El 70% de la actividad volcánica del planeta ocurre en las profundidades del océano, lejos de la vista humana y de cualquier sistema de monitoreo. Ahora, un equipo internacional de científicos ha dado un paso gigante para desvelar ese mundo oculto.
Mediante un algoritmo de inteligencia artificial originalmente diseñado para localizar cráteres en Marte, los investigadores identificaron 73 calderas volcánicas submarinas que hasta ahora permanecían completamente desconocidas. El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Communications Earth & Environment, más que duplica el inventario global de estas estructuras geológicas.
Estas calderas son depresiones gigantes que se forman cuando un volcán vacía su cámara de magma y el suelo colapsa sobre el vacío. La pregunta que ahora flota entre los expertos es inquietante: ¿cuántas de estas gigantes dormidas podrían despertar?
El estudio lleva las firmas de Andrea Verolino (Universidad París-Saclay, Francia), Christopher Lee (Universidad de Toronto, Canadá), Susanna Jenkins, Adam Switzer (Universidad Tecnológica de Nanyang, Singapur) y Martin Jutzeler (Universidad de Tasmania, Australia).
Un mapa del fondo marino con enormes vacíos

Más del 70% del fondo oceánico carece de datos batimétricos de alta resolución. La batimetría, el equivalente subacuático de un mapa topográfico terrestre, mide la profundidad y la forma del lecho marino, y su ausencia ha mantenido a las calderas submarinas fuera del radar científico durante décadas.
Hasta ahora, las bases de datos globales registraban 140 calderas del período Pleistoceno-Holoceno (los últimos 2,5 millones de años). Sin embargo, apenas el 6% de ellas eran completamente submarinas.
Las calderas oceánicas no son simples agujeros en el fondo. Pueden generar erupciones explosivas, tsunamis y ondas de choque. Un ejemplo reciente y catastrófico fue la erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha‘apai en 2022, que produjo ondas de presión que alcanzaron el espacio y tsunamis que causaron víctimas a miles de kilómetros de distancia.
El objetivo de la investigación no fue crear un inventario definitivo, sino construir un marco sistemático y reproducible para detectar calderas no documentadas en todo el planeta. Una base sólida que otros científicos puedan ampliar y mejorar con el tiempo.
Los investigadores también buscaron identificar qué calderas merecen atención prioritaria por su ubicación y su potencial peligro.
“Nuestro conjunto de datos llena un vacío observacional importante y proporciona un marco reproducible y actualizable para la caracterización de volcanes submarinos”, escribieron los científicos en el estudio.
Para lograrlo, el equipo adaptó una herramienta de inteligencia artificial al entorno oceánico, con la meta de cubrir todos los océanos con un método uniforme que cualquier laboratorio del mundo pudiera replicar.
La inteligencia artificial que busca volcanes en las profundidades

El punto de partida fue un algoritmo de aprendizaje automático diseñado para detectar cráteres en Marte. Los investigadores lo reconfiguraron para el fondo oceánico y lo alimentaron con datos del conjunto batimétrico global GEBCO 2023, que ofrece una resolución de aproximadamente 500 metros por píxel.
El algoritmo rastreó depresiones alrededor de más de 43.000 montes submarinos y arrojó inicialmente 87.435 posibles estructuras. Tras aplicar filtros automáticos, la lista se redujo a 514 candidatos que los investigadores clasificaron de forma manual.
El sistema demostró su eficacia cuando, de las 78 calderas identificadas en el conjunto final, 5 ya eran conocidas. Esto funcionó como prueba de que el sistema detecta estructuras reales.

De esas 78 calderas, 73 eran completamente desconocidas. Esto representa un aumento de al menos el 150% en el inventario global de estas formaciones.
La distribución geográfica de las nuevas calderas revela patrones interesantes:
- 61 se ubican en cadenas de montes submarinos alejados de los bordes tectónicos.
- 9 se encuentran en arcos volcánicos.
- 8 están en dorsales oceánicas.
Las profundidades varían desde 5.600 metros bajo el nivel del mar hasta estructuras parcialmente emergidas.
El equipo señaló siete calderas como objetivos prioritarios para exploración futura: cuatro en arcos volcánicos del Pacífico (tres en el arco de Tonga y una en el arco de Sangihe), dos en centros de expansión oceánica y una en el Mar de Bismarck.
La investigación reconoció sus propias limitaciones. La baja resolución del GEBCO dejó 229 estructuras sin clasificar, algunas de las cuales podrían ser calderas. El algoritmo también tuvo dificultades con formas irregulares o muy erosionadas; sistemas conocidos como Krakatau o Kikai no fueron identificados por esa razón.

Los investigadores recomendaron mejorar la resolución de los mapas batimétricos globales y explorar las zonas de mayor riesgo con vehículos submarinos autónomos. La iniciativa Seabed 2030, que busca mapear todo el fondo oceánico antes de que termine la década, puede acelerar ese camino.
“Este estudio sienta una base para evaluar los riesgos volcánicos submarinos y mejorar la preparación global”, afirmaron los investigadores, quienes precisaron que el método puede refinarse para encontrar aún más calderas en el futuro.
Consideraron que la lista de siete sitios prioritarios “representa un punto de partida para la exploración de aguas profundas y la evaluación integrada de georriesgos”.
Fuente: Infobae