Organizar la cadena de suministro tecnológico implica coordinar proveedores, supervisar la calidad y gestionar el transporte, una tarea que Diego califica como casi artesanal. “No encuentro una empresa que me dé todo ese servicio de punta a punta a un costo eficiente”, afirma, explicando cómo esa carencia lo obliga a sostener la producción y garantizar que cada producto llegue a su destino final.
El mercado tecnológico y la importación en Argentina
El sector tecnológico se divide en dos grandes bloques. Por un lado, un nicho de compradores de hardware —placas de video, memorias, monitores— que buscan armar sus propios equipos. Por otro, el mercado masivo de notebooks, smart TV, tablets y teléfonos, donde la competencia es feroz y los actores principales llevan años instalados.
La actual apertura de importaciones brinda a las empresas locales la oportunidad de competir frente a esos grandes jugadores. Antes, las restricciones complicaban el acceso: los cupos eran limitados y los certificados para traer ciertos productos resultaban difíciles de obtener, mientras que las corporaciones más grandes sí lograban sortear esos obstáculos.
Hoy la competencia es extrema, pero esa apertura permite a las firmas locales medirse con marcas consolidadas, apoyándose en la experiencia y la eficiencia acumulada en la fabricación, incluso en categorías complejas como los televisores inteligentes.
China como eje del abastecimiento
El cien por ciento de los insumos se importa desde China, aunque ocasionalmente se suma algo de Taiwán o Hong Kong. Para ensamblar en la planta local, Diego necesita coordinar desde allá a una persona que se encarga específicamente de los siete insumos requeridos para armar cada equipo.
Esa persona coordina con los proveedores, con la empresa receptora de la mercadería y con la fábrica contratada para ensamblar un producto que no se consigue en cualquier planta china. Buena parte de lo que se comercializa no se compra ya terminado, sino que se fabrica a pedido, combinando componentes de distintos proveedores.
El proceso involucra a varios proveedores que deben coordinarse, enviar los insumos a un depósito y desde allí a la fábrica que ensambla el producto final. Luego interviene una empresa de control de calidad y el agente de forwarding que organiza la carga en los contenedores. “No es simplemente comprar un producto ya hecho: cada componente se aprovecha al máximo, lo que exige conocer a fondo a cada proveedor”, explica.

Los retos de la logística internacional
Actualmente hay complicaciones puntuales, especialmente con productos de carga peligrosa, como las tablets. No siempre se consigue una salida sencilla por determinados puertos: en un momento fue difícil sacar esa carga por Shenzhen y hubo que resolverlo por Shanghái, con costos prácticamente duplicados debido a los tiempos y al tipo de despacho diferentes.
Las navieras consultadas tampoco ofrecieron precisiones sobre si la restricción responde al conflicto bélico en la región o a una sobrecarga de operaciones en esas rutas, lo que complica aún más la planificación de cada embarque.
El proceso hoy se divide en tres partes: la coordinación en China, el flete internacional y el flete local. Diego insiste:
“No encuentro una empresa que me dé todo ese servicio de punta a punta a un costo eficiente, y esa fragmentación termina encareciendo toda la operación.”
Se necesita una compañía que resuelva la recolección en origen en cualquier localidad de China, el flete internacional hasta el puerto de destino, el despacho aduanero y el traslado final hasta el depósito propio. Hoy cada una de esas etapas requiere coordinar con distintos proveedores, lo que vuelve el proceso mucho más complejo y costoso.
Fuente: Infobae