Los Minions vuelven a la pantalla grande con su tercera aventura independiente y la séptima entrega del universo que comparten con Gru, mi villano favorito. Lejos de estancarse o repetir fórmulas gastadas, esta cinta creada por Pierre Coffin y Chris Renaud se perfila como la mejor de toda la franquicia.
De hecho, Minions & Monsters representa una feliz reinvención de los cimientos establecidos en esta cosmogonía. El punto de partida es portentoso: rendir tributo a la esencia del cine mudo y al slapstick, ese humor físico que siempre ha estado en el ADN de los Minions.
Un arranque que rinde homenaje a la fantasía
La historia comienza de forma clásica, con las pequeñas criaturas buscando un villano a quien servir. Es un inicio maravilloso que, mediante un encadenado secuencial, introduce al espectador en el imaginario de la ficción. Los ‘amos’ pertenecen al mundo de la fantasía: el gigante Polifemo de La Odisea, un hechicero dueño de un grimorio de magia oscura, piratas y otros personajes del imaginario popular.
La travesía los conduce, a través de una película del Oeste, hasta el Hollywood de los años 20. Allí son descubiertos por un director de cine que reconoce su talento cómico frente a la cámara. No se equivoca: los Minions sirven para todo y son capaces de interpretar cualquier papel. La película misma se encarga de revisitar todos los géneros en un homenaje sincero a la historia del cine, desde el mudo hasta las películas de vaqueros, bélicas y de ciencia ficción.
Es asombroso cómo se integran estas referencias, tanto generales (cada género cinematográfico está representado) como particulares, con alusiones directas a Buster Keaton, Charlie Chaplin y Harold Lloyd, así como a los hermanos Lumière, George Mélies, Orson Welles y las películas noir de Humphrey Bogart.
Esta es la primera película dirigida en solitario por Pierre Coffin, quien ha dado rienda suelta a un imaginario desbordante. El objetivo central es celebrar la manera en que se cuentan las historias.
El sueño de un Minion director de cine
El protagonista, el pequeño Minion James, quiere ser director de cine. De forma rudimentaria, ha creado el storyboard de una película de monstruos para que la protagonicen sus compañeros. Cuando, tras la llegada del cine sonoro, su lenguaje se vuelve indescifrable (otro hallazgo desternillante), la simpática criatura, junto a su inseparable amigo Henry, comienza a materializar sus sueños de forma amateur.

Que prácticamente toda la película esté hablada en lenguaje Minion es una apuesta temeraria que termina resultando brillante por la capacidad de empatía que genera esta jerga inventada, que además se convierte en un elemento cómico por sí mismo.
Libertad, riesgo y nuevos personajes
Lo increíble de Minions & Monsters es que cada gag está al servicio de la historia. Prácticamente todos son brillantes y atrevidos, algo poco habitual en una película supuestamente mainstream de Hollywood. La cinta ofrece una libertad y un riesgo difíciles de definir, un atrevimiento lúcido que hace las risas más sanas y alejadas de lo burdo.
La segunda parte de la película introduce nuevos personajes, como el robot Dort, enamorado de una joven sufragista, y una serie de monstruos invocados por James para su película. Se trata de una especie de serie B con criaturas que amplían el imaginario hacia el fantástico y el cine de destrucción masiva.

Minions & Monsters no tiene ni le falta ni le sobra nada. Es una película autoconsciente pero profundamente libre, fuera de toda norma establecida. Rompe cánones y esquemas para proponer una aventura de cine dentro del cine que funciona de manera prodigiosa para adultos y niños, repleta de set pièces inolvidables. Es una película como los propios Minions: impredecible, traviesa, alocada, chispeante y con una inteligencia emocional inesperada.
Fuente: Infobae