La reducida disponibilidad de inmuebles y el aumento constante de los costos están fomentando modalidades distintas al arrendamiento residencial convencional. Cada vez más personas optan por la vivienda compartida o el alquiler de temporada ante las barreras para obtener un contrato de larga duración, según un reciente barómetro anual del mercado del alquiler.
Entre las opciones que cobran mayor relevancia, la vivienda compartida encabeza la preferencia de los demandantes con un promedio del 22,4%, seguida muy de cerca por el alquiler de temporada con un 21,8%. El alquiler de habitaciones individuales se posiciona en tercer lugar con un 16,4%.
El encarecimiento genera un éxodo hacia la periferia
El estudio también evidencia un fenómeno de desplazamiento forzado: el 76% de las agencias consultadas confirma que la demanda se está trasladando hacia municipios alejados de los grandes núcleos urbanos. Esta situación afecta aproximadamente al 35% de las personas que buscan alquilar.
“Muchas familias ya no buscan vivienda donde quieren vivir, sino donde todavía pueden permitírselo”
alertó José María Alfaro, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones Inmobiliarias (FAI). Agregó que esta tendencia contribuye a la saturación de los sistemas de transporte y vías de comunicación, los cuales “no se han planificado para este fenómeno”.
En cuanto a los precios, existe una brecha marcada entre lo que los inquilinos pueden pagar y los valores reales del mercado. El rango más solicitado por los arrendatarios es el de 700 a 900 euros mensuales (35,7%), seguido del tramo de 500 a 700 euros (31,2%). Sin embargo, los contratos efectivamente cerrados se concentran mayoritariamente entre 700 y 900 euros (35,5%) y entre 900 y 1.100 euros (20,6%).
La edad media del inquilino sube a 36 años en cinco años
El perfil típico del arrendatario corresponde a parejas sin hijos (66,3%) y parejas con hijos (56,8%). La vivienda se destina principalmente a primera residencia (92,6%). La edad media ha experimentado un incremento del 14,9% en medio lustro, alcanzando los 36,2 años.
Actualmente, el 61,3% de los inquilinos se ubica en la franja de 30 a 40 años. Hace cinco años, cerca del 90% se concentraba entre los 20 y 40 años, lo que refleja un retraso significativo en el acceso al alquiler por parte de los jóvenes.
En tercer lugar aparecen las personas que alquilan de forma individual (36,6%). Los grupos de amigos (14,6%), varias familias (12,7%) y empresas (5,5%) representan perfiles menos comunes.
El alquiler mantiene su rol principal como primera residencia según el 92,6% de las agencias encuestadas, muy por encima de otros usos como motivos profesionales (20,9%), pisos de estudiantes (16,5%) o segunda residencia (7,4%).
Más de la mitad de las agencias reporta retrasos en los pagos
En el ámbito de la seguridad jurídica, el 56,5% de las inmobiliarias afirma que la contratación de seguros y garantías de impago ha aumentado respecto al año anterior. Estas coberturas están presentes en el 65,9% de las operaciones de alquiler, y el 41,6% de las agencias las incorpora en más del 90% de los contratos que gestiona.
En cuanto a la morosidad, el 52,7% de las agencias declara haber tenido alguna incidencia de impago durante el último año, que afectó en promedio al 2,8% de las operaciones. El problema más frecuente fue el retraso en el pago de la renta mensual, señalado por el 43,2% de las agencias, mientras que el impago total fue identificado por el 14,7%.
“La seguridad jurídica ha dejado de ser una opción y se ha convertido en un requisito básico para cualquier propietario que quiera alquilar con tranquilidad”
destacó Pedro Bretón, CEO de la Sociedad Española de Alquiler Garantizado (SEAG). Y añadió: “Lo que estamos viendo no es una moda pasajera, sino un cambio estructural en cómo se protege una operación de alquiler”.
Fuente: Infobae