El Mundial de fútbol que se disputa en Estados Unidos y Canadá entra en su semana decisiva. Después de un recorrido por las expresiones artísticas del siglo XX, donde las vanguardias y la modernidad marcaron el paso, ahora el foco se desplaza hacia las obras contemporáneas. Aquí, la crítica aparece de manera más directa: la violencia, los cuerpos, el uso político del deporte y la diáspora africana son temas que siguen vigentes.
“Pelé, gol”, de Maurício Nogueira Lima

La máxima figura del fútbol brasileño, O Rey Pelé, ha sido el centro de múltiples obras de arte a lo largo de las décadas. Desde el famoso retrato de Andy Warhol en su serie Atletas de 1977, hasta las pinturas del británico Mitch Griffiths en este siglo. Sin embargo, antes que todos ellos, el brasileño Maurício Nogueira Lima (1930-1999) inmortalizó a Pelé a través del arte pop nacional, tanto en esta obra de 1967 como en una serie completa dedicada a la primera superestrella mundial del fútbol.
Después del golpe de Estado de 1964 en Brasil, Nogueira Lima dejó la abstracción geométrica para trabajar con imágenes tomadas de los medios de comunicación. En sus pinturas incorporó a ídolos del cine, el fútbol y la música pop, además de señales gráficas y onomatopeyas que aludían de forma velada a la violencia del nuevo régimen. Allí, la figura de Pelé, utilizada como ejemplo por la dictadura, fue el eje de diferentes miradas por parte del artista.
Ese mismo año, el pintor participó en la emblemática exposición “Nova Objetividade Brasileira” en el MAM-RJ y firmó el manifiesto colectivo “Declaração de princípios básicos da nova vanguarda”.
“Fútbol”, de Joan Brossa

El español Joan Brossa fue más que un artista; fue un poeta visual que supo cómo, a través del ready made, generar imágenes de una potencia inaudita. Esta obra de 1986 no necesita demasiada explicación, pero sirve como transición entre las vanguardias y las representaciones más contemporáneas, donde la “cosa en sí” kantiana se diluye y la realidad existe solo en función de su contexto.
Un antiguo balón de cuero aparece con lo que parece un tapón de bañera, que contiene todo lo que sucede dentro de la esfera, evitando que lo oculto salga a la luz. El fútbol como tapón de la realidad, o el fútbol como chupete, ese pezón de goma que se da a los bebés para, entre otras cosas, evitar los berrinches. “¿Otra vez con el chupete electrónico?”, le decían al autor de niño cuando miraba la “caja boba”. Hay algo de la idea marxista sobre la religión y el opio en esta obra que sigue siendo filosa como un cuchillo.
“Just Another Bloody Saturday”, de Peter Howson

Solo otro sábado sangriento, de 1987, es una pintura al óleo del británico Peter Howson (1958), quien retrató la violencia asociada al fútbol en la década de 1980. La obra alude a la rivalidad entre Glasgow Rangers y Celtic, con el enfrentamiento en el campo como reflejo de la disputa territorial en las gradas.
En la escena, los hinchas gritan y gesticulan a ambos lados de la composición, con una tensión que amenaza con desbordarse hacia el terreno de juego. La obra remite no solo a la cuestión del rival como enemigo, sino al trasfondo de violencia que se vivía entonces en Gran Bretaña, mucho más allá de los campos.
Nacido en Londres, Howson se mudó a Glasgow a los cuatro años. Tras un breve paso por el ejército, siguió su formación en la escuela de arte escocesa de 1979 a 1981. Su obra se centró en los sectores populares de Glasgow, con retratos que alternan entre la empatía y una visión de la ciudad como foco de violencia. En 1993, fue designado artista oficial de guerra británico para Bosnia y, en trabajos más recientes, orientó su producción hacia temas cristianos.
“Stadium”, de Maurizio Cattelan

En 1991, el artista italiano Maurizio Cattelan creó Stadium, una mesa de metegol de casi 7 metros de largo, concebida como un manifiesto antirracista frente al aumento de la xenofobia en la Italia de los años noventa. La instalación reúne 22 jugadores que representan a un equipo integrado por inmigrantes del norte de África.
La obra se presentó por primera vez en la Galleria d’Arte Moderna de Bolonia y plantea el fútbol como un espacio atravesado por tensiones sociales: identidades en disputa y mecanismos de inclusión y exclusión. La pieza, además, depende de la participación del público: solo se completa cuando alguien decide jugar.
Cattelan también vinculó el deporte con el debate sobre la inmigración en A. C. Forniture Sud (1991), un equipo profesional formado exclusivamente por inmigrantes del norte de África. Ese plantel usó camisetas patrocinadas con la palabra “Rauss”, derivada de una consigna nazi, como crítica al racismo y a la tensión institucional en el fútbol europeo de la época. Mientras que en Monumento a las derrotas (1999), el artista, apelando al humor, realizó una escultura de granito con todas las derrotas de la selección de fútbol de Inglaterra grabadas en la superficie.
“Pelota con tetillas”, de Nicola Costantino

Allá por el año 2000, la artista argentina Nicola Costantino presentó su serie Peletería humana, un proyecto que vincula el cuerpo con la moda a través de prendas y esculturas hechas con materiales que simulan piel humana y pezones.
De allí salió esta pieza, que con una textura hiperrealista recrea tetillas masculinas sobre supuesta piel humana. A partir de ella se puede leer una denuncia de la violencia ejercida sobre el cuerpo, eje de su investigación, con una combinación de belleza y una incomodidad difícil de resolver.
Hechas de silicona, la serie recreó partes erógenas y recurrió al impacto visual y conceptual para indagar la corporalidad y la relación entre animales y humanos.
“Amén: Fútbol base”, de Jessica Hilltout

En 2002, la fotógrafa anglo-belga dejó la publicidad, compró un jeep y emprendió viajes por países no occidentales que la atraían. De ese recorrido nació Amen: Grassroots football, un libro que reúne imágenes de 10 países del sur y oeste de África. La obra busca mostrar a quienes quedaron fuera del foco del Mundial, lejos de los grandes estadios y del circuito corporativo del torneo.
El proyecto de Jessica Hilltout se concentró en jóvenes que fabrican pelotas de fútbol con los materiales que tienen a su alcance. Esa elección convirtió al libro en un registro de prácticas cotidianas atravesadas por la escasez, pero también por la inventiva y la persistencia.
La propia artista explicó que el objetivo de Amen era iluminar “a todos aquellos que están en la sombra de la Copa del Mundo, lejos de los grandes estadios y de la naturaleza carnavalesca” con el fin de “abrazar a África y todo lo que la hace única” y expresar el fútbol “en su forma más pura”. La propuesta se sostiene en una búsqueda precisa: encontrar belleza y alegría allí donde otros solo verían tristeza y privación. Y lo logra.
“Serie Diáspora”, de Omar Victor Diop

En un Mundial en el que la diáspora africana, como extensión de los efectos devastadores del colonialismo europeo, quedó en evidencia —donde casi un cuarto de los 1.248 futbolistas representan a un país distinto al de su nacimiento—, esta serie del fotógrafo senegalés Omar Victor Diop ingresa en relatos poco difundidos sobre la presencia de africanos fuera de África. Usa el fútbol para exponer cómo el éxito público convive con la condición de ser visto como “el otro”, una tensión que el artista vincula con los debates actuales sobre migración e inmigración.
Diop toma como punto de partida retratos de africanos notables en la historia europea, en su mayoría obras barrocas. El artista considera a esos siglos como el despertar de una etapa de interacción intensa, y antes inexistente, entre África y el resto del mundo.
“Para mí, el fútbol es un fenómeno global interesante que revela la postura de la sociedad cuando abordamos cuestiones raciales”, dijo sobre la serie.
Diop encuentra paralelismos entre los futbolistas africanos que hoy juegan en Europa y los hombres retratados: en ambos casos observa paradojas ligadas al reconocimiento público, la circulación por territorios extraños y la persistencia de una mirada que los marca por su diferencia.
Fuente: Infobae