Un equipo internacional de arqueólogos, liderado por especialistas de la Universidad de Durham (Inglaterra) y con la participación de las universidades de Gotemburgo, Lancaster y Minho, ha descubierto evidencias que transforman la comprensión de las conexiones entre comunidades de la Europa atlántica durante la Edad del Bronce. El análisis de grabados rupestres hallados tanto en la península ibérica como en el sur de Escandinavia revela coincidencias sorprendentes en la representación de embarcaciones, lo que sugiere que los vínculos entre estas regiones eran mucho más profundos de lo que se creía.
La investigación, publicada el 9 de junio de 2026 en la revista científica PLOS One, constituye el primer estudio de alta resolución que documenta estos petroglifos y establece paralelismos tipológicos inéditos con la iconografía naval nórdica. Este hallazgo desafía las nociones tradicionales que consideraban a las culturas atlánticas como entidades aisladas.
En total, los científicos examinaron doce enclaves distribuidos entre España, Portugal, Suecia y Dinamarca. Al comparar los petroglifos, encontraron que las imágenes de barcos comparten detalles muy específicos en la forma del casco, la disposición de los remos, la presencia de posibles velas y elementos decorativos en los extremos, como figuras de aves o curvas en forma de S.
Paralelismos formales sin precedentes
El aspecto central del estudio es la detección de paralelismos formales y técnicos que hasta ahora no se habían documentado. Según los investigadores, detalles como mástiles, aparejos curvilíneos, popas elevadas decoradas con cabezas de animales y una disposición que denominan “quilla con quilla” solo se encuentran también en el repertorio nórdico, sin equivalente en ninguna otra región de Europa o el Mediterráneo.
Para documentar estos hallazgos, el equipo aplicó técnicas avanzadas de registro digital, incluyendo escaneo 3D de alta resolución, fotogrametría y Reflectance Transformation Imaging (RTI). Los principales yacimientos ibéricos estudiados fueron Santo Adrião, Eira do Louvado, Laje da Churra, Senhora de Encarnação 1, Penedo do Muro y Laxe Auga dos Cebros. Estos fueron comparados con la vasta colección de imágenes de barcos escandinavos datadas entre 1700 y 500 a.C., conservadas en el Swedish Rock Art Research Archives.
El análisis de la ubicación geográfica de estos sitios, realizado mediante sistemas de información geográfica (SIG), reveló que la iconografía naval se sitúa sistemáticamente en lugares con amplia visibilidad sobre rutas marítimas y estuarios clave, como la Ría de Vigo, el estuario del Miño o la costa de Oia. Esto consolida la función de la región noroccidental de la península ibérica como un nodo mediterráneo-atlántico para el intercambio de metales y creencias.
Cronología y contexto comercial
La cronología de los grabados en la península ibérica los enmarca entre 1200 y 500 a.C., en pleno auge del comercio de cobre y estaño. Los investigadores concluyen que las representaciones del noroeste peninsular constituyen probablemente los primeros ejemplos de iconografía naval escandinava documentados fuera del ámbito nórdico.
Entre los motivos identificados en los petroglifos ibéricos aparecen símbolos de carácter cosmológico, como cruces solares, que guardan similitud con elementos del arte prehistórico nórdico. Motivos solares, animales como ciervos y caballos, y armas grabadas replican la estructura mitológica escandinava, donde la nave simboliza tanto el viaje físico como el tránsito cósmico del sol sobre el horizonte. Esta coincidencia sugiere un posible interés común por la iconografía solar y por la integración de creencias relacionadas con el sol en la vida cotidiana y ritual de las comunidades costeras.
Para los investigadores, estas coincidencias refuerzan la hipótesis de que ya existían entonces rutas marítimas activas que permitían y favorecían el intercambio de ideas, objetos y técnicas a lo largo de la fachada atlántica. Los especialistas también consideran que las representaciones de barcos no solo reflejan avances en la navegación, sino también la importancia simbólica y ceremonial de estas embarcaciones en las sociedades de la época.
“La ubicación estratégica de los grabados, a menudo en puntos elevados o visibles desde el agua, indica una intención deliberada de establecer una conexión visual y cultural entre los paisajes marítimos y las personas que los habitaban”, destacan los arqueólogos en el estudio.
Los datos obtenidos señalan que las sociedades de la Europa atlántica no operaban de forma aislada, sino que participaban en redes que abarcaban grandes distancias. Este intercambio se reflejaba tanto en los objetos materiales como en la transmisión de ideas y símbolos, lo que permitió esta notable homogeneidad en la iconografía naval. El avance de estas investigaciones sigue arrojando luz sobre los modos de vida, creencias y capacidades técnicas de los pueblos prehistóricos, subrayando el papel del mar como eje articulador de las relaciones sociales y culturales en la Edad del Bronce.
Fuente: Infobae