Cancelar planes: ¿autocuidado o evitación? Expertos responden

¿Quién no ha experimentado esa mezcla de alivio y culpa al cancelar un compromiso social que ya no apetece? La decisión de quedarse en casa en lugar de salir puede generar satisfacción inmediata, pero también un sentimiento de haber fallado a la otra persona. Los especialistas han denominado a este comportamiento como ‘zapping social’. Según la investigación de Alyssa T. Altieri de la Universidad DePaul, se trata de la tendencia a cancelar o modificar planes de forma digital, minutos antes de que ocurran, generalmente motivada por la aparición de una opción que se percibe como más atractiva o entretenida.

Entonces, ¿dónde está el límite entre el autocuidado y la irresponsabilidad? Los psicólogos señalan que existen situaciones claras en las que cancelar es completamente válido. La psicóloga Virginia Chow indica que es una opción saludable cuando responde a una necesidad real de descanso, enfermedad física, agotamiento emocional, duelo o burnout. En estos casos, priorizar el reposo se convierte en un acto de autocuidado fundamental para prevenir un desgaste mayor y facilitar la recuperación.

Por otro lado, la línea de lo inaceptable se traspasa cuando la cancelación se convierte en un mecanismo constante para evitar la incomodidad, los nervios o la ansiedad social. La doctora Chow advierte que hay una diferencia crucial entre el autocuidado y la evitación. Es normal sentir pereza o timidez ante una reunión con personas desconocidas o con amigos que no se ven desde hace tiempo. No obstante, los especialistas recomiendan hacer el esfuerzo de asistir. Bajo el principio de la activación conductual, el estado de ánimo mejora como consecuencia de realizar la actividad, y no antes.

“A veces la motivación sigue a la acción, no al revés”, explica Chow.

Dos amigas haciendo un picnic en un parque (Canva)

¿Quién sufre más: el que cancela o el que espera?

La terapeuta Cheryl Groskopf destaca la importancia de evaluar cómo afecta nuestra ausencia a la otra persona. No es lo mismo posponer una cita informal que faltar a una celebración importante, o cancelar un compromiso donde la otra parte ha invertido tiempo, dinero en entradas o ha tenido que contratar una niñera. La confianza se construye mediante “actos repetidos de hacerse presente cuando realmente importa”, y son esos momentos clave los que definen con quién se puede contar a largo plazo.

A pesar de la culpa que suele acompañar estas decisiones, la ciencia indica que los temores a la desaprobación suelen ser exagerados. Un estudio de científicos de la Escuela Noruega de Economía y la Escuela de Negocios Alpina GEM revela una notable “brecha de percepción” entre quien cancela y quien recibe la noticia. En el experimento, con unos 400 adultos estadounidenses, se evaluó un escenario donde un amigo cancelaba una cena de último minuto por trabajo. Quienes imaginaron cancelar estimaron que su acción tendría una aceptabilidad de apenas 4,96 sobre 7.

En cambio, quienes adoptaron la perspectiva de recibir la cancelación valoraron la situación con un promedio de 6,22 sobre 7. Esra Aslan, investigadora principal, concluye que el entorno suele ser mucho más comprensivo de lo que se asume en estados de ansiedad.

“La gente no debería estresarse tanto por la cancelación”, afirma Aslan.

Sin embargo, los científicos advierten que esta indulgencia varía según el contexto cultural, siendo la desaprobación mayor en culturas de Asia.

Para preservar la calidad de los vínculos cuando cancelar es inevitable, los expertos coinciden en ciertas reglas de cortesía:

  • Comunicar la decisión lo antes posible. Groskopf enfatiza que avisar con anticipación protege el tiempo del otro y le da oportunidad de reorganizarse.
  • Proponer de inmediato una fecha alternativa y una actividad concreta, demostrando un deseo sincero de reunirse.

“Si la gente reprograma las cosas y hace un pequeño gesto de buena voluntad de antemano”, concluye la investigadora Esra Aslan.

Fuente: Infobae

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