Por primera vez, se ha confirmado la presencia de nanoplásticos en los suelos del interior de la Antártida, un descubrimiento que cuestiona la idea de que este continente permanece ajeno a la contaminación humana.
De acuerdo con una investigación publicada en la revista Scientific Reports, este hallazgo respalda la teoría de que estas diminutas partículas pueden alcanzar uno de los rincones más remotos del planeta tanto mediante transporte atmosférico de larga distancia como desde fuentes locales vinculadas a actividades humanas.
El estudio detectó nanoplásticos por encima del umbral de detección en el 54% de las 13 muestras de suelo superficial recolectadas, y registró niveles de hasta 295 nanogramos por gramo de suelo. Además, aparecieron en la mitad de las capas profundas analizadas, a más de 20 centímetros de profundidad, lo que indica que estas partículas pueden moverse verticalmente o ser enterradas con el tiempo.
La investigación se llevó a cabo en los valles de Taylor y Wright, dentro de los Valles Secos de McMurdo. En enero de 2023, los científicos extrajeron 13 muestras de la capa superficial y cuatro de niveles más profundos. Para el análisis, aplicaron un protocolo de análisis de suelo recientemente desarrollado y emplearon espectrometría de masas con reacción de transferencia de protones y desorción térmica, una técnica que permite medir nanoplásticos con alta sensibilidad. También evaluaron la presencia de microplásticos.

Los nanoplásticos se definen como partículas con un diámetro inferior a un micrómetro. El estudio advierte que representan un riesgo ecológico potencialmente mayor que las partículas plásticas más grandes, debido a su mayor capacidad de desplazamiento, su facilidad para atravesar membranas celulares y su capacidad de adsorber otros contaminantes.
Tipos de plásticos identificados
En las muestras se identificaron seis tipos de plásticos comunes: polietileno, polipropileno, tereftalato de polietileno, poliestireno, cloruro de polivinilo y partículas de desgaste de neumáticos. El polipropileno representó el 41,9% de la masa total, seguido por las partículas de desgaste de neumáticos con un 29,6% y el polietileno con un 14,6%.
Este dato evidencia que no se trata de una contaminación aislada ni de un solo tipo de polímero, sino de una mezcla diversa de materiales plásticos en un suelo que hasta ahora no tenía registros documentados de contaminación por submicro y nanoplásticos. Aunque ya se habían encontrado macro y microplásticos en ecosistemas marinos antárticos —como agua de mar, sedimentos, costas, glaciares, hielo marino y nieve—, la presencia de estas partículas en suelos continentales no había sido reportada antes.
La Antártida suele ser considerada un lugar prístino debido a la ausencia de población humana permanente, asentamientos estables o industrialización histórica. Sin embargo, este estudio pone en duda esa percepción al demostrar que incluso áreas alejadas del océano y de la actividad humana regular pueden recibir contaminación plástica.

Los autores del estudio atribuyen la falta de registros previos más a limitaciones técnicas que a una ausencia real de partículas. En el trabajo explican:
“Esta discrepancia se debe a dificultades analíticas, como la interferencia de la matriz, la agregación de partículas y la sensibilidad limitada de los métodos de detección existentes, algo especialmente crucial en entornos remotos como la Antártida, donde las concentraciones de nanopartículas son extremadamente bajas”.
Y añaden:
“Recientemente, la espectrometría de masas con reacción de transferencia de protones y desorción térmica ha surgido como una técnica de alta sensibilidad capaz de detectar nanopartículas a niveles de nanogramos, lo que ofrece una vía prometedora en este campo”.
Para determinar el origen de las partículas, el equipo utilizó modelos atmosféricos retrospectivos que permitieron reconstruir las regiones de origen probables y los patrones estacionales de deposición. Los resultados mostraron un doble origen: durante el verano antártico, las fuentes locales cobran mayor relevancia, mientras que en invierno el transporte atmosférico de largo alcance se convierte en una fuente importante de nanopartículas en los valles de McMurdo.
Entre las fuentes locales potenciales, los investigadores mencionan estaciones de investigación, turismo limitado y el deshielo del hielo marino, que puede liberar plásticos previamente atrapados. El estudio cita instalaciones ubicadas a unos 100 a 120 kilómetros de los puntos de muestreo, entre ellas Isla Ross, la Base Scott, la Estación McMurdo y la Estación Meteorológica de Marble Point, además de dos pequeños puestos avanzados estadounidenses en el valle de Taylor.

Sobre esta influencia cercana, los autores señalaron:
“Las estaciones de investigación como la Isla Ross, la Base Scott, la Estación McMurdo y la Estación Meteorológica de Marble Point, junto con dos pequeños puestos avanzados estadounidenses en el Valle de Taylor que dan apoyo a los investigadores durante el verano, se encuentran a una distancia aproximada de 100 a 120 km de nuestros puntos de muestreo. La Estación McMurdo tiene capacidad para hasta 1200 personas en verano y alrededor de 150 en invierno, mientras que la Base Scott alberga a 86 personas en verano y 11 en invierno. Esto también podría explicar por qué, durante el verano antártico, los plásticos se obtienen en mayor medida de fuentes locales dentro del continente”.
El estudio también señala que partículas de entre 100 y 1000 nm pueden recorrer largas distancias en la atmósfera, incluso hasta la mitad del mundo. Además, recuerda que trabajos previos ya habían documentado nanoplásticos en regiones remotas como los Alpes y Groenlandia, lo que refuerza la evidencia de este mecanismo de dispersión global.
Los autores destacan varias limitaciones del estudio: las concentraciones reales podrían ser mayores, ya que el método de recuperación no extrae ni mide el 100% del material; el procedimiento podría favorecer la detección de partículas más pequeñas y pasar por alto algunas de mayor tamaño; y el número de muestras fue reducido, con una marcada heterogeneidad entre los sitios.
A pesar de estas cautelas, la investigación publicada en Scientific Reports sostiene que los resultados pueden servir como un conjunto de datos de referencia para futuras evaluaciones ambientales y para discusiones sobre políticas de gestión de residuos y normas operativas en las estaciones de investigación antárticas.
Fuente: Infobae