Autoengaño y decisiones: la ciencia detrás de los errores en logística

Para Andrés, quien combina formación en física con años de estudio en ciencia del comportamiento, el error no es un fracaso sino una parte inevitable de cualquier operación. “Si mandás muchos envíos, alguno va a fallar”, afirma, mientras reflexiona sobre por qué los seres humanos se autoengañan, cómo la incertidumbre provoca ansiedad y qué herramientas concretas pueden ayudar a tomar mejores decisiones tanto en lo cotidiano como en el trabajo y la gestión de organizaciones.

El hallazgo que marcó su visión sobre la mente humana

Hace más de tres décadas, Andrés encontró en un libro de su abuelo el experimento de Gazzaniga con pacientes de cerebro dividido. En aquella investigación, a personas que habían sido sometidas a una cirugía que separaba los dos hemisferios se les mostraba una palabra diferente en cada campo visual. Cada hemisferio procesaba la información por separado, sin que el paciente lo notara conscientemente.

Al pedirles que dibujaran lo que habían visto, combinaban ambas señales sin saberlo y luego inventaban una explicación coherente para justificar su propio dibujo. Ese mecanismo de autoengaño —el de contarnos una historia para que nuestro comportamiento parezca consistente con lo que creemos— es considerado por Andrés como uno de los hallazgos más reveladores de la neurociencia.

Lecciones para las empresas: más allá de las cifras

En el ámbito corporativo, el comportamiento humano juega un papel clave en áreas como la formación de recursos humanos, la retención de talento, la regulación emocional y la teoría de las decisiones racionales. También tiene un gran impacto en el liderazgo, ya que se trata de entender cómo deciden las personas y por qué.

La logística, en particular, combina comportamiento humano con ciencia exacta. Antes de especializarse en este campo, Andrés optimizaba redes de comunicación resolviendo matrices de tráfico con métodos matemáticos para minimizar recursos, un proceso similar a optimizar envíos y reducir la cantidad de camiones necesarios. Allí, el factor humano aparece en la forma de capacitar al personal con ese conocimiento técnico específico.

Cómo convivir con los errores en logística

En logística, el error es parte del proceso. Andrés recuerda un caso reciente en el que debía enviar 47 cajas a distintas provincias y no todas llegaron a tiempo. Muchas personas lo interpretan como una falla, pero él sostiene que no lo es: cuando se manejan muchos envíos, es inevitable que alguno falle, y eso debe estar contemplado desde el inicio en la preparación logística.

Para Andrés hay muchos aspectos del comportamiento humano que pueden ser relevantes para el funcionamiento de una empresa, como

Andrés compara esta realidad con las comunicaciones ópticas, donde siempre se mide la relación señal-ruido porque nunca se transmite el cien por ciento de la información sin errores; ese ruido está incorporado al modelo. Del mismo modo, con el error humano hay que prepararse, aprender rápido de él y, sobre todo, contar con un feedback inmediato, ya que cuanto más tiempo pase entre el error y la respuesta, menor será el aprendizaje.

Hábitos para desarrollar el pensamiento crítico

No existen atajos para pensar críticamente: se requiere educarse y seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida. Tener pensamiento crítico implica contar con herramientas para razonar bien, y esas herramientas se adquieren mediante la educación y el aporte de quienes ya han reflexionado en profundidad sobre distintos temas.

Un ejercicio útil, según Andrés, es preguntarse constantemente qué evidencia haría que uno cambiara de opinión, incluso si esa evidencia es difícil de conseguir. Estar dispuesto a modificar el propio punto de vista es, para él, uno de los rasgos más importantes para alcanzar el éxito, tanto a nivel personal como profesional.

Decisiones bajo incertidumbre: dos claves fundamentales

Frente a la incertidumbre, Andrés destaca dos aspectos esenciales. El primero es la regulación emocional, porque la incertidumbre genera ansiedad. El cerebro construye modelos sobre lo que va a suceder y les asigna probabilidades; cuantas más cosas puedan ocurrir con baja probabilidad, más ansiedad se produce.

El segundo es la toma racional de decisiones, que en la práctica significa contar con una política de riesgo definida. Si uno se deja llevar solo por la intuición para decidir bajo incertidumbre, terminará fallando. Por eso, esa política debe estar monitoreada con datos duros, que permitan revisar rápidamente las hipótesis cuando los resultados no se alinean con lo esperado.

Fuente: Infobae

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