En el grupo de las frutas más emblemáticas del verano, junto a la sandía y el melón, se encuentra un fruto que ha sido parte de la dieta mediterránea durante milenios. Fenicios y griegos fueron los responsables de expandir su cultivo desde Oriente Próximo, y era tan apreciado por pensadores como Platón o Diógenes que lo llamaron “el alimento de los filósofos”. Durante la Edad Media y el Renacimiento, se comenzó a secar al sol para conservarlo por más tiempo.
Este fruto no es otro que el higo, una fruta de sabor intensamente dulce y textura única que no solo conquista el paladar, sino que también ofrece nutrientes valiosos para una alimentación equilibrada, siempre que se consuma dentro de un patrón dietético saludable.
De acuerdo con la Fundación Española de la Nutrición (FEN), el principal componente del higo fresco, después del agua, son los hidratos de carbono, especialmente glucosa, fructosa y sacarosa. Esto lo coloca, junto con el plátano, la chirimoya y las uvas, entre las frutas con mayor contenido natural de azúcares. Por ello, el higo es una fuente rápida de energía, ideal para personas con alta actividad física o como refrigerio antes o después del ejercicio.
A pesar de su dulzor, el higo destaca por su aporte de fibra, un nutriente clave para la salud digestiva. La fibra favorece el tránsito intestinal y contribuye a mantener el equilibrio de la microbiota. Además, una dieta rica en fibra se asocia con una mayor sensación de saciedad, lo que puede ayudar a controlar el apetito dentro de un plan de alimentación saludable.

Un perfil nutricional que incluye proteínas y potasio
En cuanto a las proteínas, el higo no se destaca por su cantidad, pero sí contiene todos los aminoácidos esenciales, aquellos que el cuerpo humano no puede sintetizar y que deben obtenerse a través de la comida. Aunque esta contribución es modesta y no convierte al higo en una fuente proteica relevante, sí enriquece la diversidad nutricional de la dieta.
Entre los minerales presentes, el más notable es el potasio. Este mineral es fundamental para el funcionamiento normal de los músculos y del sistema nervioso, además de ayudar a mantener una presión arterial adecuada. Por esta razón, los alimentos ricos en potasio suelen incluirse en las recomendaciones para una alimentación equilibrada.
Respecto a las vitaminas, la FEN señala que el higo contiene pequeñas cantidades de vitamina B6 y tiamina, dos vitaminas del grupo B que participan en el metabolismo energético y en el funcionamiento normal del sistema nervioso. Aunque las cantidades no son elevadas, su consumo se suma al de otras frutas y verduras para cubrir las necesidades diarias de estos micronutrientes.
Higos secos: energía concentrada para deportistas
El higo también se consume en su versión seca, obtenida mediante un proceso de deshidratación. En este proceso, el contenido de agua pasa de aproximadamente el 80 % al 15 %, lo que permite conservar el producto por mucho más tiempo. Sin embargo, esta pérdida de agua concentra el resto de sus componentes, incluidos los azúcares y las calorías.
Como resultado, el higo seco aporta mucha más energía por cada 100 gramos que el higo fresco. También concentra la fibra y los minerales, lo que lo convierte en un alimento muy interesante desde el punto de vista nutricional, aunque es recomendable moderar las cantidades debido a su elevada densidad energética. Un pequeño puñado de higos secos puede ser una opción práctica para deportistas o para quienes necesiten un aporte rápido de energía durante una actividad prolongada.
Fuente: Infobae