La ciberdelincuencia en el Perú ha evolucionado hacia tácticas más sutiles y peligrosas. Ya no se requiere de programas informáticos ultracomplejos o fallos técnicos difíciles de explotar. Ahora, los atacantes digitales han afinado su estrategia para que sean las propias personas quienes, sin saberlo, abran la puerta al malware en sus equipos y teléfonos. Este giro en el modus operandi ha disparado las alertas entre los especialistas en ciberseguridad del país.
Un informe reciente de la firma ESET detalla que, durante los primeros cinco meses de 2026, se contabilizaron 353.530 detecciones de ciberataques a nivel nacional. Los meses de marzo y abril fueron los más críticos, superando cada uno las 83.000 detecciones. Estos datos se presentaron en el marco del evento Security Days 2026, donde los expertos advirtieron que el phishing, el QRishing y la falsificación de documentos se han consolidado como las herramientas predilectas para engañar a usuarios, compañías e incluso organismos públicos.
Ingeniería social y QRishing: el nuevo rostro de las amenazas digitales

La investigación de ESET subraya que la ingeniería social se ha erigido como la técnica dominante. De hecho, más del 45% de las detecciones registradas en territorio peruano dependen de que el usuario ejecute una acción voluntaria, ya sea abrir un archivo adjunto, escanear un código QR o llenar un formulario de verificación falso.
Mario Micucci, investigador de Seguridad de ESET Latinoamérica, explicó que la metodología de ataque ha mutado de forma considerable en los últimos años. En lugar de activar automáticamente un código dañino, los delincuentes ahora orquestan una suerte de “delegación de tareas” donde la víctima es quien inicia la infección al interactuar con documentos que parecen legítimos, como facturas electrónicas, boletas de pago o supuestos CAPTCHA.
“Las tácticas de ciberataque han cambiado. En lugar de ejecutar procesos automáticos, los atacantes ahora emplean una estrategia de delegación de tareas, donde el propio usuario, al interactuar con archivos aparentemente inofensivos como PDFs o captchas falsos, activa la descarga del software malicioso”, señaló Micucci durante la presentación del informe.
El especialista indicó que el éxito de estas maniobras radica en generar confianza o urgencia. Por ello, los mensajes suelen suplantar a bancos, empresas de servicios, tiendas o entidades gubernamentales, empleando asuntos relacionados con pagos pendientes, notificaciones legales o comprobantes electrónicos.
Una modalidad que gana cada vez más terreno es el QRishing, una variante del phishing que emplea códigos QR para dirigir a las víctimas hacia sitios web fraudulentos o forzar la descarga de programas maliciosos. Dado que estos códigos se escanean desde teléfonos móviles, las herramientas de seguridad tradicionales tienen más dificultades para detectar el engaño. El informe también señala un incremento de campañas que combinan códigos QR, scripts dañinos y TrojanDownloader, capaces de esparcir otras amenazas sin que el usuario se percate.
Mecanismos de ataque y riesgos para ciudadanos, empresas y Estado

El análisis de ESET describe un patrón habitual en la mayoría de los ciberataques detectados este año. Todo arranca con un mensaje diseñado para atraer la atención, ya sea a través de un correo electrónico, un enlace de mensajería instantánea o un código QR. Una vez que la persona interactúa, se ejecutan scripts o archivos maliciosos que otorgan a los atacantes un control parcial del dispositivo o instalan programas para robar información.
La meta final suele ser acceder a datos sensibles como contraseñas, claves bancarias, credenciales de acceso o sesiones activas de navegación, facilitando así el fraude económico o la suplantación de identidad.
Entre las repercusiones para los ciudadanos destacan las estafas digitales, el robo de cuentas personales, la pérdida de acceso a servicios financieros y la utilización de información privada para cometer nuevos delitos.
Para las empresas, el estudio advierte sobre un alza en incidentes como el compromiso del correo corporativo, la pérdida de accesos a plataformas en la nube, el fraude BEC (Business Email Compromise), ataques de ransomware y filtraciones de datos confidenciales.
Las entidades públicas tampoco están exentas. El informe señala que el crecimiento de estas actividades delictivas exige más investigaciones, cooperación entre instituciones financieras y autoridades, así como un refuerzo de los mecanismos de respuesta ante incidentes informáticos.
Otro punto relevante es el aumento en el uso de spyware e infostealers, programas diseñados para instalarse sigilosamente en computadoras y dispositivos móviles con el objetivo de recopilar información sin ser detectados. Estos programas pueden capturar contraseñas almacenadas, credenciales corporativas, sesiones abiertas en navegadores y datos de redes empresariales.
Los especialistas advierten que esa información suele ser la puerta de entrada para ataques más graves, como el secuestro de datos mediante ransomware o intrusiones en redes corporativas.
El estudio también destaca la persistencia de vulnerabilidades informáticas antiguas, como la falla CVE-2017-0199, identificada en 2017 y que, pese a los años transcurridos, sigue siendo explotada por los ciberdelincuentes durante 2026 para comprometer equipos no actualizados.
Los resultados evidencian que el ciberdelito mantiene una presencia constante y cada vez más refinada en el país, impulsada por técnicas que explotan el comportamiento humano más que las debilidades tecnológicas. El informe concluye que fortalecer la ciberseguridad requiere un esfuerzo conjunto entre ciudadanos, empresas, entidades públicas y organizaciones especializadas para reducir la exposición a estas amenazas digitales.
Fuente: Infobae