En diversos establecimientos que albergan animales salvajes, como zoológicos, acuarios o supuestos “refugios”, se ofrecen a los visitantes actividades que implican tocar, dar de comer, sostener, tomarse fotos o abrazar a especies no domesticadas. Leones, primates e incluso tiburones se convierten en productos de atracción turística, una modalidad de explotación comercial que plantea serios dilemas éticos y de bioseguridad.
En nuestro país, este fenómeno conocido como petting zoos sigue en aumento. A menudo se promociona como una vivencia educativa, familiar o de concienciación ecológica, pero, en realidad, representa una preocupación desde el ángulo del bienestar animal, la salud pública, la seguridad ciudadana, la conservación de la biodiversidad y la pedagogía ambiental.
Así lo advierte la coalición InfoZOOS, impulsada por la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) y la Asociación Nacional para la Defensa de los Animales (ANDA). Ambas organizaciones han elaborado un informe sobre los petting zoos en el que señalan que, al menos, 40 centros en España facilitan este tipo de interacciones con fauna salvaje.

Entre los lugares mencionados en el informe de FAADA y ANDA están Mundo Park (Sevilla), Marineland Catalunya (Barcelona), Terra Natura Benidorm (Alicante) y Faunia (Madrid).
“Acariciar leones como si fueran gatos domésticos”
La Ley 31/2003, de 27 de octubre, sobre conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos, establece que estos deben garantizar condiciones adecuadas de bienestar, sanidad y seguridad, así como fomentar la conciencia sobre la biodiversidad y la necesidad de protegerla. Según FAADA y ANDA, “el mantenimiento de actividades que promueven el contacto directo entre visitantes y animales salvajes contradice frontalmente estos fines”.
Desde la Fundación visitaron de incógnito esta primavera el Zoo de Castellar de la Frontera (Cádiz) y el Zoo Safari Fauna Aventura (Toledo). “Documentamos escenas que nos dejaron profundamente preocupadas: depredadores salvajes paseando entre familias, visitantes invitados a acariciar leones como si fueran gatos domésticos, instalaciones que permiten que animales como lobos puedan sacar la cabeza por el vallado, y primates —animales capaces de transmitir diversas enfermedades a los humanos— pasados de unas manos a otras”.

Los riesgos de los ‘petting zoos’
Tal como indican las asociaciones, estas prácticas ponen en peligro la seguridad de los asistentes, ya que los animales salvajes “conservan comportamientos instintivos e imprevisibles, independientemente de que hayan nacido en cautividad o estén habituados a la presencia humana”. Así, pueden morder, arañar, golpear o atacar de manera repentina.
También representan una amenaza para la salud pública. La coalición InfoZOOS resalta que más del 60 % de las enfermedades infecciosas conocidas en humanos tienen origen animal y aproximadamente el 75 % de las enfermedades emergentes son zoonóticas, es decir, transmisibles naturalmente de los animales vertebrados a los humanos y viceversa.
“El contacto estrecho con fauna silvestre facilita la transmisión de patógenos en ambas direcciones, un riesgo que se agrava con el estrés continuo al que están sometidos los animales obligados a participar en estas interacciones”.

De hecho, FAADA y ANDA denuncian que estas interacciones generan un grave problema de bienestar animal al provocarles “estrés crónico, miedo, frustración y alteraciones conductuales”. Incluso cuando estos animales han nacido en cautividad o han sido entrenados, no se elimina su condición de especies salvajes.
Puede aumentar el mascotismo exótico
Junto a esto, las actividades que promueven el contacto cercano con este tipo de fauna añaden un riesgo en materia de conservación y educación, ya que transmiten una imagen distorsionada de estos animales, presentándolos como “seres dóciles, domesticables y disponibles para el entretenimiento humano”.
Según denuncian desde InfoZOOS, esto “banaliza su naturaleza, desvirtúa el mensaje pedagógico que debería acompañar a cualquier exhibición de fauna y dificulta la comprensión de las verdaderas amenazas que afectan a las especies en libertad”.
Este fenómeno se ve, además, amplificado por las redes sociales. Su difusión masiva influye en la demanda de animales salvajes como mascotas porque altera la percepción del público y puede incrementar la aceptación social de su tenencia como animales de compañía. Se favorece así “el comercio legal e ilegal de especies y la extracción de ejemplares de la naturaleza”.
Así lo explicaba precisamente en Infobae Olga Martín Carrera, responsable de Políticas de la Fundación AAP en España —que junto con ANDA y FAADA forman la Coalición para el Listado Positivo—. La experta señala que las redes sociales tienen un “papel fundamental y tremendamente dañino” en este sentido, ya que presentan a estos animales “como adorables mascotas”, lo que los aboca “a una vida de sufrimiento y privaciones que ocasiona que sufran daños físicos y psicológicos”.
Las granjas-escuela se suman a la tendencia
Además de los petting zoos tradicionales, las asociaciones han detectado una tendencia en auge que también resulta inquietante: las granjas-escuela que han incorporado especies salvajes y exóticas y que brindan actividades de interacción directa con ellas.

“Esta tendencia resulta especialmente preocupante si se tiene en cuenta que las granjas-escuela constituyen un destino habitual para excursiones escolares y visitas familiares, lo que implica que miles de niños y niñas están siendo expuestos a un mensaje profundamente distorsionado sobre la fauna silvestre”, además del riesgo de “sufrir accidentes o ataques y la transmisión de enfermedades zoonóticas”.
Falsos centros de rescate
Las asociaciones recuerdan que “ningún centro de rescate real permitiría jamás la manipulación o las interacciones directas con animales salvajes”. Que estos establecimientos utilicen dicha etiqueta es “una estrategia claramente engañosa destinada a atraer a personas especialmente sensibilizadas con la protección animal”.
FAADA y ANDA subrayan que los verdaderos centros de rescate y rehabilitación persiguen los objetivos de garantizar el bienestar de los animales, minimizar el estrés y, siempre que sea posible, favorecer su recuperación y eventual reintroducción en la naturaleza.
Fuente: Infobae