Alcanzar una edad avanzada comúnmente se asocia con la disminución de las capacidades físicas, la reducción de la actividad diaria y la necesidad de adaptar el estilo de vida a las limitaciones propias del envejecimiento. No obstante, existen individuos que demuestran que la actividad constante puede erigirse como una verdadera filosofía de vida. Tal es el caso de Bill Kober, un ciudadano británico de 98 años que continúa asombrando por su condición física: cada jornada completa 40 flexiones de brazos, además de incorporar a su rutina el pilates y el yoga.
Kober, quien reside en Suffolk, Inglaterra, se ha transformado en un emblema de vitalidad gracias a una disciplina diaria fundamentada en el movimiento y la perseverancia. Su ambición es seguir ejercitándose al momento de celebrar su centenario: “Quiero estar lo más en forma posible”, sostiene.
En diálogo con la BBC, el longevo hombre relató que distribuye sus flexiones en dos tandas: 20 por la mañana y 20 por la tarde. Para él, esta práctica no representa una carga. “Solo en los últimos años me he dado cuenta de que tengo esta capacidad. Lo hago porque puedo y, como dicen, ‘si no la usas, la pierdes’. Y no quiero perder mi capacidad”, explicó.

Aunque en la actualidad llama la atención por su vigor físico, Kober admite que jamás fue un deportista entregado. De hecho, asegura que no sostuvo durante años una rutina estricta de gimnasio ni de preparación atlética. Su fortaleza, según comenta, se vincula con una vida marcada por la actividad incesante y el trabajo manual.
En su juventud, pasó dos años en el ejército y luego laboró en el sector de la construcción, en una fábrica durante 28 años y, en la última fase de su trayectoria profesional, como conductor de autobús escolar. “Nunca he entrenado con constancia. Levanté algunas pesas e intenté correr, pero no me gustó mucho”, recordó. Sin embargo, encontró en las flexiones un ejercicio que se adaptaba a él.
Disciplina y mentalidad positiva
Cuando le preguntan acerca de la técnica adecuada para ejecutar una flexión correcta, Bill responde con humor y naturalidad. “Hay que mantener la espalda recta y los glúteos contraídos”, explica. Incluso agrega una comparación peculiar: “Si pusieras un billete entre las nalgas, tendrías que apretarlo tan fuerte que nadie podría quitártelo”.

Además de las flexiones, Kober practica pilates y yoga, disciplinas que le han permitido mejorar su equilibrio, fuerza y movilidad. Uno de sus logros más recientes ha sido conseguir realizar la postura del cuervo, un ejercicio que demanda fuerza en brazos, estabilidad y concentración, y que muchas personas jóvenes encuentran desafiante.
La historia de Kober también está impregnada de vivencias que han moldeado su perspectiva de la vida. Nació en el este de Londres y durante la Segunda Guerra Mundial fue evacuado junto a sus hermanos al campo, una etapa que guarda con especial afecto. “Mirando atrás, fueron los mejores dos años y medio de mi vida. Me enamoré del campo, me convertí en un chico de campo”, narró a la BBC.
Actualmente, pese a haber superado los 98 años, continúa gozando de una vida activa al realizar trabajo voluntario. Casado desde hace más de 75 años y padre de dos hijos, Bill considera que la longevidad depende de varios factores, aunque atribuye una parte significativa a la herencia genética. “El secreto de la longevidad es tener buenos genes. Los heredé y, por lo visto, siguen haciendo su trabajo”, afirma.
Fuente: Infobae