo ibérico es originario exclusivamente de la península, excepto en algunas islas atlánticas y el norte de África donde fue introducido; se distribuye de forma natural por Portugal y el oeste de España. El europeo, también originario de la península, habita en el este español y ha sido introducido en casi toda Europa, Oceanía, Argentina, Chile y numerosas islas oceánicas.

Además, difieren en aspectos genéticos, morfológicos, ecológicos, reproductivos y comportamentales. El ibérico es de menor tamaño, coloración más oscura, maduración más temprana y camadas más pequeñas. Las diferencias incluyen también la trayectoria de crecimiento, comunidades de parásitos, composición del microbioma intestinal e incluso las propiedades de la carne.

Su diversidad genética es igual o superior a la que separa otras especies de aves y mamíferos reconocidos, aunque a simple vista sean muy similares. Especies divergieron hace aproximadamente dos millones de años tras quedar aisladas en dos refugios glaciares en extremos opuestos de la Península Ibérica: uno en el valle del Ebro y otro en el Golfo de Cádiz.

Ejemplar de conejo fotografiado en Burgos. (euqirneto/iNaturalist CC BY 4.0)

Reconocer esta diversidad, según los autores, no implica modificar la realidad, sino comprenderla con mayor precisión. El investigador Rafael Villafuerte, del IESA-CSIC y autor principal, señaló:

«Las dos especies siempre han estado ahí, pero lo que ha cambiado es nuestro conocimiento sobre ellas.»

Este hallazgo permitirá «reinterpretar mejor numerosos resultados obtenidos en el pasado y diseñar estrategias de gestión y conservación más eficaces para cada una de las dos especies», añadió Villafuerte.

El conejo ibérico podría estar en peligro de extinción

Una de las ventajas de este reconocimiento es mejorar la conservación. El conejo europeo mantiene poblaciones estables e incluso crecientes en algunas zonas, mientras que el ibérico experimenta un acusado declive en gran parte de su población.

Evaluar ambas especies como si fueran una sola puede ocultar la situación real de la más amenazada y dificultar la adopción de medidas para evitar su extinción. Las traslocaciones indiscriminadas del conejo europeo para reforzar poblaciones y como recurso cinegético favorecen la «sustitución» demográfica y genética del ibérico.

La pérdida de esta especie recientemente reconocida podría desencadenar efectos ecológicos en cascada en los ecosistemas mediterráneos, ya que es una pieza clave para al menos 20 depredadores, como el lince ibérico o el águila imperial.

En este sentido, su reconocimiento como especies distintas permitirá mejorar los programas de seguimiento, las evaluaciones del estado de conservación, las translocaciones, la planificación cinegética y las estrategias de recuperación, evitando extrapolar resultados obtenidos para una especie a la otra.

Fuente: Infobae

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