El verdadero significado de “hermano” en el cristianismo

El concepto de “hermano” dentro del cristianismo ha evolucionado significativamente desde las enseñanzas de Jesucristo, quien le otorgó múltiples dimensiones a través de sus parábolas y acciones. Según el análisis de diversos teólogos, el término pasó de tener un sentido restringido en el Antiguo Testamento a una visión mucho más amplia e inclusiva.

Los cuatro sentidos que Jesús dio a la palabra “hermano”

En sus inicios, Jesús retomó el significado que los judíos daban a “hermano” en el Antiguo Testamento, tal como lo recoge San Mateo en su Evangelio (Mt. 5, 21 ss; 5. 23 ss; 7, 3; 18, 15 ss; también en los versículos 21 y 35). Posteriormente, el término evolucionó para designar a “discípulo” o “seguidor” (Lc. 22, 31 ss; Mt. 28,10; Jn. 20,17).

En un tercer momento, Jesús le dio un alcance cristiano, superando la terminología rabínica, al afirmar: “Quien hiciere la voluntad de Dios, ese es mi hermano” (Mt. 3, 31-35). Finalmente, en la parábola del Juicio Final (Mt. 25, 31-46), el Rey y Juez se identifica con los necesitados, llamándolos “hermanos más pequeños” (Mt. 25, 40).

“Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme.’ Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’ Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.’ Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.’ Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’ Y Él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.’ E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.”

La interpretación más aceptada de este pasaje indica que el mensaje no se limita a los creyentes, sino que se extiende a todos los menesterosos sin distinción (según Marcos 10:45 y J. Schmid). Sin embargo, el autor de la obra citada señala una cierta ambigüedad en las palabras de Jesús: por un lado, el término “hermano” se aplica a todos los necesitados precisamente por su condición; por otro, la futura comunidad de creyentes constituiría una nueva hermandad, segregada de los no creyentes, generando un particularismo frente al universalismo.

El filósofo y católico Pedro Laín Entralgo realizó una magistral exégesis de la parábola del Buen Samaritano, explicando por qué debe considerarse prójimo (hermano, en términos del Antiguo Testamento) al caído, malherido, despojado y tirado al costado del camino que va de Jerusalén a Jericó. En Israel, prójimo significaba “el que está cerca”, “el próximo”, “aquel con el que se comerá el cordero pascual”, “el compatriota”, “el de la misma sangre”.

Madre Teresa de Calcuta

En cambio, no lo era el extranjero puro y simple, el nokri, a quien estaba permitido explotar sin escrúpulos (Deut. 15, 2-3; 23 y 21), y menos aún siendo samaritano, considerado un pueblo insensato por los judíos. En ese contexto, la humanidad se dividía en dos fracciones: los israelitas fieles, llamados los prójimos, y los otros (aherim), apóstatas o paganos, todos enemigos de Dios.

No obstante, Jesús rechazó la interpretación hebraica. Un texto del Eclesiástico avala este nuevo alcance: “La misericordia del hombre se ejerce para con el prójimo, pero la misericordia del Señor se extiende a toda carne” (Eclo. 18, 13). Laín Entralgo agrega: “esta divina superación del antiguo precepto es precisamente la que Jesucristo va a proclamar con su palabra y con su ejemplo”.

San Pablo y el verdadero discernimiento cristiano del término “hermano”

Según San Pablo, la palabra “hermano” designa “al que profesa la misma fe cristiana”. Existe también el término “falso hermano”, que refleja a quien se dice cristiano pero no cree en Cristo. Pablo alude a los “hermanos” como “coherederos de Cristo”. El Apóstol distingue entre “caridad” y “amor fraternal”: hay que tener caridad para con todos los hombres, pero solo al hermano cristiano se le debe profesar amor fraternal (Ratzinger). En igual sentido se pronuncia San Juan en sus escritos.

La actualidad del término “hermano cristiano”

A través del tiempo, la palabra “hermano” en el cristianismo ha ampliado su significado. Se sostiene que es en el momento del bautismo cuando el cristiano se hace cristiano, donde la Madre es la Iglesia y Dios es el Padre. La fraternidad cristiana se funda en la fe, que da la certeza de ser hijos del Padre “nuestro” y hermanos de todos aquellos que comulgan en la misma fe. Desde ese hacerse cristianos, se instaura el ethos de la igualdad y la fraternidad.

Primero los necesitados, después todos los demás

Suprimidos los límites de judío-samaritano, superior-inferior, pudiente-pobre, profesor-analfabeto, etc., ser en Cristo mediante la Eucaristía borra las diferencias y nace un hombre nuevo, para quien la caridad se extiende a todos, especialmente a los necesitados. La teología moderna plantea que la actitud de la Iglesia no puede ser de incomunicación con la no iglesia. Se pregunta este cronista: ¿Acaso no hay santos paganos? Para la Iglesia, la elección se vincula con la misión y con la fraternidad universal, pues “no es uno solo el Hijo del Padre sino dos, y junto a un hermano está el otro hermano, cuya misión no es condenar al que duda, al que no cree, ni al hermano que yerra, sino salvarlo” (parábola de los dos hermanos, Mt. 21, 28-32).

Fuente: Infobae

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