Una tormenta eléctrica retrasa el inicio y el Azteca se convierte en una caldera
El deporte rey, en su versión más intensa y desgarradora, volvió a escribir una de esas páginas que no se olvidan. En esta ocasión, el imponente Estadio Azteca fue testigo de cómo la Selección Mexicana se despedía de la Copa del Mundo de la FIFA 2026 en los octavos de final. El marcador final de 2-3 frente a Inglaterra, un rival que terminó el partido con un jugador menos, refleja la montaña rusa de emociones que se vivió en la cancha.
Todo comenzó con un prólogo poco común. Una fuerte tormenta eléctrica, acompañada de granizo y relámpagos sobre el sur de la capital, obligó a la FIFA a activar su protocolo de seguridad. El silbatazo inicial se retrasó una hora, pero lejos de enfriar los ánimos, los más de 80,000 aficionados convirtieron el coloso de Santa Úrsula en una olla a presión. Cuando el árbitro Alireza Faghani finalmente dio la orden de arrancar a las 19:00 horas, el rugido fue ensordecedor.
El estratega nacional, Javier “Vasco” Aguirre, alineó a su once de confianza, apostando por la intensidad, el orden defensivo y la magia del joven Gilberto Mora en el mediocampo. Del otro lado, la Inglaterra de Thomas Tuchel saltó con todo su arsenal, liderado por la joya del Real Madrid, Jude Bellingham, y el infalible Harry Kane.
Los primeros treinta minutos fueron de paridad. Raúl Jiménez se multiplicaba en el frente de ataque y un testarazo suyo fue desviado de milagro por Jordan Pickford. México competía de tú a tú, mordiendo en cada sector de la cancha.

La ráfaga de Bellingham y la respuesta heroica de Quiñones
Sin embargo, los gigantes europeos no perdonan los descuidos. Al minuto 36, una desconcentración de la zaga azteca fue letal. Jude Bellingham apareció ganando las espaldas tras un centro preciso y, con un testarazo picado a corta distancia, venció a Raúl “Tala” Rangel. El 0-1 heló momentáneamente los ánimos de la grada.
Antes de que México pudiera reaccionar, llegó el segundo golpe. Solo dos minutos después, al 38′, nuevamente Bellingham pisó el área como un fantasma y, con un disparo cruzado de pierna derecha tras un rebote, firmó el 0-2. El fantasma de eliminaciones mundialistas del pasado sobrevolaba el Azteca.
Pero este “Tri” del 2026 tenía una piel distinta. Lejos de desmoronarse, el equipo reaccionó con orgullo herido. Al minuto 42, Roberto “Piojo” Alvarado mandó un trazo venenoso al corazón del área inglesa. Julián Quiñones leyó la jugada a la perfección y, conectando una volea soberbia y llena de rabia, techó a Pickford para encender la tribuna con el 1-2. México se fue al descanso con vida.

Drama puro: expulsión, penales y un final de alarido
La segunda mitad fue un guion cinematográfico. Aguirre movió sus piezas buscando frescura, mandando a la cancha a Edson Álvarez. Al minuto 53, el rumbo del encuentro pareció cambiar por completo: el defensor inglés Jarell Quansah cometió una severa falta que, tras ser revisada en el VAR, terminó en tarjeta roja directa. Inglaterra se quedaba con diez hombres y el Azteca olió la sangre.
Lamentablemente para la causa local, la inexperiencia y el cansancio jugaron en contra. En un contragolpe fulminante al minuto 60, la zaga mexicana cometió una falta infantil dentro del área. Harry Kane, con la frialdad que lo caracteriza, cobró fuerte y al centro para engañar al “Tala” Rangel, poniendo un pesado 1-3 que parecía definitivo.
El empuje del Azteca: “¡Sí se puede, sí se puede!”, bajaba desde las gradas como un mantra sagrado. El equipo mexicano jamás bajó los brazos, impulsado por una afición volcada al heroísmo.
La insistencia mexicana rindió frutos al minuto 68. En una jugada accidentada dentro del área inglesa, Marc Guéhi tocó el balón con la mano. Tras una tensa revisión en las pantallas del VAR, el colegiado decretó la pena máxima para el Tri. Raúl Jiménez tomó el esférico con la jerarquía que le dan los años y, con una ejecución magistral y templada, engañó por completo a Pickford para poner el 2-3.

La caída de pie de un gigante local
Los últimos veinte minutos más el agregado fueron un acoso incesante de la escuadra mexicana. Santiago Giménez y el español naturalizado Álvaro Fidalgo saltaron al campo buscando la épica del empate. Inglaterra se atrincheró atrás, defendiendo con uñas y dientes los embates de un México volcado al ataque. Jordan Pickford se vistió de héroe en un par de ocasiones, descolgando balones aéreos y congelando el esférico ante la desesperación azteca.
Cuando Faghani pitó el final tras más de ocho minutos de compensación, el silencio y el llanto invadieron la cancha. México quedaba fuera de su Mundial en los octavos de final.
Sin embargo, la silbatina no apareció. La afición reconoció el esfuerzo titánico de un equipo que remontó el vuelo, que peleó contra una de las potencias candidatas al título y que murió de pie, atacando hasta el último segundo. El sueño del quinto partido se escapó una vez más, pero la Selección Mexicana se despidió con la frente en alto, demostrando que en el Estadio Ciudad de México, el fútbol nacional se respeta y se vive con el corazón en la mano.
Fuente: Infobae