El emblemático portero mexicano Guillermo Ochoa cerró su carrera profesional el pasado 5 de julio. Esa jornada, el estadio que fue testigo de gran parte de su legado aún resonaba con el eco del partido que dejó fuera a la Selección Mexicana del Mundial 2026.
La escuadra nacional perdió 3-2 frente a Inglaterra en el Estadio Ciudad de México, quedando eliminada en octavos de final. Ochoa, que vio el encuentro desde el banquillo debido a que “Tala” Rangel es ahora el arquero titular del Tri, entendió que el silbatazo final no marcaba solo el fin de un partido: era el último minuto de su trayectoria como futbolista.
Ochoa pisó el césped con las gradas casi vacías

Cuando la mayoría de los seguidores ya había dejado las tribunas, el guardameta tapatío, sin poder contener las lágrimas, bajó al campo. Avanzó lentamente hacia el centro, se detuvo, observó a su alrededor. Luego se inclinó y, en un gesto simbólico, se quitó los tacos. Los sostuvo entre sus manos por unos segundos y abandonó la cancha. Sus compañeros, que lo vieron desde los costados, corrieron hacia él. Lo rodearon, lo abrazaron y trataron de consolarlo.
No hubo discursos ni ceremonias. Solo un hombre de 40 años diciendo adiós al oficio que ejerció por más de dos décadas.
Seis Mundiales y un reconocimiento que la FIFA tardó en otorgarle
La historia de “Memo” Ochoa con la selección arrancó con un amistoso ante Hungría en 2005 y se extendió hasta este sexto Mundial. En sus primeras dos Copas del Mundo (Alemania 2006 y Sudáfrica 2010) no vio acción: fue el tercer arquero detrás de Oswaldo Sánchez en 2006, mientras que Javier Aguirre optó por Óscar Pérez en 2010. Los Mundiales en los que realmente jugó fueron solo cuatro: Brasil 2014, Rusia 2018, Catar 2022 y México 2026. En ese trayecto acumuló convocatorias, atajadas que se volvieron parte del imaginario colectivo del país y también ausencias que generaron controversia.

Hace tan solo diez días, el 25 de junio, la FIFA le hizo entrega del Legacy Patch durante el encuentro México-República Checa, un parche bordado en el uniforme que distingue a quienes han participado en al menos un torneo mundialista. La concesión no estuvo exenta de incertidumbre: circuló el rumor de que no lo recibiría porque, a pesar de estar en seis convocatorias, solo tuvo minutos en cuatro Mundiales. La FIFA falló a su favor y lo colocó junto a Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Luka Modric y Manuel Neuer como portadores de esta distinción.
Fue el único guardameta mexicano en obtenerlo.
“Me voy con la cabeza en alto, me voy vacío”
Esa misma noche del 25 de junio, después del triunfo 3-0 sobre República Checa que le dio a México nueve puntos en la fase de grupos —la mejor cifra en sus 18 participaciones mundialistas—, Ochoa ya se había despedido del Tri. Caminó hacia su portería, besó el poste y se arrodilló en el césped del Azteca. Sus compañeros lo alzaron en hombros.
En los videos que la Selección Nacional difundió tras ese partido, el arquero habló con franqueza: “Me voy con la cabeza en alto, me voy vacío. Entregué todo por esta playera, por este país”.

También se refirió a lo que la selección significó para él a lo largo de su carrera: “La selección siempre ha sido mi brújula”, afirmó. Y agradeció a la afición que lo acompañó desde el inicio: “Reconocen el esfuerzo, la entrega, el sacrificio. Gracias por seguirme desde el día uno hasta el último día”.
El sueño mundialista concluyó en el Estadio Azteca
La eliminación ante Inglaterra puso fin al ciclo mundialista del Tricolor en casa. México había llegado a los octavos de final con nueve puntos, su mejor arranque histórico en el torneo, y cayó 3-2 en el mismo estadio que lo vio ganar la fase de grupos.
Para Guillermo Ochoa, el resultado no alteró la manera en que decidió decir adiós: sin tacos, con las manos vacías y el pasto del Azteca aún entre los dedos.
Fuente: Infobae