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El ‘cuello tecnológico’ y otros efectos físicos de las pantallas

Una pequeña callosidad en el dedo meñique fue suficiente para generar interrogantes sobre cómo las pantallas impactan físicamente al organismo. Al consultar con especialistas, se identificó un panorama preocupante: los teléfonos, computadoras y relojes inteligentes pueden asociarse con transformaciones en el cuello, la visión, la piel, la fuerza de agarre y la motricidad fina.

La preocupación suele centrarse en los efectos mentales, pero el cuerpo también se ve afectado. El análisis señala que algunas consecuencias no son inmediatas, aunque todavía es posible corregir hábitos.

Si usted está leyendo esto en su celular, es probable que incline la cabeza hacia abajo para ver la pantalla. Esta postura de cabeza adelantada puede ejercer hasta 27 kilogramos de presión sobre el cuello.

La postura de cabeza adelantada incrementa la carga sobre el cuello y favorece molestias con el tiempo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Con el paso del tiempo, eso puede dañar los discos de la columna, desgastar articulaciones y músculos e incluso reducir la capacidad pulmonar. A este patrón se le conoce como “cuello tecnológico”.

El cuerpo también puede modificar su apariencia de forma permanente. Con autorización médica, ciertos ejercicios pueden ayudar, pero hay ajustes más sencillos que pueden aplicarse de inmediato: subir el teléfono hasta la altura de los ojos y colocar la pantalla a una distancia aproximada de un brazo del rostro.

La misma recomendación aplica para los monitores de computadora. Algunos especialistas también sugieren hacer pausas en el uso de pantallas y probar un descanso de 20 minutos cada media hora.

El “cuello tecnológico” resume un patrón corporal repetido frente a teléfonos y monitores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

A este debate se suma otra duda: si el cuello tecnológico provoca arrugas en el cuello. “Tiene sentido, en teoría”, afirmó Justine Hextall, dermatóloga consultora y miembro del Royal College of Physicians del Reino Unido. Hextall explicó que el estrés repetido provoca arrugas, por lo que inclinarse hacia delante y plegar el cuello de forma constante podría influir. Aun así, aclaró que no existen buenos estudios que prueben ese vínculo y desaconsejó comprar productos para la piel promocionados en internet para ese supuesto problema.

Sí mencionó otros riesgos cutáneos, sobre todo para quienes usan relojes inteligentes sin quitárselos nunca. “Un entorno oscuro y húmedo [como la zona bajo el reloj] es ideal para las levaduras, así que puede haber irritación o incluso eccema”, señaló.

Las pausas frecuentes ayudan a interrumpir ciclos de uso continuo y fatiga muscular. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Y añadió que ese daño en la barrera cutánea también podría favorecer sensibilidad a algunos ingredientes presentes en productos tecnológicos, como níquel, caucho, látex y un grupo de compuestos llamados acrilatos. La salida, según Hextall, es más sencilla: quitarse el reloj inteligente con más frecuencia, lavar la piel y usar una crema barrera si se lleva puesto todo el día.

Las tasas de miopía llevan décadas en aumento y la tecnología parece una sospechosa evidente. Pero Donald Mutti, profesor de optometría de la Universidad Estatal de Ohio, explicó que el problema no opera exactamente de la forma que muchos creen.

“Realizamos un estudio longitudinal de más de 20 años sobre el desarrollo ocular de los niños, con atención a factores de riesgo para la aparición y progresión de la miopía”, explicó Mutti. Al estudiar la posible conexión con el trabajo de cerca, como mirar un teléfono a poca distancia de la cara, la respuesta fue “no realmente”.

Ajustar la altura del dispositivo y la distancia de visión reduce la tensión durante la lectura prolongada. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio sí encontró otra pista: pasar tiempo al aire libre parece tener un efecto protector. Según Mutti, la luz intensa del exterior estimula la liberación de dopamina en la retina, y eso podría influir en el modo en que se desarrollan los ojos.

En ese sentido, la tecnología formaría parte de un cambio más amplio hacia una vida bajo techo. La recomendación del especialista es pasar más tiempo afuera, algo que, además de beneficiar la vista, puede ayudar a dormir mejor, con el recordatorio de usar protector solar y anteojos de sol para reducir los efectos dañinos.

La fuerza de agarre gana peso como marcador de salud general. Un estudio citado en el texto indica que predice la muerte prematura mejor que la presión arterial, y esa fuerza disminuye en muchos países, en especial entre los más jóvenes.

La evidencia sobre arrugas cervicales sigue siendo limitada, pese a una explicación teórica plausible. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Un descenso generacional no se refiere solo a manos más débiles, también puede ser una señal temprana sobre la salud futura de las cohortes más jóvenes”, afirmó Johannes Beller, profesor de sociología médica de la Universidad Médica de Lausitz, en Alemania.

Beller sostuvo que existe una base razonable para pensar que el paso hacia trabajos sedentarios y basados en computadoras contribuye al deterioro de la condición física. Y considera plausible que eso también afecte la fuerza de agarre.

La prueba práctica que propone el texto es apretar una pelota de tenis con toda la fuerza posible y sostenerla entre 15 y 30 segundos. Si eso resulta difícil, la recomendación no se limita a la muñeca: apunta a mejorar la condición física general.

La fuerza de agarre se usa como indicador de salud general y muestra descensos en poblaciones jóvenes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La tecnología también parece afectar las habilidades motoras, esas capacidades que conectan mente y cuerpo para ejecutar movimientos precisos. Puede mejorar destrezas como hacer clic o deslizar el dedo, pero el panorama cambia cuando se observa el desarrollo motor en un sentido más amplio.

“Si observamos el desarrollo más amplio de las habilidades motoras, en particular de la motricidad fina, las pruebas convergen en un efecto negativo”, dijo Sebastian Suggate, profesor de psicología del desarrollo y educación de la Universidad de Ratisbona.

Suggate indicó que se sabe mucho más sobre los efectos en niños que en adultos, y que su propia investigación muestra una asociación entre más tiempo de pantalla y peores habilidades motoras. Eso resulta especialmente delicado porque existe una correlación entre las habilidades motoras y el desarrollo cognitivo y académico en la infancia y la adolescencia.

Su consejo no es entrar en pánico ni prohibir las pantallas. La propuesta es introducir de forma deliberada actividades manuales en la vida diaria, como preparar una comida, hacer trabajos manuales, aprender un instrumento o simplemente escribir a mano.

“No es el fin del mundo. Son efectos sutiles”, dijo Suggate. Aun así, advirtió que, si esos efectos se acumulan entre generaciones, el resultado podría reflejarse en una sociedad con más dificultades para pensar en contacto con la realidad, justo porque las manos siguen siendo uno de nuestros puntos centrales de contacto con el mundo.

Fuente: Infobae

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